lunes, 24 de agosto de 2015

Nosotros andamos con el que sabe...


Nosotros andamos con el que sabe. Somos sus discípulos. Él es el Maestro. Con lo sabido nuestro Maestro y Señor realiza su obra. Nos llama y nos da camino. Nos modela. Nos comunica su Espíritu. Nos habla vivificándonos. Busca hacer vergeles de nuestros desiertos. Ama la Vida. Es la Vida misma dándose. Nos destina conociéndonos. Y sabiendo todo de nosotros nos ama y espera. Anda con nosotros, los pecadores, queriéndonos levantar a mejor vida. Que crezca el bien en nosotros es su voluntad en acción. Nuestra felicidad es la unión con él. El sabe que para él todo es posible. Nosotros debemos creerlo más y más.

Como Pedro reconocemos en Jesús al Santo de Dios. Al que tiene y comunica palabras de Vida eterna. Palabras con espíritu. Con soplo vital. Con aliento sobrenatural. Con un insuflar divino que rebosa luz en el entendimiento. Que provoca lo firme. Que afirma en la Verdad. Que mueve a amar la Verdad.
Sin embargo, nos desalineamos de Cristo. Solemos perdernos de su belleza. Nos salimos de su Camino. Nos desolamos.
¿Porqué los pozos de la amargura si está el Pan dulce de Dios para consolarnos? ¿Porque una vida triste si Cristo vive? ¿Porqué ese agujero en el pecho si se nos ofrece la inmensa infinitud de la vida en Dios?
Pueden sucederse preguntas, pero que no cesen ni la fe ni la búsqueda espiritual.
Jesucristo es digno de fe y amor. Y él, el autorizado por la fe, nos dice que todo aquel que busca encuentra, y que al que llama se le abre.
Músicas preciosas, formas de conmovedora belleza, leyes, colores y movimientos, seres pequeñísimos y distancias asombrosas, texturas,  profundidades, emociones, glorias del conocimiento, santos, ríos de actos simples y heroicos. Es la vida. El don maravilloso de ser. De proceder de Dios. De poder amarlo. De dejarnos tocar por su Cristo.
Y es el Señor de todos los mundos, de todo lo visible e invisible, el que quiere no solo impregnar de su gracia toda nuestra vida, sino de convertirla, hacerla santa, elevarla, divinizarla, darle participación en su eterna felicidad.
Ahí, viene el pan bajado del Cielo. La Presencia amorosa del Señor. El que ha querido quedarse con nosotros, no para que arrastremos el vivir, sino para dejarselo a él glorificarlo.

La oración es una conservadora de la gracia recibida, una cuidadora de las semillas de Dios, una vigía para alejar peligros. Es el amor mismo, como vía, canal, curso con Dios, los hombres, y lo creado.
La oración sostenida. El aprendizaje contínuo. La devoción cultivada.
Eso necesitamos. Oremos y gustaremos lo que este Pan trae y es. Oremos en el silencio, y con cantos, con los salmos, con las oraciones de la tradición, con otros, solos, junto a imágenes, encendiendo cirios, llevando flores, visitando santuarios, quedándonos junto al Sagrario, de rodillas, o de pie. Pero hagamos de la semana una cinta de oraciones. Que la vida cotidiana no quede afectada por los solos asuntos del mundo, que estos reciban su limitado lugar, que no sequen el alma, y que el alma se abra a Dios, y que aumente el hambre del Pan eucarístico.
Y el domingo sea Resurrección... Renovado encuentro con el Señor Resucitado.

“Sólo tú tienes palabras de Vida eterna”, le dijo Pedro a Jesucristo.
Lo que Jesucristo procura es darse. Su darse es nuestra eucaristía. La eucaristía es la entrada, la comunión con el que vence lo que se opone a la Vida, al amor, al camino bienaventurado, a los bienes que no acaban.

Puede el Señor lo que nadie puede.


                                            Padre Gustavo Seivane

jueves, 26 de febrero de 2015

Es nuestra obligación.....Por Hadewijch de Amberes


Es nuestra obligación practicar las virtudes, no para encontrar la consideración ni la felicidad, ni la riqueza, ni el rango, ni gozo alguno en el cielo o en la tierra, sino para mostrar respeto a la sublimidad que es Dios, que con este fin ha creado nuestra naturaleza, que la ha hecho para su gloria y alabanza y para nuestra felicidad en la gloria eterna.

Así es el camino del Hijo de Dios, que nos dio y mostró como ejemplo cuando él mismo vivió como hombre, pues durante toda su existencia terrena, desde el comienzo al fin, cumplió y realizó la voluntad del Padre en todas las cosas y a cada instante, con todo su ser, con todos los servicios que pudo realizar, con palabras y con obras, en la alegría y en la tristeza, en esplendor y en la humillación, con los milagros, en la desagracia de los hombres, el dolor, los trabajos, en la angustia y en la inquietud y en la amarga muerte.

