martes, 9 de febrero de 2016

El amor a Dios no podemos...Por san Rafael Arnaiz

El amor a Dios no podemos dejarlo quieto....Siempre más..., siempre más. No dejar la lucha aunque nos cueste..., ya legará el día en que verdaderamente tengamos ese amor de quietud....Pero ese día será en el cielo. Mientras tanto, no busquemos tranquilidad, no nos paremos y sigamos adelante, luchando con nosotros mismos para desterrar ese "yo" que tanto daño nos hace.
Amemos a Dios siempre más..No nos contentemos con poco; y si un día ardemos...¿no es eso lo que buscamos...? Vamos a segur a Jesús, vamos a seguir sus pasos..., y Jesús no descansó..., y aun muerto, le dieron una lanzada.

Fuente; Carta 29 de diciembre de 1935, A su tía María Duquesa de Maqueda.

viernes, 29 de enero de 2016

Esta es la suprema amistad...Por Juliana de Norwich


Esta es la suprema amistad de nuestro cortés Señor, que nos protege tan tiernamente cuando pecamos. Y además, nos toca secretamente, y nos muestra nuestros pecados a la suave luz de la misericordia y la gracia. Pero cuando nos vemos tan mancillados, pensamos que Dios puede estar airado con nosotros a causa de nuestros pecados. Entonces el Espíritu Santo nos mueve a la oración mediante la contrición, y deseamos con todas nuestras fuerzas enmendarnos para aplacar la ira de Dios, hasta que el alma encuentra el sosiego, y la conciencia, la paz. Confiamos entonces en que Dios haya olvidado nuestro pecado, y así es, en verdad. Y nuestro cortés Señor se muestra entonces al alma, feliz y con la mayor alegría en el semblante, acogedor como un amigo, como si el alma hubiera sufrido gran pena o hubiera estado prisión, y le dice: «Amada mía, me alegra que hayas venido a mí en tu desgracia. Yo siempre he estado contigo. Ahora puedes ver mi amor. Somos uno en la dicha». 
De esta manera, los pecados son perdonados por gracia y misericordia, y nuestra alma es gloriosamente recibida en la alegría, como ocurrirá cuando llegue al cielo; y así sucede cada vez que se arrepiente, por la operación de la gracia del Espíritu Santo y el poder de la Pasión de Cristo.

jueves, 28 de enero de 2016

Permaneced en mí..Por la Beata Isabel de la Trinidad


Permaneced en mí (jn. 15, 4)
Es el verbo de Dios quien lo manda, quien expresa este deseo.
Permaneced en mí no sólo momentáneamente, durante unas horas pasajeras, sino permaneced...de un modo estable habitualmente.
Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad y obrad en mí.
Permaneced en mí durante vuestras relaciones con las personas y vuestro trato con las cosas. Penetrad cada vez más íntimamente en esta profundidad. Allí está ciertamente la soledad donde el Señor quiere atraer  al alma para hablarle, como dice el Profeta (Os. 2,14)
Mas para escuchar este lenguaje misterioso de Dios no hay que detenerse, por así decirlo, en la superficie. Es necesario penetrar cada vez más en el Ser divino mediante el recogimiento interior,
San Pablo exclamaba: Corro por ver si alcanzo el final (Fl. 3,12) También nosotros debemos descender cada día por esta pendiente con confianza plena de amor. Un abismo llama a otro abismo (S. 41.8)
Es ahí, en lo más profundo, donde va a realizarse el encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, va a hallarse frente a frente con el abismo de la misericordia, de la inmensidad, del todo de Dios. Es ahí, donde lograremos la fuerza necesaria para morir a nosotros mismos y donde, perdiendo nuestra manera personal de ser, quedaremos transformados en amor. Bienaventurados los que mueren el Señor (Ap. 14,13)

martes, 26 de enero de 2016

Tú eres santo...Por San Francisco de Asís

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas (Sal 76,15). Tú eres fuerte, tú eres grande (cf. Sal 85,10), tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo (Jn 17,11), rey del cielo y de la tierra (cf. Mt 11,25). Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2), tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. 1 Tes 1,9). Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia (Sal 70,5), tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción. Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector (Sal 30,5), tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza (cf. Sal 42,2), tú eres refrigerio. Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

SAN FRANCISCO, ALABANZAS DEL DIOS ALTÍSIMO.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Oh feliz el siervo... Por Tertuliano


¡Oh feliz el siervo de cuya corrección se interesa el Señor! ¡Dichoso aquel contra quien se digna enojarse y a quien corrigiendo nunca engaña con disimulo! 
Como se puede ver, estamos siempre obligados al deber y al servicio de la paciencia. De cualquier parte que venga la molestia: sea de nosotros, sea de la insidias del demonio o por amonestación de Dios, ha de intervenir la paciencia con su ayuda que, además de ser una merced grande de su condición, es también una felicidad.  
¿A quiénes, en efecto, llamó el Señor dichosos, sino a los pacientes?
"Bienaventurados, dice los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt  5, 3). Nadie es pobre de espíritu perfectamente sino el humilde, y ¿quién es humilde sino el paciente? Pues nadie puede humillarse a sí mismo, si antes no tuvo paciencia en la sumisión.

