jueves, 26 de diciembre de 2013

Me sorprende un nuevo y maravilloso misterio. Por San Juan Crisóstomo

¡Me sorprende un nuevo y maravilloso misterio!
Mis oídos resuenan ante el himno de los pastores, que no entonan una melodía suave sino un himno celestial ensordecedor.
¡Los ángeles cantan!
¡Los Arcángeles unen sus voces en armonía!
¡Los Querubines entonan sus alabanzas llenas de gozo!
¡Los Serafines exaltan Su gloria!
Todos se unen para alabar en esta santa festividad, sorprendiéndose ante el mismo Dios aquí... en la tierra y el hombre en el cielo. Aquel que está arriba, por nuestra salvación reposa aquí abajo; y nosotros, que estábamos abajo somos exaltados por la divina misericordia.
Hoy Belén se asemeja a los cielos, escuchando desde las estrellas el canto de las voces angélicas y, en lugar del sol, presencia la aparición del Sol de la Justicia. No pregunten como es esto, porque donde Dios desea, el orden de la naturaleza es cambiado. Porque Él quiso, tuvo el poder para descender. Él salvó. Todo se movió en obediencia a Dios.
Hoy, Aquel que es, nace. Y Aquel que es, se convierte en lo que no era. Porque cuando era Dios, se hizo hombre sin dejar de ser Dios...
Y así los reyes llegaron, viendo al Rey celestial que vino a la tierra, sin traer ángeles, ni arcángeles, ni tronos, ni dominaciones, ni poderes, ni principados, sino iniciando un nuevo y solitario camino desde un seno virginal. Y sin embargo no olvidó a sus ángeles, no los privó de su cuidado, porque por su encarnación no ha dejado de ser Dios.
Y, miren: los reyes han llegado, para servir al Jefe de los ejércitos celestiales; las mujeres vienen a adorarlo, pues ha nacido de una mujer, para que cambie las penas del alumbramiento en gozo; las vírgenes, al hijo de la Virgen...
Los niños vienen a adorarlo pues se hizo niño, porque de la boca de los niños perfeccionará la alabanza; los niños, al niño que levantó mártires por la matanza de Herodes;
Los hombres a Aquel que se hace hombre para curar las miserias de sus siervos.
Los pastores, al Buen Pastor que da la vida por sus ovejas; los sacerdotes, a Aquel que se hace Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
Los siervos, a Aquel que tomó la forma de siervo, para bendecir nuestro servicio con la recompensa de la libertad (Fil 2:7);
Los pescadores, al Pescador de la humanidad;
Los publicanos, a Aquel quien estando entre ellos los nombró evangelistas;
Las mujeres pecadoras a Aquel que entregó sus pies a las lágrimas de la mujer arrepentida, y para que pueda abrazarlos también yo; todos los pecadores han venido, para poder ver al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo.
Por eso todos se regocijan, y yo también deseo regocijarme. Deseo participar de esta danza y de este coro, para celebrar esta fiesta. Pero tomo mi lugar, no tocando el arpa ni llevando una antorcha, sino abrazando la cuna de Cristo.
¡Porque ésta es mi esperanza!
¡Ésta es mi vida!
¡Ésta es mi salvación!
¡Éste es mi canto, mi arpa! Y trayéndola en mis brazos, vengo ante ustedes habiendo recibido el poder y el don de la palabra, y con los ángeles y los pastores canto:
¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!

jueves, 21 de noviembre de 2013

Oración de corazón desasido. Por el MAESTRO ECKHART


Mas, ahora pregunto yo: ¿ cuál es la oración del corazón desasido? Contesto diciendo que la pureza desasida no puede rezar, pues quien reza desea que Dios le conceda algo o solicita que le quite algo. Ahora bien, el corazón desasido no desea nada en absoluto, tampoco tiene nada en absoluto de lo cual quisiera ser librado. Por ello se abstiene de toda oración, y su oración sólo implica ser uniforme con Dios. En esto se basa toda su oración. En este sentido podemos traer a colación lo dicho por San Dionisio con respecto a la palabra de San Pablo donde éste dice: «Son muchos quienes corren detrás de la corona y, sin embargo, uno solo la consigue» (Cfr. 1 Cor. 9, 24) —todas las potencias del alma corren para obtener la corona y, sin embargo, la consigue sólo la esencia—Dionisio dice pues15: La carrera no es otra cosa que el apartamiento de todas las criaturas y el unirse dentro de lo increado. Y el alma, cuando llega a esto, pierde su nombre y
Dios la atrae hacia su interior de modo que se anonada en sí misma, tal como el sol atrae
hacia sí el arrebol matutino de manera que éste se anonada. A tal punto nada lo lleva al
hombre a excepción del puro desasimiento.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Jesús está en el centro de todo...Por Leon Bloy





