San Francisco de Asis. Por Chesterton


El punto esencial acerca de San Francisco está, precisamente, en que fue asceta, pero no fue sombrío. Tan pronto como se vió derribado de su cabalgadura por la gloriosa humillación sufrida en su visión de la dependencia del amor divino, lánzose al ayuno y a la vigilia exactamente como cuando se lanzó, furioso, a la batalla. Había abandonado su corcel, pero no hubo alto ni freno en el ímpetu atronador de su ataque. No se encerraba en él nada negativo; su sistema no era régimen y estoica sencillez de vida. No era simplemente renuncia de sí mismo en el sentido de sí mismo. Era cosa tan positiva como una pasión; tenía todo el aspecto de ser tan positiva como un placer. El santo devoraba el ayuno como un hombre el alimento. Se había sumergido en la pobreza como se sumergen en la tierra adentro lo hombres que cavan locamente en busca de oro. Y es precisamente la calidad positiva y apasionada de este aspecto de su personalidad lo que constituye un reto a la mentalidad moderna, en todo el problema de la presunción del placer. Ahí está, innegablemente, el hecho histórico; y ahí está, junto a él, otro hecho moral casi igualmente innegable. Es cierto que prosiguió en su carrera heroica y nada natural desde el momento en que se fue, vistiendo su camisa de crin, por los bosques invernales, hasta que, en su misma agonía, deseó yacer desnudo sobre la tierra desnuda para mostrar que nada poseía y nada era. Y podemos decir, casi con la misma honda certidumbre, que las estrellas, al pasar sobre aquel cuerpo enjuto y consumido, yaciendo en el suelo roqueño, pudieron (siquiera una vez en sus brillantes rodeos sobre el mundo de la humanidad que lucha) contemplar a un hombre feliz.


Fuente: G. K. Chesterton. San Francisco de Asís, Barcelona, Editorial Juventud, pp 90-91

Comentarios

  1. Paz y Bien. Rueguen por esta pecadora para que pueda imitar y seguir a mi buen Padre San Francisco pues soy su más miserable hija.

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  2. Querida Ermitaña:

    El Señor te de la gracia de serle siempre fiel, bajo el espíritu que inspiró a nuestro gran San Francisco de Asís.
    En comunión de oraciones,

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  3. San Francisco de Asís, fue un santo precioso; le conoceremos en la eternidad.

    Querida Hermitaña:

    El Señor nunca te acusaría de esa forma tan brutal cómo lo haces, de eso puedes estar segura. Dios Padre nos da todas las gracias que necesitamos para llevar a cabo la vocación que nos ha dado, pidamos pues para que sepamos aprovechar estas gracias.

    "Dichosa Ventura" et all: Magníficos blogs, gracias por vuestras contribuciones. Que Dios os bendiga.

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