5 de diciembre de 2011

El desierto de Juan Bautista bajo el techo de Cristo. Por Dom Esteben Chevevière

Maestro... ¿dónde vives? Venid y lo veréis (Juan 1, 38-39)

Tu pensamiento más familiar ha de ser la gratuidad y eternidad de tu vocación, con su cortejo de gracias. “No sois vosotros los que me habéis elegido a mí, sino Yo el que os elegí a vosotros” (Juan 15, 16). “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía...” (Jeremías 1,5). “Yavé me llamó desde antes de mí nacimiento, desde el seno de mi madre me llamó por mi nombre” (Isaías 49,1). Cf. Gálatas 1, 15 - San Pablo.
Tan verdad lo es de ti como de Jeremías, Isaías, Juan Bautista, San Pablo. Tu convocatoria al desierto es eterna como todo lo que te concierne, y trae su origen de una preferencia inexplicable del amor de Dios para contigo. Por toda la eternidad cantarás el privilegio de tamaña misericordia del Señor.
Cualesquiera sean las circunstancias y los motivos personales conscientes que determinaron tu resolución, es el Espíritu Santo el que te ha traído al desierto, como lo hizo con Jesús (Mateo 4, 1). En realidad, fue el caso del Precursor. Dios te guardaba a la sombra de su mano (Isaías 49,2), esa mano de padre que te ha modelado, que levanta en tu derredor un muro defensivo, que te dispensa su gracia, te estrecha en la ternura de su abrazo. Esa mano te separa y te consagra. Te separa de lo profano y te consagra al servicio exclusivo de su amor. Te preserva de la cercanía indiscreta de las criaturas, te defiende contra ti mismo, tan propenso a tenderles los brazos. Su contacto te vivifica, purifica y caldea. A El sólo debes todas tus riquezas naturales y sobrenaturales. El desierto del ermitaño no es un calabozo enloquecedor donde se le somete a completa incomunicación. Sea tu fe bastante para vivir la realidad de que eres “el niño llevado a la cadera y acariciado sobre las rodillas. Como consuela una madre a su hijo” Dios te consuela (Isaías 66,12-13). Entonces “latirá de gozo tu corazón y tus huesos reverdecerán como la hierba” (ib. 14).
Como el Precursor, tú has sido querido para Cristo, no sólo en el sentido en que entiende San Pablo que todos los elegidos han sido predestinados (Efesios 1,4), antes bien para no tener aquí abajo otra razón de ser que el amor y la glorificación de Jesús. Eres más que el amigo del Esposo. Tu alma es realmente la Esposa y puedes tomar como propias las efusiones del epitalamio místico del Cantar de los Cantares: “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí” (6,3).
San Juan no vivió en la intimidad de Cristo. Más dichoso que él eres tú, que posees la Eucaristía y conoces todas las maravillas de la gracia.
Puedes con todo derecho esperar recibir “el beso de la boca”, prometido a quienes lo dejan todo por seguirle, y el desierto se tornará “en jardín con macizos de balsameras” donde el Amado “se recrea entre azucenas” (Cantar de los cantares 6 2-3). En este sentido “el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él” (Mateo 11, 11).
Ten buen cuidado de no quitarle al Eremitorio su sello de austeridad. Por aquello de que la contemplación es el ejercicio más excelente de la caridad, viene a veces con
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fuerza la tentación de poner en sordina la rudeza de vida de que todos los anacoretas han dado ejemplo. Juan Bautista, puro como el que más, no le daba al cuerpo sino lo estrictamente necesario para no morir.
El mundo está necesitado de expiación y tú mismo no estás sin pecado, ni sin tendencias perversas. Si el Precursor hubiera asistido a la Pasión, habría ardido en deseos de seguir al Esposo hasta el martirio. Le fue dada, sí, la gracia de derramar su sangre, pero sin el resplandor de la cruz que a ti te ilumina. Dichoso tú si el Eremitorio te cercena hasta el máximo ese confort que tanto hambrea el sentido moderno. El ahorro de tiempo, la superioridad del rendimiento, la liberación del espíritu, no son con frecuencia sino coartadas.
