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Llevaba roja la túnica

Llevaba roja la túnica y enrojecido el cabello. ¿De dónde, con pies sangrantes, avanzas tú, Lagarero? «Del monte de la batalla y de la victoria vengo; rojo fue mi atardecer, blanco será mi lucero.
Llevaba roja la túnica, roja de sangre y fuego.
También de blanco le vi el vestido y el aliento; bello como las estrellas, como flor de cardo bello. Rojo como la amapola y blanco como un cordero: carmesíes sus heridas y blancos sus pensamientos.
Llevaba blanca la túnica, blanca de amor y fuego.
Por toda la negra tierra el chorro de sus veneros: sangre preciosa su sangre que hace blanco el sufrimiento. ¡Oh Cristo, de sangre roja! ¡Oh Cristo, dolor supremo! A ti el clamor de los hombres, en ti nuestros clavos fieros.
Llevaba roja la túnica, roja de sangre y fuego. Amén.
Himno de las II vísperas

De la procesión a la Pasión. Por San Bernardo

El seguimiento de Cristo. Por S.S. Pablo VI

¿Acaso hay una voz más grande que la del Verbo?. Por San Gregorio Nacianceno

Ser portador de Dios. Por Archimandrita Sophrony

Al percibir a Cristo. Por Archimandrita Sophrony

El misterio de la Encarnación

Por ti el Creador nace niño

Obedeciendo se convirtió en causa de salvación

El Señor nos ha dado a su Madre. San Silvano el Athonita

Sus ojos se abren y lo proclaman Señor. Por S.S. Benedicto XVI

Todo acto cristiano tiene su origen en el amor

En san José no hay separación entre fe y acción. Por S. S. Benedicto XVI

José fue elegido por el Padre eterno. Por San Bernardino de Laredo

Oración cuaresmal. Por San Efrén el Sirio