31 de octubre de 2009

Que en todo, excepto en la contemplación, la persona ha ser moderada.

Si me preguntas ahora qué clase de moderación has de observar en la obra de la contemplación, te responderé lo siguiente: ninguna. En todo lo demás, como el comer, beber y dormir, la moderación es la regla. Evita los extremos de calor y frío; guárdate contra el exceso por más o por menos en la lectura, la oración o el compromiso social. En todas estas cosas, repito, sigue, el sendero del medio. Pero en el amor no guardes medida. En realidad, desearía que nunca cesaras en esta obra del amor.

Has de darte cuenta, en efecto, que en esta vida te será imposible continuar en esta obra con la misma intensidad en todo tiempo. La enfermedad, los achaques del cuerpo y del espíritu y otras innumerables necesidades de la naturaleza te dejarán indispuesto y apartado de sus alturas. Al mismo tiempo, sin embargo, te aconsejo que te mantengas siempre con buen ánimo y si quieres, con alegría. Lo que quiero decir es que con el deseo puedes permanecer en ella aun cuando interfieran otras cosas.

  • En: La nube del no-saber. Buenos Aires, Editorial Santa María, 2009, pp. 81-82.

27 de octubre de 2009

HOMENAJE A SAN JUAN DE LA CRUZ(Vía purgativa, iluminativa y unitiva) Por Carlos Bousoño


Sólo quien se entrega recibe.
Huele, quien renuncia al olfato,
un olor prodigioso. ¡Vive,
misterioso desacato!
Y así de pronto asciende ya
de las rosas de primavera
fragancias de lo que será
en la cima de lo que era.
Y el alma, desde ese momento,
puede, en la variedad del mundo,
escuchar la canción del viento
y contemplar el mar profundo.

25 de octubre de 2009

Si no buscas en ninguna cosa tu propia gloria...Por un monje.

Si no buscas en ninguna cosa tu propia gloria, vivirás en una paz inalterable, aunque tengas mucho que hacer aún. Una sola cosa hay que temer: el pecado. Los caminos de Dios no son los nuestros. Jesús triunfa por el fracaso. Nada ha cambiado desde hace veinte siglos. Sé diligente, y pon los medios: es la voluntad de Dios. Pero quédate persuadido de que nada tendrá éxito más que por Él. Si Él no lo quiere, acepta el fracaso, así como todas sus consecuencias humillantes y desagradables. Entonces, serás libre. Hacer lo que Dios quiere: eso es lo que importa; no el tener éxito. ¡Es tan tranquilizante pensar que el Padre tiene en sus manos, el mundo y el corazón de todos los hombres! Todo ocurre porque Él quiere; nada se hace que Él no lo permita. ¿Por qué angustiarse con vanas preocupaciones?
  • Escritos cartujanos.

14 de octubre de 2009

15 de octubre: Santa Teresa de Jesús

Nuestra alma es una realidad inefable, no podemos llegar a comprender los misterios a la que se encuentra llamada. A la hora de hablar del alma los grandes maestros de la vida espiritual han utilizado metáforas, alegorías y símbolos para referirse a ella. Santa Teresa de Jesús, a quien queremos recordar de modo particular en su día, en su obra cumbre "Las Moradas del Castillo Interior" al hablar del alma la compara con un castillo. Este castillo, dice la santa, es todo de diamante o muy claro cristal donde hay muchas habitaciones, como las hay en el cielo. Para acotar el número de las moradas o aposentos, ajusta la cantidad de éstas a siete, pero indica que son infinitas y que se sitúan arriba, abajo y a los costados. En el centro mismo del castillo, en la séptima morada, ubica a Jesucristo, al rey y Señor de esta construcción. El objeto de la obra es indicarnos el proceso espiritual, a la que se ve sometida el alma hasta alcanzar la unión definitiva con su Señor. Este recorrido hasta llegar a la unión, nos recuerda parte de las tres grandes etapas de la vida espiritual, a saber, la purgativa, la iluminativa y la unitiva. Sin embargo, Santa Teresa, no ha querido reducir su doctrina a estos tres estratos de la vida interior, sino manifestar la grandeza de cada alma y la experiencia individual de cada una. Nos quiere referir que los modos de Dios para cada alma son todo un misterio. La clave está en dejarse llevar y abandonarse a la voluntad de este Rey que desde el centro de nuestra alma nos atrae hacia sí.
Así lo dice Teresa:
"Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí-porque yo no atinava cosa que decir ni como comenzar a cumplir esta obediencia- se me ofreció lo que ahora diré para comenzar con algún fundamento, que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites. Pues ¿qué os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio tan limpio, tan lleno de todo los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad, y verdaderamente apenas deven llegar nuestros entendimientos-por agudos que fuesen- a comprehenderla, ansí como no pueden llegar a considerar a Dios, pues Él mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza" (Moradas Primeras I)

10 de octubre de 2009

Elogio de Guigo a la vida solitaria.

