sábado, 20 de abril de 2013

Porque tú, Señor, nos amasté... Por San Juan Damasceno

 
Porque tú, Señor, nos amaste y pusiste en sustitución nuestra a tu único Hijo amado, para nuestra redención, cosa que él aceptó voluntaria y libremente, más aún, como cordero inocente destinado al sacrificio, ya que para esto se entregó a sí mismo; pues, siendo Dios, se hizo hombre, y con su voluntad humana se sometió, haciéndose obediente a ti, Dios, Padre suyo, hasta la muerte y una muerte de cruz.
A tal extremo, oh Cristo, mi Dios, te humillaste, para cargarme a mi, oveja descarriada, sobre tus hombros y apacentarme en verdes praderas y nutrirme con las aguas de la sana doctrina por medio de tus pastores, los cuales, apacentados por ti, apacientan a su vez a tu eximia y elegida grey.

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