Jesús está en el centro de todo, él lo asume todo, él soporta todo, él lo sufre todo. Es imposible pegar a alguien sin pegarle a él, humillar a alguien sin humillarlo a él, maldecir o matar a alguien sin maldecirlo o matarlo a él mismo. El más bajo de los criminales tiene que pedir prestado el Rostro de Cristo para recibir una bofetada, de cualquier mano que sea; de otra manera, la bofetada no podría llegar a destino y quedaría en suspenso, en el espacio, por los siglos de los siglos, hasta que encontrase el Rostro que perdona.

sábado, 2 de noviembre de 2013

El Jardín de la Santidad de Dios. Por Fray Marco Foschiatti



Homilía en la Solemnidad de Todos los Santos 2013
  El Jardín de la Santidad de Dios
Celebramos hoy con gran alegría la fiesta de Todos los Santos.  El profeta Ezequiel al contemplar el pequeño río de vida que brotaba del Costado derecho del Santuario nos habla de la salvación y la vivificación que regala este torrente. De cómo a su vera van creciendo árboles frutales que sirven de alimento en cada mes, una fecundidad infinita, e incluso cómo sus  hojas proporcionan curación y remedio. El Apocalipsis retomará esta imagen para hablar de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, y hablará de ella en términos similares. El torrente de la Gracia que brota del Costado abierto, del Corazón herido de Jesucristo en la Cruz, recrea este nuevo Jardín de Dios, los Santos son frutos de ese Torrente de Sangre y Agua que todo lo salva, sanea y vivifica. Un torrente que es –ciertamente- la Gracia del Espíritu Santo, el Amor Divino Creador, regalado por la muerte redentora del Hijo amado.
Visitemos un jardín, un jardín pródigo en especies vegetales y ordenado armoniosamente, casi musicalmente, nos sorprende la variedad de plantas y flores, y resulta natural pensar en la fantasía del Creador, que ha transformado la tierra en un maravilloso jardín. En todo jardín se enlazan la fantasía y la fuerza creadora de Dios Amor y el paciente, fatigoso, esperanzado trabajo humano que sabe sembrar, esperar el fruto, podar tiernamente las ramas, diseñar la belleza de los espacios, las combinaciones de colores, de flores, de hojas, discernir las estaciones para que el jardín verdaderamente sea un trasunto de la Belleza Divina e infunda -como toda Belleza- quietud y esplendor.  
Experimentamos un sentimiento análogo cuando consideramos el esplendor de la santidad: el mundo de los Santos se nos presenta como un "jardín", donde el Espíritu de Dios ha suscitado, con admirable armonía, una multitud de santos y santas, de toda edad y condición social, de toda lengua, pueblo y cultura.  En este Jardín de Dios nos encontramos con las grandes coníferas de hojas perennes…cuyas verdes y perfumadas hojas resisten las nieves y los vientos: nos hablan de la esperanza contra toda esperanza de los Patriarcas, que saludaron y vieron de lejos las Promesas pero se apoyaron en la fe, en la esperanza, en el Salvador prometido. Vieron su día y se alegraron, a pesar de las nevadas y los vientos gélidos de la historia, de las marchas y contramarchas del Pueblo de Dios, las coníferas de los Patriarcas no sucumbieron, siguieron sosteniendo la fe y la fidelidad puesta en la Promesa del Señor…caminando hacia la Ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto es el mismo Dios. Junto a las coníferas nos encontramos con el noble olivo: cuyo fruto nos regala la unción profética y real. Unción del Olivo, Gloria del Olivo que empapa el alma del Profeta en su claridad, la claridad de Dios, haciéndolo portavoz de su Promesa, de su Palabra, de su Plan redentor. Aceite del olivo que consagra o sea que realiza lo propio de la Santidad que es pertenecer totalmente, sin reservas, al Santo.
Los Cedros, maderas perennes que sostienen, columnas fuertes, robustas de la Casa de Dios “Apóstoles y profetas”.Acacias: la madera con la que se construyó el tabernáculo de Dios: santos “teóforos”, portadores de Dios, de su santificación, de su unción: santidad sacerdotal, sirven en el Santuario; son mediadores: llevan la Palabra de la Ley de Vida, la rama de su fidelidad sacerdotal florecida, están en íntimo contacto con el Maná bajado del Cielo: Ignacio de Antioquía, Ireneo, Carlos Borromeo, Juan de Ávila, el Cura de Ars, San Juan Bosco, San José Cafasso, nuestro Cura Brochero. Acacia: madera sacerdotal.
