domingo, 30 de noviembre de 2014

Os anunciamos la venida de Cristo..Por San Cirilo



Os anunciamos la venida de Cristo, y no sólo una, sino también una segunda que será sin duda mucho más gloriosa que la primera. La primera se realizó en el sufrimiento, la segunda traerá consigo la corona del reino. 

Porque en nuestro Señor Jesucristo casi todo presenta una doble dimensión. Doble fue su nacimiento: uno, de Dios, antes de todos los siglos; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Doble su venida: una en la oscuridad y calladamente, como lluvia sobre el césped; la segunda, en el esplendor de su gloria, que se realizará en el futuro.


En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá vestido de luz. En la primera sufrió la cruz, pasando por encima de su ignominia; en la segunda vendrá lleno de poder y de gloria, rodeado de todos los ángeles.


Por lo tanto, no nos detengamos sólo en la primera venida, sino esperemos ansiosamente la segunda. Y así como en la primera dijimos: Bendito el que viene en nombre del Señor, en la segunda repetiremos lo mismo cuando, junto con los ángeles, salgamos a su encuentro y lo aclamemos adorándolo y diciendo de nuevo: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Vendrá el Salvador no para ser nuevamente juzgado, sino para convocar a juicio a quienes lo juzgaron a él. El que la primera vez se calló mientras era juzgado dirá entonces a los malvados que durante la crucifixión lo insultaron: Esto hicisteis y callé.


En aquel tiempo vino para cumplir un designio de amor, enseñando y persuadiendo a los hombres con dulzura; pero al final de los tiempos -lo quieran o no- necesariamente tendrán que someterse a su reinado.


De estas dos venidas habla el profeta Malaquías: Pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. Esto lo dice de su primera venida.


Y de la otra dice: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: he aquí que viene -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será como un fuego de fundidor, como lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata.


Pablo, en su carta a Tito, nos habla también de las dos venidas con estas palabras: Dios ha hecho aparecer a la vista de todos los hombres la gracia que nos trae la salud; y nos enseña a vivir con sensatez, justicia y religiosidad en esta vida, desechando la impiedad y las ambiciones del mundo, y aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Mira cómo nos muestra la primera venida, por la cual da gracias, y la segunda, que esperamos.


Por eso la fe que hemos recibido por tradición nos enseña a creer en aquel que subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.


Vendrá, por tanto, nuestro Señor Jesucristo desde el cielo, vendrá glorioso en el último día. Y entonces será la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será totalmente renovado.

jueves, 27 de noviembre de 2014

No se ha de pedir a Dios... Por San Felipe de Neri

 
No se ha de pedir a Dios que envíe tribulaciones ni tentaciones presumiendo poderlas soportar, debiendo en eso andar con mucha cautela, porque el hombre bastante hace con sobrellevar aquellas que Dios a diario le envía; pero sí se ha de pedir con humilde y confiado afecto gracia y fortaleza para sufrir con alegría todo cuanto le pluguiere enviarnos.
Cuando vengan sobre nosotros las tribulaciones, las enfermedades y contrariedades, no se han de huir con temor, sino vencerlas con valor.

En: San Felipe de Neri, Doctrina Espiritual, Ediciones Apostolado Mariano.

