sábado, 31 de octubre de 2009

Que en todo, excepto en la contemplación, la persona ha ser moderada.

Si me preguntas ahora qué clase de moderación has de observar en la obra de la contemplación, te responderé lo siguiente: ninguna. En todo lo demás, como el comer, beber y dormir, la moderación es la regla. Evita los extremos de calor y frío; guárdate contra el exceso por más o por menos en la lectura, la oración o el compromiso social. En todas estas cosas, repito, sigue, el sendero del medio. Pero en el amor no guardes medida. En realidad, desearía que nunca cesaras en esta obra del amor.

Has de darte cuenta, en efecto, que en esta vida te será imposible continuar en esta obra con la misma intensidad en todo tiempo. La enfermedad, los achaques del cuerpo y del espíritu y otras innumerables necesidades de la naturaleza te dejarán indispuesto y apartado de sus alturas. Al mismo tiempo, sin embargo, te aconsejo que te mantengas siempre con buen ánimo y si quieres, con alegría. Lo que quiero decir es que con el deseo puedes permanecer en ella aun cuando interfieran otras cosas.

  • En: La nube del no-saber. Buenos Aires, Editorial Santa María, 2009, pp. 81-82.

4 comentarios:

  1. Cuán difícil es esa permanencia...Dichosa Ventura...
    Más recordarla...llevarla en el corazón...nos reconduce a ella...a ÉL.

    Todo es poco para recordarla...

    Gracias, hermano.

    Carmen

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  2. Muchas gracias por sus artículos. Son muy bellos y nos permiten seguir adelante en el Camino de Cristo.

    Dios le bendiga.

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  3. Anacoreta,
    me alegro mucho que le gusten los artículos.
    En comunión de oraciones,

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  4. Muy bueno. Siga con esos textos. Hacen mucho bien. Bendiciones,

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