 El Jardín de Dios posee también Árboles frutales de los Doctores y místicos cuyas vidas y escritos nos permiten gustar la Dulzura del Amor Divino, gustar y ver lo bueno que es el Señor, de exquisito sabor, sapida scientia que perfecciona la Caridad, que es Palabra desde la Caridad de Dios: Basilio, Ambrosio, Agustín, León, Gregorio, Bernardo, Ricardo de San Víctor,  Alberto Magno, Tomás, Juan de la Cruz, Hildegarda de Bingen, Teresa de Ávila, Francisco de Sales, John Henry Newman.
Cuánto necesitamos de árboles de sombra fresca y protectora: santos predicadores que nos ofrecen -en el cansancio de la vida- el reposo en la Palabra de Dios, el alimentarnos de ella para recobrar las fuerzas para el camino: Domingo, Vicente, Jacinto; cipreses que nos señalan el alto cielo, que unen cielo y tierra: santidad de la Vida monástica. Benito, Odilón, Guillermo de Saint Thierry, Bruno, Sergio Radonezh, Serafín de Sarov. Pero en el jardín hay también flores: las rosas –el amor que no tiene un para qué- Florece porque florece. Rosas de los mártires: signo del Amor extremo, entrega de la Vida, perfume de Jesucristo que florece en medio de las espinas de la gran tribulación: Esteban, Policarpo, Lorenzo, Sebastián…mártires de Cristo Rey.
 Rosas de la santidad del amor familiar: coronado de las espinas de la cruz: Priscila y Áquila, Cecilia y Valeriano, Perpetua, Felicidad,  Luis, Isabel, Margarita…Juana de Aza; liriosperfumados y blancos junto al manantial: las cándidas Vírgenes que siguen al Cordero dondequiera que vaya: Inés, Cecilia, Catalina, Rosa de Lima, Teresita de Lisieux… Palmeras dentro del Santuario: esbelta, bella, con alimentos para el peregrino por el desierto –santos eremitas- Antonio, Doroteo, Efrén, Juan Clímaco.
Pero en el Jardín también nos encontramos con Hierbas curativas y medicinales: Santos de la Misericordia, de la curación, amigos del afligido pueblo de Dios: Cosme y Damián, Pantaleón, Roque, Martín de Porres, Juan Macías, Camilo, Juan de Dios.  Pero en el Jardín también nos encontramos Santos no funcionales…plantas y flores “gratuitas” sólo para Dios…sólo para su Mirada: pensemos en la violeta de los Alpes, en el Edelwais…Sólo florecen para alegrar la mirada del Creador.
 No podíamos olvidar las violetas: la santidad humilde las viudas, diría Agustín, teñidas del morado de la penitencia y el púrpura precioso de la misericordia: Mónica, Rita, Isabel de Turingia, Ángela de Foligno. El Jardín de Dios!!!
 Ni tampoco olvidar el derroche del perfume de Nardo a los pies de Jesús: de los contemplativos en el mundo y en el desierto convertido en vergel: María de Magdala, Marta y María de Betania, María de Egipto, Álvaro de Córdoba, Luis de Granada. Y algo del derroche del perfume del nardo tienen los santos artistas: músicos como Rábano Mauro, Pablo diácono, nuevamente Hildegarda, Mectildis, Juan Sebastian Bach…Y la poesía: desde Aurelio Prudencio, pasando por el Papa Dámaso, hasta Ambrosio y Gregorio con el Antifonale… Romano el Cantor, Jacopone da Todi y sus secuencias y la poesía eucarística de Tomás…Perfume de nardo: derroche a los pies de Jesús. Fra Angélico y su pintura, Santiago de Ulm con sus vidrieras…Andrés Rubleiv y sus iconos.
Cada uno es diferente del otro, con la singularidad de la propia personalidad humana y del propio carisma espiritual. Pero todos llevan grabado el "sello" de Jesús (cf. Ap 7, 3), es decir, la huella de su amor, testimoniado a través de la cruz. Todos viven felices, en una fiesta sin fin, pero, como Jesús, conquistaron esta meta pasando por fatigas y pruebas (cf. Ap 7, 14), afrontando cada uno su parte de sacrificio para participar en la gloria de la resurrección. Se dejaron injertar en la Muerte de Jesús, se convirtieron en Ramas del Árbol de la Cruz y, ahora, viven irrigados del Torrente de la Vida Resucitada de Jesús: que brota del Trono, del Padre y del Cordero victorioso y degollado.
En este día sentimos que se reaviva en nosotros la atracción hacia el cielo, que nos impulsa a apresurar el paso de nuestra peregrinación terrena. Sentimos que se enciende en nuestro corazón el deseo de unirnos para siempre a la familia de los santos, de la que ya ahora tenemos la gracia de formar parte. Como dice el canto de entrada de hoy: "Ya coronados con amor fraterno hoy nos invitan". Los Santos nos desean…desean nuestra compañía, nuestra amistad, nuestra sociedad con ellos.