Ya sabéis cómo en el Antiguo y, sobre todo, en el Nuevo Testamento, casi todos los más profundos y sublimes misterios fueron revelados a los siervos de Dios no entre el tumulto de las muchedumbres, sino estando a solas, y cómo los mismos siervos de Dios, cuando querían sumirse en una meditación más profunda, o dedicarse a la oración con más libertad, o enajenarse de las cosas terrenas por la elevación del alma, casi siempre se apartaban del ruido de las muchedumbres y buscaban las ventajas de la soledad.
De aquí que, para tocar de algún modo el tema, Isaac sale a solas al campo a meditar, y es de creer que esto no fue en él algo aislado, sino de costumbre ; que Jacob, enviando todas sus cosas por delante, se queda a solas, ve a Dios cara a cara, y a la vez por la bendición y la mutación del nombre en mejor se torna dichoso ; alcanzando más en un momento solo que durante toda la vida acompañado.
También nos atestigua la Escritura cuánto amaban la soledad Moisés, Elías, y Eliseo, cuánto crecieron por ella en la comunicación de los secretos divinos ; y hasta qué punto incesantemente corrían peligro entre los hombres, y eran visitados por Dios cuando estaban solos.
Jeremías se sienta solitario, porque se halla penetrado de la cólera de Dios. Pidiendo que se dé agua a su cabeza y a sus ojos una fuente de lágrimas para llorar a los muertos de su pueblo, solicita también un lugar donde poder ejercitarse más libremente en obra tan santa, diciendo : "¿Quién me dará en la soledad un albergue de caminantes ?", como si no le fuera posible vacar a este ejercicio en la ciudad, indicando de este modo cuánto impide la compañía el don de lágrimas. Asimismo, cuando dice : "Bueno es esperar en silencio la salvación de Dios", para lo cual ayuda mucho la soledad, añadiendo luego : "Bueno es para el hombre el haber llevado el yugo desde su mocedad", con lo cual nos da un motivo de gran consuelo, pues casi todos hemos abrazado este género de vida desde la juventud. Y dice también : "Se sentará solitario y callará, porque se elevará sobre sí mismo" ; significando casi todo lo mejor que hay en nuestro Instituto : quietud y soledad, silencio y deseo de los dones más elevados.
Después da a conocer qué alumnos forma esta escuela, diciendo : "Dará su mejilla a quien lo hiriere y se saciará de oprobios". En lo primero brilla una paciencia suma, y en lo segundo una perfecta humildad.
También Juan Bautista, el mayor de los nacidos de mujer según el panegírico del Salvador, puso en evidencia cuánta seguridad y utilidad aporta la soledad. El cual, no sintiéndose seguro ni por los oráculos divinos que habían predicho que, lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, habría de ser el precursor del Señor en el espíritu y la virtud de Elías, ni por las maravillas de su nacimiento, ni por la santidad de sus padres, huyendo de la compañía de los hombres como peligrosa, eligió los apartados desiertos como más seguros, ignorando cualesquiera peligros y la muerte, por tanto tiempo cuanto habitó solo en el desierto. Cuánta virtud adquirió allí y cuánto mérito, lo demostró el bautismo de Cristo y la muerte sufrida por defender la justicia. Se hizo tal en la soledad, que sólo él fue digno de bautizar a Cristo que todo lo purifica, y de afrontar la cárcel y la muerte en defensa de la verdad.
El mismo Jesús, Dios y Señor, aunque su virtud no podía verse favorecida por el retiro ni impedida por el público, sin embargo, para instruirnos con su ejemplo, antes de comenzar su predicación y sus milagros quiso someterse a una especie de prueba de tentaciones y ayunos en la soledad. De él dice la Escritura que, dejando la compañía de sus discípulos, subía al monte a orar a solas. E inminente ya el tiempo de la Pasión, dejó a los Apóstoles para orar solitario, dándonos con esto el mejor ejemplo de cuánto aprovecha la soledad para la oración, cuando no quiere orar acompañado ni de sus mismos Apóstoles.
Aquí no pasemos en silencio un misterio que merece toda nuestra atención : que el mismo Señor y Salvador del género humano se dignó mostrarnos por sí mismo el primer modelo vivo de nuestro Instituto, al permanecer así solitario en el desierto vacando a la oración y a los ejercicios de la vida interior, macerando su cuerpo con ayunos, vigilias y otros frutos de penitencia, venciendo las tentaciones y superando a nuestro adversario con armas espirituales.
Ahora considerad vosotros mismos cuánto aprovecharon en su espíritu en la soledad los santos y venerables padres, Pablo, Antonio, Hilarión, Benito, y tantos otros innumerables, y comprobaréis que la suavidad de la salmodia, el amor por la lectura, el fervor de la oración, la profundidad de la meditación, la elevación de la contemplación y el bautismo de las lágrimas con nada se pueden favorecer tanto como con la soledad.
Pero no os contentéis con los pocos ejemplos aquí citados en elogio de nuestro modo de vida, sino vosotros mismos id recogiendo otros muchos, tomados de vuestra experiencia cotidiana o de las páginas de la Sagrada Escritura.

