Homenaje a San Juan de la Cruz. Por Carlos Bousoño


Sólo quien se entrega recibe.
Huele, quien renuncia al olfato,
un olor prodigioso. ¡Vive,
misterioso desacato!
Y así de pronto asciende ya
de las rosas de primavera
fragancias de lo que será
en la cima de lo que era.
Y el alma, desde ese momento,
puede, en la variedad del mundo,
escuchar la canción del viento
y contemplar el mar profundo.

Comentarios