¡Qué hermosa y consoladora es la comunión de los santos! Es una realidad que infunde una dimensión distinta a toda nuestra vida. ¡Nunca estamos solos! Formamos parte de una "compañía" espiritual en la que reina una profunda solidaridad: el bien de cada uno redunda en beneficio de todos y, viceversa, la felicidad común se irradia sobre cada persona. Es un misterio que, en cierta medida, ya podemos experimentar en este mundo, en la familia, en la amistad, especialmente en la comunidad espiritual de la Iglesia.

Hoy damos gracias a la Trinidad Bienaventurada especialmente por nuestros Santos, aquellas personas que compartieron algo del caminar de nuestra vida hacia Jesús, a aquellos que nos enseñaron con su testimonio el Camino de la Vida, a aquellos que nos mostraron a Jesús. Ellos están junto a nosotros, ellos nos ven en Dios. Si han sido tan solícitos con nosotros en este caminar, en este valle de sonrisas y de lágrimas, cuánto más solícitos serán para nosotros ahora que ya han cesado las luchas, las penas, los cansancios…el llanto. Su corazón pequeño y frágil ahora late con el mismo Amor de Dios, si tanto nos amaron en vida cuánto más y más nos aman ahora que viven en el Amor del Corazón de Dios, donde ya no hay límites, ni imperfecciones, ni tardanzas, ni mezquindades…Nos aman con el Corazón de Dios.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Soy pecador...Por San Cayetano

Soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.
Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.
(Carta a Elisabet Porto en: Oficio de lectura 7 de agosto)

sábado, 13 de julio de 2013

13 de julio Santa Teresa de Los Andes

 
Jesús dijo que nadie amaba tanto a su amigo como aquel que da su vida por él. Démosle nuestra vida, haciendo morir al hombre viejo, renunciando a buscarnos a nosotros mismos, obrando no por lo que nos gusta, sino por aquello que es la voluntad de Dios. (c 114)

sábado, 29 de junio de 2013

La oración contemplativa...Por Thomás Merton

 
 
La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama. Acepta el amor de Dios en fe, en desafío a toda evidencia aparente. Ésta es una condición necesaria, y muy paradójica, para la experiencia mística de la realidad de la presencia de Dios y de su amor para con nosotros. Sólo cuando somos capaces de «dejar que salgan» todas las cosas de nuestro interior, todos los deseos de ver, saber, gustar y experimentar la presencia de Dios, entonces es cuando realmente nos hacemos capaces de experimentar la presencia con una convicción y una realidad abrumadoras, que revolucionan toda nuestra vida interior.
 
Fuente, Thomas Merton, La oración contemplativa

miércoles, 26 de junio de 2013

Somos hijos de la luz...Por Dom Vital Lehodey

 
 
Somos «hijos de la luz», y debemos amar la luz. Nunca poseeremos con sobrada abundancia la ciencia de los santos, nunca nuestra fe será suficientemente clara, sino que, por el contrario, quedará siempre oscura aquí abajo, sin llegar a ser clara visión. Sin embargo, la sombra disminuye, la luz aumenta con el estudio y la meditación, y mejor aún, a medida que el alma se hace más pura y se une más a Dios. Asimismo en nuestra conducta preferimos con razón el camino de la luz, por cuyo medio se ve con claridad el deber. ¡Es tan dulce y tan animosa la seguridad de que se hace la voluntad de Dios!
Mas el Señor no quiere que siempre tengamos esta consolación. «Hoy -dice el venerable Luis de Blosio- el Sol de justicia extiende sus rayos sobre nuestra alma, disipa sus tinieblas, calma sus tempestades, os comunica una dichosa tranquilidad; pero si este astro brillante quiere ocultar su luz, ¿quién le forzará a esparcirla? Pues no dudéis que se oculta algunas veces, y preparaos para estos momentos de oscuridad en que, desapareciendo estas divinas claridades, quedaréis sumergidos en las tinieblas, en la turbación y en la agitación.»
La sequedad obstinada llega a ser una verdadera noche, a medida que los pensamientos vienen a ser más claros y los afectos más áridos. Dios cuenta con otros muchos medios para producir las tinieblas y hacerlas tan densas como le agrade, sea que se trate de nuestra vida interior o de la conducta del prójimo. Aterrada, desconcertada, el alma se preguntará si quizá Dios se habrá retirado descontento. Le parecerá que son inútiles sus trabajos, y que no adelanta ni en la virtud ni en la oración, y hasta es posible que el tentador abuse de esta dolorosa prueba para dar sus más terribles asaltos. Y «como por una parte -dice San Alfonso- las sugestiones del demonio son violentas, y la concupiscencia está excitada, y por otra, el alma en medio de esta oscuridad, sea cualquiera la resistencia de la voluntad, no sabe con todo discernir suficientemente si resiste como debe, o si consiente en las tentaciones, teme más y más haber perdido a Dios y hallarse por justo castigo de sus infidelidades en estos combates, abandonada por completo de El». Si pruebas de este género se repiten y se prolongan, pueden llegar a concebir crueles inquietudes aun respecto a su eterna salvación.
 