El Ermitaño no tiene en absoluto por qué acompasar el ritmo de su vida a la carrera desbocada de un mundo cuya escala de valores es la inversa de la suya. ¡Se nutre de eternidad!
En la esfera de lo temporal no tiene deseos, sólo tiene necesidades; aprenda a no forjárselos. La incomodidad en todo te debe ser familiar; el “puedo prescindir” ha de regular tus instalaciones y tus reclamaciones. Más vale que la obediencia sea para ti freno que no estímulo. El desierto natural se subleva contra toda sensualidad; por eso son tan pocos sus amadores. Pero los que se han dejado seducir saben por experiencia que de un cuerpo tratado con dureza, el espíritu emerge en la pureza y en la luz. Sin ese gusto por las austeridades ¿ cómo serías sucesor de los mártires?
Ojalá puedas merecer el elogio del Bautista hecho por Jesús: “Juan era la antorcha que arde y luce” (Juan 5,35) (lucerna ardens et lucens). Según arde y se consume, el Ermitaño ilumina como la lámpara del sagrario.
Se consume mediante la pureza que sofoca los apetitos carnales, se consume por la penitencia, que le lleva a renunciar a las fuentes de alegría de los hombres. Se consume sobre todo por el amor que es un fuego. El ardor de esa llama, avivada por el Espíritu Santo ha gastado hasta el cuerpo de los místicos y liberado el alma de la Santísima Virgen de sus lazos terrenales. Tu pasión ha de ser Jesucristo y el celo de su gloria en ti y en los demás.
Quizá obtengas el languidecer tras su venida y apropiarte el gemido de la Esposa en el Apocalipsis: “¡Ven!” Entonces se te dirá: “El que tenga sed que venga; el que quiera, que tome gratuitamente el agua de la vida” (Apocalipsis 22,17). El vacío, la aridez, la austeridad del desierto activan el paso por la pista que conduce .a la tierra del descanso. En un instante Juan olvidó las penalidades de los años duros de su preparación, cuando vio ante sus ojos al “Cordero de Dios”, cuyos caminos el allanaba (Juan 1,23). Entonces su único anhelo fue: “Es necesario que El crezca y que yo mengue” (Juan 3,30), no sólo en renombre sino aun en su ser espiritual, al presentir el sublime ideal que formulará San Pablo: “Y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2,20). Así acaba por consumirse divinizándose la pequeña lámpara.
Para ti la venida del Mesías no es un futuro. Vives bajo el techo de Jesús, cada día te alimentas de su carne, su vida te anima, su Espíritu te guía y estimula, con El estás muerto y resucitado. ¿Por qué tu caridad iba a quedar en un poco de rescoldo? La única explicación de la vida eremítica es ésta: un gran amor requiere la máxima soledad. Tal será tu programa. En el Cuerpo Místico de Cristo te corresponde ser el corazón. Si eso no, ¿qué eres tú, que ni tienes obras, ni predicas, ni administras siquiera los Sacramentos?
Tu vida escondida habla al mundo, mas no será luz para él sino, precisamente, en cuanto brote de un amor concentrado. El Precursor fue un testigo sin igual de Jesucristo a quien tenía por misión señalar: Ecce, “Helo aquí. También tú en la Iglesia y de cara al mundo eres su testigo; pero lo que en ti habla no es lengua, es tu
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estado, tu mismo ser. Vives superiormente la doctrina, el ejemplo de Jesucristo, y el ardor de tu fe en acto obliga a pensar en la trascendencia de Aquel que la inspira: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre celestial” (Mateo 5,16). Si, conforme al designio divino, tu vida reproduce la imagen perfecta del Hijo, por el hecho mismo evoca el modelo (Romanos 8,29). Haces realidad el dicho de San Pablo: “Llevamos siempre en nuestros cuerpos los sufrimientos mortales de Jesús, a fin de que .también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Corintios 4, 10).
