domingo, 18 de mayo de 2014

El camino es el cielo..... 5to Domingo de Pascua



El camino es al Cielo. El Cielo es nuestra amada Verdad. Es la Verdad que nos fundamenta, nos anima, nos ordena, nos afirma, nos bendice con serena convicción, y nos resguarda de la inestable opinología, la confusión, y el desaliento.
El Cielo esperamos. Esta esperanza tiñe nuestros días, los días que pasan, que nos restan tierra, que nos acercan a lo definitivo.
Caminamos en Cristo. Y el Señor es a su vez la meta. Ver su Rostro, entrar en su dominio, en el cara a cara con el que nos ha amado sacándonos de la nada, y regalándonos una oportunidad: vivir en él para participar de su misma Vida. La Vida que ya no muere.
Y así nos lo dice Jesús hoy:
“No se inquieten…En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”.
Hay agitaciones que no proceden de Dios.
Hay inquietudes que surgen de la debilidad natural o del directo influjo del maligno.
Afirmarse en Cristo es, entonces, una tarea espiritual que colabora con la gracia.
Asentarse. Fijarse. Establecerse. Determinarse en el Señor, supone una renovada, probada, y actualizada fe.
“No se inquieten. Crean. Crean en Dios…” insiste Jesús.
 Y caminar, perseverar en la fe, requiere de ánimo de combate. Creemos. Pero la feliz aventura de andar en Cristo, de practicar la Verdad revelada, de elegir la Vida en Dios, más que una espontaneidad o un repentino sentimentalismo, es un ejercicio, una respuesta, una libre entrega.
Se trata de dar el corazón más y más, a impulsos de amor y renuncia.
“Crean”, dice Jesús.
Crean que por Mí se va a la Vida. A la nueva Vida. La de las muchas habitaciones, los muchos modos de permanecer en Dios para siempre. Crean que ya están entrando en esa dimensión de los resucitados. Crean y la Verdad los hará libres.
 Aquel que se presenta como el Camino, la Verdad, y la Vida, es el que nos quiere atentos, determinados y generosos con su don.
Atentos a que nuestros pasos vayan por el Evangelio. No diseñar entonces una vida paralela a su Palabra, sino más bien entrar en su Corazón, en el Corazón de Cristo, que nos llama felices si vivimos lo que nos pide.
Atentos, por eso, a los posibles desvíos, a las muchas fáciles salidas que nos presenta el espíritu del mundo.
Porque si se anda en Cristo, el alma se irá haciendo más y más humilde, y gustará de pertenecer al reino de la Luz.
Si se ama a Cristo como la Verdad se apreciará como un valor la paciencia, y habrá un vislumbre anticipado de esa pampa infinita de los elegidos, la inconmensurable tierra nueva del amor de Dios que aguarda al que persevere hasta el fin.
Si transitamos esta peregrina existencia, gustando los dones de la Vida de Dios que comenzaran con nuestro bautismo, nuestras aflicciones serán consoladas con ríos de dulzura santa, ya que Dios ni miente ni defrauda.
Si se camina como cristiano, con hambre y sed de Dios, la saciedad de la otra dimensión será nuestra corona.
Si la Verdad de Cristo me unge cada día en mis tareas y ocupaciones, seré misericordioso y obtendré la misericordia final.
Si le dejo a la Gracia que me haga como un niño, mi corazón será más puro para poder entrar a ver la misma Vida del Señor.
Si trabajo por la paz, como hijo del Dios verdadero, conoceré insultos, persecuciones, o calumnias, pero la recompensa será el infinito, la Gloria, el cara a cara con el Amor mismo, Origen de todo lo bueno.
 Si un cristiano no vive para el Cielo, no vive para Dios.
Lo cuál sería como introducir una contradicción en su vida. Un absurdo. Un sin sentido, que sin embargo nos acecha.
“Pido disculpas a la muerte,
 por haberme reído mientras transcurría”, dice un poeta.
Hay cosas que reclaman seriedad.
Y seria son las decisiones morales, la vida y la muerte, la respuesta a Dios, y el más allá.
Serio es querer ser santo. Cada uno a su medida. La entrega a Dios con fidelidad. El darse a Dios en la Iglesia. Crecer en caridad.
Porque en esta época de descontrol, subjetivismo, insurrección extendida, bullicio, superficialidad, superproducción de imágenes inconexas; en este tiempo en el cuál una persona puede pasar del vientre de su madre a la tumba distraído de todo lo esencial y sin hacerse ninguna pregunta trascendente; en este Eón de ríos de palabras sin alma, de slogan, clichés, y ruina espiritual… en este tiempo se necesita con mayor ahínco y determinación afirmar los pasos en Cristo: Camino, Verdad, y Cielo.
 Jesucristo no vino a hacer un mundo mejor, sino a traernos la posibilidad de la Vida eterna. Obviamente que si vivimos en Cristo mejoramos el mundo, como un efecto colateral.
Pero el que nos dice: “tengan sus pensamientos puestos en las cosas celestiales”, y también, “no se ajusten a este mundo”, hoy nos alienta:
“Yo voy a prepararles un lugar.
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo”.
 Comulgamos con esta esperanza.   
 Padre Gustavo Seivane
 