Fuente: El santo abandono.

lunes, 24 de junio de 2013

Si toda tu vida y todo tu saber...Por San Bernardo.


Si toda tu vida y todo tu saber lo dedicas a las actividades y no reservas nada para la meditación ¿podría felicitarte? Creo que no podrá hacerlo nadie que haya escuchado lo que dice Salomón: “el que modera su actividad se hará sabio”. Porque incluso las mismas ocupaciones saldrán ganando si van acompañadas de un tiempo dedicado a la meditación. Si tienes ilusión de ser todo para todos, imitando al que se hizo Todo para todos, alabo tu bondad, a condición de que sea plena. Pero ¿cómo puede ser plena esa bondad si te excluyes a ti mismo de ella? Tú también eres un ser humano. Luego para que sea total y plena tu bondad, su seno, que abarca a todos los hombres, debe acogerte también a ti. Ya que todos te poseen, sé tú mismo uno de los que disponen de ti.

Fuente: San Bernardo, Carta a Eugenio III.
 
 

sábado, 22 de junio de 2013

El rezo del Santo Rosario, herencia del Padre Pio

 
Un día le pidieron sus hijos espirituales les dejara su herencia espiritual. Padre Pío respondió inmediatamente sin pensar siquiera: “El Rosario”. Y poco antes de la muerte a su amigo y hermano Fray Modestino le dijo: “¡Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el Rosario!”.  El Padre Pío vivió su vida del altar al confesionario. Siempre con el rosario en la mano, unido al Corazón Inmaculado de María, quien lo formó imagen encarnada de la misericordia del Corazón Eucarístico de Jesús para con el siglo XX. Este siglo de tantos pecados y desafíos a los derechos de Dios como nuestro creador y de ataques horrendos a la dignidad del Hombre.

lunes, 3 de junio de 2013

Máximas de Santa Margarita

"Dios es mi todo, y todo, fuera de El, es nada para mí".

"El Corazón de Jesús tanto cuidado tendrá de vosotros cuanto os confiéis y abandonéis a El".

"Cuando no miramos más que a Dios, ni buscamos otra cosa que su divina gloria, no hay nada que temer".

"En la voluntad de Dios encuentra su paz nuestro corazón y el alma su alegría y su descanso".

"Todas las más amargas amarguras no son más que dulzura en este adorable Corazón, donde todo se trueca en amor".

"Es preciso darlo todo para tenerlo todo; el amor divino no sufre mezcla de cosa alguna".

"Es bueno caminar por la fuerza de su Amor en sentido contrario a nuestras inclinaciones, sin Otro placer ni contento sino el de no tener ninguno".

"Las cruces, desprecios, dolores y aflicciones son los verdaderos tesoros de los amantes de Jesucristo crucificado".

"El mayor bien que podemos tener en esta vida es la conformidad con Jesucristo en sus padecimientos".

"El Corazón de Jesús es un tesoro oculto e infinito que no desea más que manifestarse a nosotros".

jueves, 30 de mayo de 2013

No puedes, sin alegrarte.. Por Dom Esteben Chevevière


No puedes, sin alegrarte, pensar en lo que pasa en el fondo de ti mismo... En el instante en que tomas alimento, recreo o sueño, el Padre, en tu alma, engendra a su divino Hijo. Su Palabra es de una actualidad incesante: "Yo, hoy, te he engendrado" (Sal 2,7).
Trata de percibir con la fe algo de esos intercambios de amor y alabanza entre las divinas Personas, que son la vida de la Trinidad, su gloria que irradia en tu alma. El "Gloria Patri..." que jalona tu salmodia es sólo un eco, si bien el más fiel, de la alabanza que se tributan mutuamente "los TRES".