  • Fuente: Hadewijch de Amberes, Carta IV.

lunes, 9 de febrero de 2015

Necesito un océano... Por San Pablo de la Cruz


¡Necesito un océano; quiero sumergirme en un océano de fuego y de amor; quiero convertirme en cenizas de amor; quiero poder cantar en la hoguera del Amor Increado, precipitarme en la magnificencia de sus llamas, perderme en su silencio, abismarme en el Todo Divino!

sábado, 7 de febrero de 2015

Qué bueno es el Señor...Por San Rafael Arnaiz

¡Qué bueno es el Señor, qué sencillos sus caminos! Parece que está esperando que tengamos cualquier dificultad para alargarnos una mano y tendernos su ayuda. Te aseguro que es muy dulce abandonarse en manos de tan buen Padre.
Ama mucho a la Virgen, y esto te ayudará para amar a Dios. ¡Qué suave y dulce es consagrarse a María! A mí no me negó nada desde el primer día de vida religiosa.

lunes, 2 de febrero de 2015

El demonio no es un mito...Por Dom Esteben Chevevière


El demonio no es un mito, y si bien es excesivo verle en todas las tentaciones, la tradición monástica concuerda en atribuirle especial encarnizamiento contra los anacoretas. El desierto, por lo que dice el Evangelio (Mateo 12,43) era tenido por el lugar propio de su guarida, y el monje en aventurada ofensiva se proponía desalojarlo. San Mateo establece explícitamente una conexión entre el retiro de Jesús en el desierto y la tentación: “Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto ‘para’ ser tentado por el diablo” (4, 1).

sábado, 31 de enero de 2015

Si bien pasar por una prueba....Padre Pio


Si bien pasar por una prueba es muy duro, te vuelvo a repetir que no debes tener miedo, porque Jesús está contigo, aun cuando ves que estás como al borde de un precipicio. Evidentemente, debes levantar tu voz al cielo, aun cuando te invade un sentimiento de desolación. Grita en voz alta con Job, ese hombre tan paciente que cuando el Señor lo puso en la misma situación en la que te encuentras, le dijo gritando: "Aunque tú me mataras, Señor, seguiría esperando en tí" (Job 13,15)

Carta a Raffaelina Cerase del 28 de febrero de 1915.

lunes, 26 de enero de 2015

Ese andar en Jesucristo...Por Isabel de la Trinidad


Ese andar en Jesucristo me parece a mí que es salirse de sí mismo, perderse de vista, dejarse totalmente a sí propio, para adentrase más hondamente en Él a cada instante que pasa.Tan hondamente que, arraigado en Él, ante todo acontecimiento, en presencia de cualquier cosa pueda lanzar este reto valiente: "¿Quién podrá arrebatarme al amor de Cristo? (Rom. 8,35)
Cuando el alma se ha establecido de una forma tan inconmovible en Jesucristo y ha logrado echar raíces tan hondas en Él, la savia divina la invade avasalladora, destruyendo todo lo que su vida tiene de imperfecto, superficial y humano, Entonces se realiza lo que dice el Apóstol: Nuestra mortalidad será absorbida por la vida (2 Cor. 5,4)

  • Fuente: Últimos ejercicios espirituales, 2, 33

sábado, 17 de enero de 2015

No nos cansemos...Por San Antonio Abad


Así, hijitos, no nos cansemos ni pensemos que estamos afanándonos mucho tiempo o que estamos haciendo algo grande. Pues los sufrimientos de la vida presente no pueden compararse con la gloria separada que nos ser revelada (Rm 8,18). No miremos hacia a través, hacia el mundo, que hemos renunciado a grandes cosas. Pues incluso todo el mundo, y no creamos que es muy trivial comparado con el cielo. Aunque fuéramos dueños de toda la tierra y renunciaremos a toda la tierra, nada sería comparado con el reino de los cielos. Tal como una persona despreciaría una moneda de cobre para ganar cien monedas de oro, así es que el dueño de la tierra y renuncia a ella, da realmente poco y recibe cien veces más (Mt 19,29). Pues, ni siquiera, toda la tierra equivale el valor del cielo, ciertamente el que entrega una poca tierra no debe jactarse ni apenarse; lo que abandona es prácticamente nada, aunque sea un hogar o una suma considerable de dinero de lo que se separa.

viernes, 16 de enero de 2015

Esforcémonos...Por PseudoMacario

 
Esforcémonos, pues, con esperanza, fe y toda paciencia en entregarnos enteramente al Señor, manteniéndonos en todos los mandamientos y preparándonos totalmente bien. Y El cumplirá pronto sus promesas para con nosotros, pues no miente; a condición de que nosotros, como siervos fieles e íntimos, cumplamos todo lo que le agrada con nuestra libre voluntad, en un incesante esfuerzo. Y así, juzgados dignos de la gracia y habiendo adquirido como fundamento verdadero en nuestro corazón la potencia del Espíritu, podremos soportar todas las tentaciones y aflicciones; y así, hechos irreprochables por el Espíritu, llegaremos a ser dignos de los bienes eternos por los siglos de los siglos. Amén.

  • Fuente: PseudoMacario, Homilía XVII, 2,1.