  • En tratado de la paciencia y exhortación a los mártires.

sábado, 3 de octubre de 2015

Presiento que voy...Por Santa Teresa del Niño Jesús

Presiento que voy a entrar en el descanso... Pero presiento, sobre todo, que mi misión va a comenzar: mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo, de dar mi caminito a las almas. Si Dios escucha mis deseos, pasaré mi cielo en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra. Y eso no es algo imposible, pues, desde el mismo seno de la visión beatífica, los ángeles velan por nosotros.
Yo no puedo convertir mi cielo en una fiesta, no puedo descansar mientras haya almas que salvar... Pero cuando el ángel diga: «¡El tiempo se ha terminado!», entonces descansaré y podré gozar, porque estará completo  el número de los elegido y todos habrán entrado en el gozo y en el descanso. Mi corazón se estremece de alegría al pensar en esto....

sábado, 19 de septiembre de 2015

El amor don divino....Por Vladimir Lossky

 
El amor don divino perfecciona la naturaleza humana hasta «hacerla aparecer en la unidad e identidad con la naturaleza divina por la gracia», según la expresión de San Máximo. El amor al prójimo ha de ser el síntoma de la adquisición del verdadero amor de Dios. «El signo cierto por el cual puede reconocerse a quienes han llegado a esta perfección es -de acuerdo con San Isaac el Sirio- el siguiente: Si diez veces por día se los entregara a las llamas por su caridad al prójimo, esto no les parecería bastante». «Conozco a un hombre -dice San Simeón el Nuevo Teólogo- que deseaba con tal ardor la salvación de sus hermanos que con frecuencia pedía a Dios con lágrimas ardientes, de todo corazón y en el exceso de un celo digno de Moisés que sus hermanos se salvasen con él o que él también se condenase con ellos. Porque estaba ligado con ellos en el Espíritu Santo con tal lazo de amor que ni siquiera habría querido entrar en el reino de los cielos si para ello hubiese tenido que separarse de sus hermanos». En el amor a Dios cada persona humana halla su perfección; ahora bien, las personas no pueden llegar a la perfección sin que se realice la unidad de la naturaleza humana. El amor de Dios, luego, ha de estar vinculado con la caridad al prójimo. Este amor perfecto hará al hombre semejante a Cristo, pues estará unido por su naturaleza creada con la humanidad entera y reunirá en su persona lo creado y lo increado, el compuesto humano y la gracia deificane. Unidos a Dios, los elegidos llegan al estado del hombre perfecto, a la medida de la estatura perfecta de Cristo, según el dicho de San Pablo (Ef. IV 13).
  • Vladimir Lossky, Teología mística de la iglesia de oriente, ( Extracto de Cap X) Traducción de Aquilino S Pallasá.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Oh bienaventurada.. Por San Pablo de la Cruz

 
¡Oh, bienaventurada el alma que está crucificada con Jesús sin saberlo y sin verlo por estar privada de todo consuelo sensible! ¡Oh, feliz del alma que..., inclinando la cabeza, exclama con Jesús "Pater in manus tuas commendo spiritum meum" , y muere místicamente a todo lo que no es Dios vida divina, en el seno mismo del Padre celestial.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Humildad es una sumisión... Por Fray Juan de los Angeles


Humildad es una sumisión o sujeción a Dios y a los hombres por Dios, y un encogimiento en el alma, que no la deja pestañear en el divino acatamiento, ni quitar los ojos un punto de su nada. Para alcanzar esta joya tan preciosa son menester oraciones, lágrimas y gemidos con perseverancia; porque si todo don perfecto y dádiva bonísima viene de arriba de aquel Padre de las lumbres, ¿quién sino Él podrá darte tan gran tesoro, tan preciosa dádiva y don tan perfecto como la humildad. Preguntado un santo de  aquellos de yermo (desierto) cómo se podría alcanzar la perfecta humildad respondió: "Si cada uno se ocupa solamente de sus obras y no de las ajenas".  Alcanzase también con la consideración  de la majestad y grandeza de Dios. Por lo cual, recogidas en una todas tus fuerzas espirituales, diligente y piadosamente mira qué Dios tienes. ¡Qué tan poderoso! ¡Qué tan sabio! ¡Y qué tan bueno! Todo esto podrás ver en sus criaturas, en las cuales resplandecen estos divinos atributos con mucha claridad; digo que lo verás si te adiestra la humildad, que por faltar a los sabios del mundo se quedaron sin este conocimiento, oscurecidos sus entendimientos y llenos de tinieblas , de errores y desatinos. El apóstol san Pablo dice que, porque en la sabiduría de Dios no conoció por sabiduría a Dios el mundo, quiso Dios y tomó por gusto de salvar los fieles por la locura de la predicación de Cristo crucificado.
 
  • FRAY JUAN DE LOS ANGELES, CONQUISTA DEL REINO DE DIOS (V).