La gloria del Padre es su Hijo que refleja a la perfección todos sus atributos. Es su Palabra interior su canto. Le ensalza como la fuente de todos los bienes divinos, el "Principio".

La gloria del Hijo es el Padre que testifica, al engendrarlo perfecto como El, su trascendente hermosura.

La gloria del Espíritu Santo es el gozo mutuo del Padre y del Hijo, su beso sustancial.


. En Espiritualidad del desierto.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Por el Espíritu Santo. Por San Basilio el Grande.

Por el Espíritu Santo se nos da la recuperación del paraíso, el ascenso al Reino de los Cielos, la vuelta a la adopción de hijos, la confianza de llamar Padre al mismo Dios, el hacernos consortes de la gracia de Cristo, el ser llamado hijo de la luz, el participar de la gloria del Cielo; en un palabra, el encontrarnos en la total plenitud de bendición tanto en este mundo como en el venidero, pues al contemplar como en un espejo la gracia de las cosas buenas que se nos han asegurado en las promesas, las disfrutamos por la fe como si ya estuvieran presentes. Si la prenda es así, ¿de qué modo será el estado final? Y si tan grande es el inicio, ¿cómo será la consumación de todo?

jueves, 2 de mayo de 2013

Oh buen Dios! Por el Santo Cura de Ars..


 
¡Oh, buen Dios! ¡Qué triste vida lleva el que quiere agradar al mundo y a Dios! No amigo, te engañas. Fuera de que vivirás siempre infeliz, no has de conseguir nunca complacer a Dios v al mundo; es cosa tan imposible como poner fin a la eternidad. Oye un consejo que voy a darte, y serás menos desgraciado: entrégate enteramente o a Dios o al mundo; no busques ni sigas más que a un amo; pero una vez escogido, no le dejes ya. ¿Acaso no recuerdas lo que te dice Jesucristo en el Evangelio: No puedes servir a Dios v al mundo, es decir, no puedes seguir al mundo con sus placeres y a Jesucristo con su cruz? No es que te falten trazas para ser, ora de Dios, ora del mundo. Digámoslo con más claridad: es lástima que tu conciencia, qué tu corazón no te consientan frecuentar por la mañana la sagrada misa y el baile por la tarde; pasar una parte del día en la iglesia y otra parte en la taberna o en el, juego; hablar un rato del buen Dios v otro rato de obscenidades o de calumnias contra tu prójimo; hacer hoy un favor a tu vecino y mañana un agravio; en una palabra; ser bueno y portarte bien y hablar de Dios en compañía de los buenos, y obrar el mal en compañía de los malvados.

viernes, 26 de abril de 2013

Hay caminos que pueden abrir el corazón..Por Benedicto XVI





Hay caminos que pueden abrir el corazón del hombre al conocimiento de Dios, hay signos que conducen hacia Dios. Ciertamente, a menudo corremos el riesgo de ser deslumbrados por los resplandores de la mundanidad, que nos hacen menos capaces de recorrer tales caminos o de leer tales signos. Dios, sin embargo, no se cansa de buscarnos, es fiel al hombre que ha creado y redimido, permanece cercano a nuestra vida, porque nos ama. Esta es una certeza que nos debe acompañar cada día, incluso si ciertas mentalidades difundidas hacen más difícil a la Iglesia y al cristiano comunicar la alegría del Evangelio a toda criatura y conducir a todos al encuentro con Jesús, único Salvador del mundo. Esta, sin embargo, es nuestra misión, es la misión de la Iglesia y todo creyente debe vivirla con gozo, sintiéndola como propia, a través de una existencia verdaderamente animada por la fe, marcada por la caridad, por el servicio a Dios y a los demás, y capaz de irradiar esperanza. Esta misión resplandece sobre todo en la santidad a la cual todos estamos llamados.

