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No descuidéis vuestra salvación. Por San Antonio Abad

Os conjuro desde ahora, queridos míos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, para que no descuidéis vuestra salvación, y que esta vida tan corta no os sea causa de desdicha para la vida eterna; que el cuidado concedido a un cuerpo perecedero no oculte el Reino de la inefable luz; que el país donde sufrís vuestro destierro no os haga perder, en el día del juicio, el trono angélico que os está destinado. Sí, hijos, mi corazón se sorprende y mi alma se espanta: nos hundimos en el agua, estamos metidos en el placer como gentes ebrias de vino nuevo porque nos dejamos distraer por nuestros deseos, dejamos reinar en nosotros la voluntad propia y rechazamos dirigir nuestra mirada al cielo para buscar la gloria celeste y la obra de los santos y marchar en adelante tras sus huellas

Fuente: San Antonio Abad. Carta Tercera.

Dios es tu Padre. Por San Antonio María Claret

Vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa. Por Santa Faustina Kowalska

Qué suavidad tan grande es verse lleno de Dios. San Rafael Arnaiz

Yo he tenido muchas caídas. Por Santa María de Jesús Crucificado

¿Que puede temer un niño, cuando descansa en los brazos de su padre?. Por el Padre Pío

¿Qué sucede en el momento en que Jesús se hace bautizar por Juan? Por S.S. Benedicto XVI

Es difícil perseverar en gracia. Por San Luis María Grignion de Monfort

Adoremos con los Magos. Por San Basilio Magno

El nombre de Jesús no es sólo luz, también es alimento. Por San Bernardo

Esta vía se llama, «camino eterno». Por el Beato Guerrico de Igny

Llevaste en tu seno al que los cielos no pueden abarcar.

Santa María, Madre de Dios. Por San Juan Pablo II

Un año más hacia la patria. Por Santa Teresa de los Andes

Mantener el timón. Por San Alberto Hurtado