En los Estatutos Cartujanos.

6 de octubre de 2009

No recuerdes. Por un monje cartujo.

No recuerdes, no reavives ningún “mal recuerdo”. El mal arrepentido está perdonado. La generosidad del amor presente repara el pasado. Olvida las acciones concretas. Basta mantenerte delante de Dios Padre, como pecador beneficiario de su infinita misericordia. El mal es “nada”. ¿Para qué acordarse? Piensa solamente en la gracia de Jesucristo que te ha salvado; en el olvido eterno de tus faltas, que Dios ha destruido. Él no colecciona pequeñeces. Guarda para Él un corazón filialmente contrito, receptivo y tierno: eso es la compunción.
  • Escritos Cartujanos. Las puertas del silencio.

5 de octubre de 2009

Santa Faustina Kowalska y la Divina Misericordia

Cuánto deseo la salvación de las almas. Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas están colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo" (Diario de Sor Faustina)


Los invito a ver la película de Sor Faustina, hoy que la Iglesia celebra su día:

4 de octubre de 2009

San Francisco de Asis.


El punto esencial acerca de San Francisco está, precisamente, en que fue asceta, pero no fue sombrío. Tan pronto como se vió derribado de su cabalgadura por la gloriosa humillación sufrida en su visión de la dependencia del amor divino, lánzose al ayuno y a la vigilia exactamente como cuando se lanzó, furioso, a la batalla. Había abandonado su corcel, pero no hubo alto ni freno en el ímpetu atronador de su ataque. No se encerraba en él nada negativo; su sistema no era régimen y estoica sencillez de vida. No era simplemente renuncia de sí mismo en el sentido de sí mismo. Era cosa tan positiva como una pasión; tenía todo el aspecto de ser tan positiva como un placer. El santo devoraba el ayuno como un hombre el alimento. Se había sumergido en la pobreza como se sumergen en la tierra adentro lo hombres que cavan locamente en busca de oro. Y es precisamente la calidad positiva y apasionada de este aspecto de su personalidad lo que constituye un reto a la mentalidad moderna, en todo el problema de la presunción del placer. Ahí está, innegablemente, el hecho histórico; y ahí está, junto a él, otro hecho moral casi igualmente innegable. Es cierto que prosiguió en su carrera heroica y nada natural desde el momento en que se fue, vistiendo su camisa de crin, por los bosques invernales, hasta que, en su misma agonía, deseó yacer desnudo sobre la tierra desnuda para mostrar que nada poseía y nada era. Y podemos decir, casi con la misma honda certidumbre, que las estrellas, al pasar sobre aquel cuerpo enjuto y consumido, yaciendo en el suelo roqueño, pudieron (siquiera una vez en sus brillantes rodeos sobre el mundo de la humanidad que lucha) contemplar a un hombre feliz.


G. K. Chesterton. San Francisco de Asís, Barcelona, Editorial Juventud, pp 90-91