domingo, 18 de mayo de 2014

El camino es el cielo..... 5to Domingo de Pascua



El camino es al Cielo. El Cielo es nuestra amada Verdad. Es la Verdad que nos fundamenta, nos anima, nos ordena, nos afirma, nos bendice con serena convicción, y nos resguarda de la inestable opinología, la confusión, y el desaliento.
El Cielo esperamos. Esta esperanza tiñe nuestros días, los días que pasan, que nos restan tierra, que nos acercan a lo definitivo.
Caminamos en Cristo. Y el Señor es a su vez la meta. Ver su Rostro, entrar en su dominio, en el cara a cara con el que nos ha amado sacándonos de la nada, y regalándonos una oportunidad: vivir en él para participar de su misma Vida. La Vida que ya no muere.
Y así nos lo dice Jesús hoy:
“No se inquieten…En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”.
Hay agitaciones que no proceden de Dios.
Hay inquietudes que surgen de la debilidad natural o del directo influjo del maligno.
Afirmarse en Cristo es, entonces, una tarea espiritual que colabora con la gracia.
Asentarse. Fijarse. Establecerse. Determinarse en el Señor, supone una renovada, probada, y actualizada fe.
“No se inquieten. Crean. Crean en Dios…” insiste Jesús.
 Y caminar, perseverar en la fe, requiere de ánimo de combate. Creemos. Pero la feliz aventura de andar en Cristo, de practicar la Verdad revelada, de elegir la Vida en Dios, más que una espontaneidad o un repentino sentimentalismo, es un ejercicio, una respuesta, una libre entrega.
Se trata de dar el corazón más y más, a impulsos de amor y renuncia.
“Crean”, dice Jesús.
Crean que por Mí se va a la Vida. A la nueva Vida. La de las muchas habitaciones, los muchos modos de permanecer en Dios para siempre. Crean que ya están entrando en esa dimensión de los resucitados. Crean y la Verdad los hará libres.
 Aquel que se presenta como el Camino, la Verdad, y la Vida, es el que nos quiere atentos, determinados y generosos con su don.
Atentos a que nuestros pasos vayan por el Evangelio. No diseñar entonces una vida paralela a su Palabra, sino más bien entrar en su Corazón, en el Corazón de Cristo, que nos llama felices si vivimos lo que nos pide.
Atentos, por eso, a los posibles desvíos, a las muchas fáciles salidas que nos presenta el espíritu del mundo.
Porque si se anda en Cristo, el alma se irá haciendo más y más humilde, y gustará de pertenecer al reino de la Luz.
Si se ama a Cristo como la Verdad se apreciará como un valor la paciencia, y habrá un vislumbre anticipado de esa pampa infinita de los elegidos, la inconmensurable tierra nueva del amor de Dios que aguarda al que persevere hasta el fin.
Si transitamos esta peregrina existencia, gustando los dones de la Vida de Dios que comenzaran con nuestro bautismo, nuestras aflicciones serán consoladas con ríos de dulzura santa, ya que Dios ni miente ni defrauda.
Si se camina como cristiano, con hambre y sed de Dios, la saciedad de la otra dimensión será nuestra corona.
Si la Verdad de Cristo me unge cada día en mis tareas y ocupaciones, seré misericordioso y obtendré la misericordia final.
Si le dejo a la Gracia que me haga como un niño, mi corazón será más puro para poder entrar a ver la misma Vida del Señor.
Si trabajo por la paz, como hijo del Dios verdadero, conoceré insultos, persecuciones, o calumnias, pero la recompensa será el infinito, la Gloria, el cara a cara con el Amor mismo, Origen de todo lo bueno.
 Si un cristiano no vive para el Cielo, no vive para Dios.
Lo cuál sería como introducir una contradicción en su vida. Un absurdo. Un sin sentido, que sin embargo nos acecha.
“Pido disculpas a la muerte,
 por haberme reído mientras transcurría”, dice un poeta.
Hay cosas que reclaman seriedad.
Y seria son las decisiones morales, la vida y la muerte, la respuesta a Dios, y el más allá.
Serio es querer ser santo. Cada uno a su medida. La entrega a Dios con fidelidad. El darse a Dios en la Iglesia. Crecer en caridad.
Porque en esta época de descontrol, subjetivismo, insurrección extendida, bullicio, superficialidad, superproducción de imágenes inconexas; en este tiempo en el cuál una persona puede pasar del vientre de su madre a la tumba distraído de todo lo esencial y sin hacerse ninguna pregunta trascendente; en este Eón de ríos de palabras sin alma, de slogan, clichés, y ruina espiritual… en este tiempo se necesita con mayor ahínco y determinación afirmar los pasos en Cristo: Camino, Verdad, y Cielo.
 Jesucristo no vino a hacer un mundo mejor, sino a traernos la posibilidad de la Vida eterna. Obviamente que si vivimos en Cristo mejoramos el mundo, como un efecto colateral.
Pero el que nos dice: “tengan sus pensamientos puestos en las cosas celestiales”, y también, “no se ajusten a este mundo”, hoy nos alienta:
“Yo voy a prepararles un lugar.
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo”.
 Comulgamos con esta esperanza.   
 Padre Gustavo Seivane
 

sábado, 10 de mayo de 2014

Cosa curiosa. Por Isabel de la Trinidad

 
Después de un sermón sobre la muerte y el juicio, escribe:
          "Cosa curiosa. Con temer tanto el juicio de Dios, el sermón de esta tarde no me ha impresionado lo más mínimo. ¡Oh Jesús!, ¿por qué me ha de aterrar el comparecer ante vuestra divina presencia? ¿Habéis de condenar Vos entonces a esta criaturita que, pese a su flaqueza, a sus innumerables imperfecciones, no ha vivido en la Tierra sino para Vos? Ciertísimo que es una miserable, que ha merecido el infierno mil veces. Pero, Jesús mío, es tanto lo que os ha amado, que no podéis por menos de reconocerla, es vuestra esposa. Por lo mismo, debe ir en pos de vuestras huellas, embriagarse en los deleites de vuestra divinal presencia, cantando el cántico nuevo reservado a las vírgenes.
    ¡Oh muerte! ¡Si no abrigare la esperanza de poder sufrir, y de hacer algún bien sobre la tierra, me apresuraría ahora mismo a llamarte con voz de grito!
    Pero, si algún día hubiese de tener la enorme desdicha de ofender a mi divino Esposo, a quien amo sobre todas las cosas, apresúrate entonces a segarme con tu guadaña antes de que me suceda semejante desgracia."

domingo, 13 de abril de 2014

Ven Cristo y Reina...



Rey de los reyes, Señor del orbe,
Rey de las mentes y corazones:
¡Gloria al Señor!
 
¡Ven, Cristo y reina,
tuyo es el cielo, tuya la tierra!
Hoy te aclamamos,
Rey de los hombres:
¡Gloria al Señor!
 
Rey que en tu muerte nos das la vida,
Rey que en tu triunfo nos das la dicha:
¡Gloria al Señor!
 
Rey que nos brindas tu amor divino,
Rey que te entregas en pan y vino:
¡Gloria al Señor!
 
Reina en las almas y en los hogares,
de nuestra patria,
¡Oh, Cristo, Rey de amor!:
¡Gloria al Señor!