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María se consagró a Dios por entero. Por San Alfonso María de Ligorio

La niña María conocía bien con luz del cielo, que Dios no acepta un corazón partido sino que lo quiere consagrado a su amor conforme al mandato sagrado: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Dt 4, 5). Por lo que ella, desde que comenzó a vivir, comenzó a amar a Dios con todas sus fuerzas y del todo se entregó a él.  Ella, por complacer a Dios le consagró su virginidad, consagración que fue la primera en hacer, según dice Bernardino de Busto: “María se consagró del todo y perpetuamente a Dios”.
Con cuánto amor le podía decir al Señor: “Mi amado es para mí y yo para mi amado” (Ct 2, 16). “Para mi amado”, comenta el cardenal Hugo, pues para él viviré del todo. Señor mío y Dios mío, le diría, yo he venido sólo para agradarte y darte todo el honor que pueda. Quiero vivir del todo para ti. Acepta el ofrecimiento de ésta tu humilde esclava y ayúdame a serte fiel.
María, cual aurora naciente (Ct 4, 9), crecía siempre en la perfección como se acrecienta la luz de la aurora. ¿Quién podrá …

San Rafael Kalinowski

La falta de interioridad del hombre moderno. Por el P. Alfredo Saénz

Que mi alma te bendiga, Dios y Señor, mi creador. Por Santa Gertrudis

El cuerpo de Cristo. Por San Ambrosio de Milán

Beato Duns Scoto. Por Benedicto XVI

El alma del humilde. Por Silvano del Monte Athos

"El Cristo de Velázquez". Por Miguel de Unamuno

Homenaje a San Juan de la Cruz. Por Carlos Bousoño

Convertíos con sinceridad. Por San Francisco de Paula

San Martín de Porres. Por S.S. Juan XXIII

En qué consiste la verdadera perfección. Por San Francisco Coll

Oraciones por nuestros difuntos.

Cuando morimos pasamos de la muerte a la inmortalidad. Por San Cipriano

Solemnidad de todos los santos. Por S.S. Benedicto XVI