Fuente: Catequesis sobre el credo

miércoles, 24 de abril de 2013

La corona de la victoria no se promete sino a los que luchan. Por San Agustín




1. La corona de la victoria no se promete sino a los que luchan. En la divinas Escrituras vemos que, con frecuencia, se nos promete la corona si vencemos. Pero para no ampliar demasiado las citas, bastará recordar lo que claramente se lee en el apóstol San Pablo: terminé la obra, consumé la carrera, conservé la fe, ya me pertenece la corona de justicia 1. Debemos, pues, conocer quién es el enemigo, al que si vencemos seremos coronados. Ciertamente es aquel a quien Cristo venció primero, para que también nosotros, permaneciendo en Él, le venzamos. Cristo es realmente la Virtud y la Sabiduría de Dios, el Verbo por quien fueron creadas todas las cosas, el Hijo Unigénito de Dios, que permanece inmutable siempre sobre toda criatura. Y si bajo Él está la criatura, incluso la que no pecó 2, ¿cuánto más lo estará toda criatura pecadora? Si bajo Él están los santos ángeles, mucho más los estarán los ángeles prevaricadores cuyo príncipe es el diablo. Pero como el diablo defraudó nuestra naturaleza, el Hijo único de Dios se dignó tomar esa misma naturaleza, para que, por ella misma, el diablo fuera vencido. Así, Él, que tuvo siempre sometido al diablo, le sometió también a nosotros. A él se refiere cuando dice: el príncipe de este mundo ha
sido arrojado fuera 3. No porque fuera expulsado del mundo, como dicen algunos herejes, sino que fue arrojado del alma de los que viven unidos al Verbo de Dios y no aman al mundo del que él es el príncipe porque domina a los que aman los bienes temporales que se poseen en este mundo visible. No quiero decir que él sea el dueño de este mundo, sino que es el príncipe de las concupiscencias con las que se codicia
todo lo pasajero. Así, somete a los que aman los bienes caducos y mudables y se olvidan del Dios eterno. Pues: raíz de todos los males es la codicia, a la que algunos amaron y se desviaron de la fe, y, así, se acarrearon muchos sufrimientos 4. Por esta concupiscencia reina el diablo en el hombre y posee su corazón. Esos son los que aman este mundo. Pero se renuncia al diablo, que es el príncipe de este mundo, cuando se
renuncia a las corruptelas, a las pompas y a los ángeles malos. Por eso, el Señor, al llevar en triunfo la naturaleza humana, dice: Sabed que yo he vencido al mundo.

Fuente: El combate cristiano, San Agustín.

sábado, 20 de abril de 2013

Porque tú, Señor, nos amasté... Por San Juan Damasceno

 
Porque tú, Señor, nos amaste y pusiste en sustitución nuestra a tu único Hijo amado, para nuestra redención, cosa que él aceptó voluntaria y libremente, más aún, como cordero inocente destinado al sacrificio, ya que para esto se entregó a sí mismo; pues, siendo Dios, se hizo hombre, y con su voluntad humana se sometió, haciéndose obediente a ti, Dios, Padre suyo, hasta la muerte y una muerte de cruz.
A tal extremo, oh Cristo, mi Dios, te humillaste, para cargarme a mi, oveja descarriada, sobre tus hombros y apacentarme en verdes praderas y nutrirme con las aguas de la sana doctrina por medio de tus pastores, los cuales, apacentados por ti, apacientan a su vez a tu eximia y elegida grey.

viernes, 19 de abril de 2013

Así el Espíritu Santo está presente. Por San Basilio.

 
Así el Espíritu Santo está presente en cada hombre capaz de recibirlo, como si sólo él existiera y, no obstante, distribuye a todos gracia abundante y completa; todo disfrutan de él en la medida en que lo requiere la naturaleza de la criatura, pero no en la proporción con que él podría darse.

Por él los corazones se elevan a lo alto, por su mano son conducidos los débiles, por él los que caminan tras la virtud, llegan a la perfección. Es él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y al comunicarse a ellos los vuelve espirituales.

Como los cuerpos limpios y transparentes se vuelven brillantes cuando reciben un rayo de sol y despiden de ellos mismos como una nueva luz, del mismo modo las almas portadoras del Espíritu Santo se vuelven plenamente espirituales y transmiten la gracia a los demás.

De esta comunión con el Espíritu procede la presciencia de lo futuro, la penetración de los misterios, la comprensión de lo oculto, la distribución de los dones, la vida sobrenatural, el consorcio con los ángeles; de aquí proviene aquel gozo que nunca terminará, de aquí la permanencia en la vida divina, de aquí el ser semejantes a Dios, de aquí, finalmente lo más sublime que se puede desear: que el hombre llegue a ser como Dios.