sábado, 10 de mayo de 2014

Cosa curiosa. Por Isabel de la Trinidad

 
Después de un sermón sobre la muerte y el juicio, escribe:
          "Cosa curiosa. Con temer tanto el juicio de Dios, el sermón de esta tarde no me ha impresionado lo más mínimo. ¡Oh Jesús!, ¿por qué me ha de aterrar el comparecer ante vuestra divina presencia? ¿Habéis de condenar Vos entonces a esta criaturita que, pese a su flaqueza, a sus innumerables imperfecciones, no ha vivido en la Tierra sino para Vos? Ciertísimo que es una miserable, que ha merecido el infierno mil veces. Pero, Jesús mío, es tanto lo que os ha amado, que no podéis por menos de reconocerla, es vuestra esposa. Por lo mismo, debe ir en pos de vuestras huellas, embriagarse en los deleites de vuestra divinal presencia, cantando el cántico nuevo reservado a las vírgenes.
    ¡Oh muerte! ¡Si no abrigare la esperanza de poder sufrir, y de hacer algún bien sobre la tierra, me apresuraría ahora mismo a llamarte con voz de grito!
    Pero, si algún día hubiese de tener la enorme desdicha de ofender a mi divino Esposo, a quien amo sobre todas las cosas, apresúrate entonces a segarme con tu guadaña antes de que me suceda semejante desgracia."

domingo, 13 de abril de 2014

Ven Cristo y Reina...



Rey de los reyes, Señor del orbe,
Rey de las mentes y corazones:
¡Gloria al Señor!
 
¡Ven, Cristo y reina,
tuyo es el cielo, tuya la tierra!
Hoy te aclamamos,
Rey de los hombres:
¡Gloria al Señor!
 
Rey que en tu muerte nos das la vida,
Rey que en tu triunfo nos das la dicha:
¡Gloria al Señor!
 
Rey que nos brindas tu amor divino,
Rey que te entregas en pan y vino:
¡Gloria al Señor!
 
Reina en las almas y en los hogares,
de nuestra patria,
¡Oh, Cristo, Rey de amor!:
¡Gloria al Señor!

sábado, 12 de abril de 2014

Quien quiere algo distinto a Cristo...Por San Felipe de Neri


Quien quiere algo distinto a Cristo no sabe lo que quiere.
Quien pide otra cosa que  Cristo no sabe lo que pide.
Quien obra, pero no por Cristo, no sabe lo que hace"
                                                              
                                                                         San Felipe de Neri
                  
 

jueves, 10 de abril de 2014

Cuando el sacerdote alza el cáliz/ Por Leon Bloy




Cuando el sacerdote alza el cáliz para recibir la Sangre de Cristo, cabe imaginar el inmenso silencio de toda la tierra que el adorador supone colmada de espanto en presencia del Acto indecible que pone de manifiesto la inanidad de todos los demás actos, equiparables al punto a vanas gesticulaciones en las tinieblas.
La más horrible y cruel injusticia, la opresión de los débiles, la persecución de los presos, el mismo sacrilegio y hasta el desencadenamiento consecutivo de las lujurias del Infierno, todas esas cosas, en ese instante, se diría que dejan de existir, pierden su sentido si se las compara con el Acto Único. No queda más que la avidez de sufrimientos y la efusión de las lágrimas espléndidas del gran Amor, anticipo de la beatitud para los novicios del Espíritu Santo que han fijado su morada en el tabernáculo del olímpico Desprecio de las apariencias todas de este mundo.