miércoles, 17 de abril de 2013

Para mostraros el poder de la oración. Por el Santo Cura de Ars

Para mostraros el poder de la oración y las gracias que del cielo nos alcanza, os diré que por la oración es como los justos han tenido la dicha de perseverar. La oración es para nuestra alma lo que la lluvia para el cielo. Abonad un campo cuanto os plazca; si falta la lluvia, de nada os servirá cuanto hayáis hecho. Así también, practicad cuantas obras os parezcan bien; si no ois debidamente y con frecuencia, nunca alcanzareis vuestra salvación; pues la oración abre los ojos del alma, hácele sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad. El cristiano confía solamente en Dios; nada espera de mismo. Sí, por la oración es como perseveraron los justos.Era la oración lo que inflamaba sus corazones con el pensamiento de la presencia de Dios, con el deseo de agradarle y de no servir más que a Él. Mirad a Magdalena; ¿en qué se ocupa después de su conversión? ¿No es por ventura en la oración? Mirad a San Pedro; mirad aún a San Luis, rey de Francia, quien, en sus viajes, en vez de pasar la noche durmiendo en su lecho, pasábala en una iglesia orando y pidiendo a Dios el don precioso de perseverar en su gracia. Mas, sin ir tan lejos, ¿no observamos nosotros mismos cómo, a medida que descuidamos la oración, vamos perdiendo el gusto por las cosas el cielo? No pensamos más que en la tierra: pero, si reanudamos nuestra oración, sentimos renacer también en nosotros el pensamiento y el deseo de las cosas del cielo. Cuando tenemos la dicha de estar en gracia de Dios, o bien recurriremos a la oración, o podemos tener la certeza de no perseverar largo tiempo en el camino del cielo.
 
Fuente: Sermón sobre la oración, Santo Cura de Ars.

martes, 16 de abril de 2013

Mediante la Encarnación. Por Edith Stein.




Mediante la Encarnación Dios hombre se abrió una vía de comunicación con cada alma y en cierto modo vuelve a encarnarse y hacerse hombre cada vez que un alma se le entrega tan sin reservas que pueda ser elevada hasta el matrimonio místico. Cierto que se da una diferencia esencial, porque en Cristo Jesús ambas naturalezas se unen en una persona. Mientras que en el matrimonio místico entran en contacto y se unen dos personas, manteniendo su dualidad. Pero también mediante la mutua entrega surge una unión que se parece y acerca a la hipostática.
 
Fuente: La ciencia de la cruz, Edith Stein.

lunes, 15 de abril de 2013

Yo me dedicaba sobre todo a amar a Dios. Por Teresa de Lisieux



Yo me dedicaba sobre todo a amar a Dios. Y amándolo, comprendí que mi amor no podía expresarse tan sólo en palabras, porque: «No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de Dios». Y esta voluntad, Jesús la dio a conocer muchas veces, debería decir que casi en cada página de su Evangelio. Pero en la última cena, cuando sabía que el corazón de sus discípulos ardía con un amor más vivo hacia él, que acababa de entregarse a ellos en el inefable misterio de la Eucaristía, aquel dulce Salvador quiso darles un mandamientos nuevo. Y les dijo, con inefable ternura: os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, que os améis unos a otros igual que yo os he amado. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros.

 ¿Y cómo amó Jesús a sus discípulos, y por qué los amó? No, no eran sus cualidades naturales las que podían atraerle. Entre ellos y él la distancia era infinita. El era la Ciencia, la Sabiduría eterna; ellos eran unos
pobres pescadores, ignorantes y llenos de pensamientos terrenos. Sin embargo, Jesús los llama sus amigos, sus hermanos. Quiere verles reinar con él en el reino de su Padre, y, para abrirles las puertas de ese reino,
quiere morir en una cruz, pues dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Fuente: Manúscritos Autobiográficos: Historia de un alma.

domingo, 14 de abril de 2013

Dios tiende con su Hijo un puente, que une entre sí tierra y cielo. Por Santa Catalina de Siena.

Mas, queriendo yo remediar tantos males vuestros, os he dado el puente de mi Hijo, para que no os ahoguéis al pasar el río, que es el mar tempestuoso de esta vida tenebrosa.
Considera cuánto me debe la criatura y cuán ignorante es cuando, a pesar de todo, quiere ahogarse y no aprovechar el remedio que le he dado.
Mira la grandeza de este puente, mi unigénito Hijo, que llega delcielo a la tierra. Mediante Él se ha rehecho el camino interrumpido, a fin de que lleguéis a la vida y atraveséis la amargura del mundo. Partiendo de la tierra solamente, no se podía hacer este puente con la dimensión suficiente para pasar el río y daros la vida eterna. Porque la naturaleza del hombre no es suficiente para satisfacer la culpa y quitar el pecado de Adán. Convenía, pues, unirla con la excelsitud de mi naturaleza, Eterna Divinidad, para que pudiese satisfacer por todo el género humano, y así la naturaleza humana sufriese la pena, y la naturaleza divina, unida con la humana, aceptase el sacrificio de mi Hijo, ofrecido a mí por vosotros, para quitaros la muerte y daros la vida. De esta suerte, la Alteza se humilló hasta la tierra de vuestra humanidad, y, unida la una a la otra, se hizo el puente y se recompuso el camino.

Fuente: El Diálogo, Santa Catalina de Siena