Jesús es Dios, y, por tanto, eres el testigo de Dios que se refleja en ti como en un espejo (2 Corintios 3,18). Por tu renuncia de las criaturas proclamas su nada frente al ser de Dios. Por tu sacrificio de los goces que ellas te procuran, pregonas la suficiencia de Dios, soberana felicidad. Por tu aplicación exclusiva a la oración, publicas su infinita Majestad y su Soberanía. Y tu testimonio es de tanto mayor alcance cuanto tu vida está más oculta y silenciosa en la contemplación de esta sobrecogedora trascendencia de Dios.
Su irradiación sobrepuja infinito el conocimiento que de ella alcanzan los hombres. Al testimonio no le basta ser dado, tiene que ser acogido. No es cuestión de reportaje, es cuestión de gracia. Sólo .Dios abre los ojos a la luz. Por brillante que sea, el ciego no la percibe. El Verbo venido a este mundo “era la luz de los hombres, y la luz ha brillado en las tinieblas y las tinieblas no han podido alcanzarla” (Juan ,15). Con oración y sacrificios merecerás a los demás la gracia de ser dóciles al testimonio. Mucho predicó Jesús; atribuye el fruto de su apostolado a la oblación muda del Calvario: “Cuando fuere levantado de la tierra, atraeré a todos a mí” (Juan 12,32).
Eres verdaderamente un precursor que abre camino. Pero te hace falta una fe que traslada montes para creer en semejante eficiencia en un contexto vital tan modesto y descarnado.
Juan creyó en su misión; cree tú en la tuya. No se buscó a sí mismo; nada hizo por dejar su soledad y deslizarse en el séquito privilegiado de Jesús. Amigo del Esposo como era, se regocijó del júbilo del Esposo, contentándose él con el terrible aislamiento de las mazmorras de Maqueronte, de donde no salió más que para el cara a cara de la eternidad. El que Jesús no le haya llamado al Colegio Apostólico, a la fundación de la Iglesia, a la dicha de su intimidad, no arguye menos amor. De ninguno de los Apóstoles hizo panegírico mayor que del que calificó “más que profeta”. “Oseas aseguró que no ha surgido entre los hijos de mujer uno mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11,9-11). Tenía que ser el modelo alentador de las almas que renunciarían a todo incluso a la suavidad de los favores divinos, para que sea glorificado en ellas y por ellas el Dios mismo de toda consolación. No es poco olvidarse hasta ese extremo y aguantar en el desierto esa suprema austeridad del silencio de Dios, sin que se cuarteen ni la fe ni la esperanza.
El Precursor supo comprender la actitud misteriosa de Jesús respecto de él, y, en la robustez serena de su fe “por Cristo” –tan distante – “abundaba su consolación” (cf. 2 Corintios 1,5). Su felicidad no fue otra que la aurora de la salud del mundo (cf. Lucas 2,29-32). Como no ha recibido ministerio alguno en la nueva economía, se oculta en el silencio de la contemplación. De hecho, el amigo del Esposo es también la Esposa, y desde la Visitación no ha salido de la cámara nupcial en que el Verbo la colma de claridades...
Sea la luz de tu oscuro sendero la máxima de San Juan de la Cruz: “El amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado?’ (Punto de amor, nº 36).

22 de octubre de 2011

Homilia del Papa Bendicto XVI, en la Cartuja de San Bruno...



Ofrecemos la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el 10 de octubre de 2011 durante el rezo de vísperas en la Cartuja de San Bruno, durante su visita pastoral a Lamezia Terme y Serra San Bruno, en Calabria (Italia).

Venerados Hermanos en el Episcopado,

queridos hermanos cartujos,hermanos y hermanas,

Doy gracias al Señor que me ha traido a este lugar de fe y de oración, la Cartuja de Serra San Bruno. Al renovar mi saludo reconocido a monseñor Vincenzo Bertolone, arzobispo de Catanzaro-Squillace, me dirijo con gran afecto a esta comunidad cartuja, a cada uno de sus miembros, a partir del Prior, padre Jacques Dupont, a quien doy las gracias de corazón por sus palabras, pidiéndole que haga llegar mi pensamiento grato y bendiciente al Ministro General y a las Monjas de la Orden.

Quisiera ante todo subrayar que esta visita mía se pone en continuidad con algunos signos de fuerte comunión entre la Sede Apostólica y la Orden Cartuja, que han tenido lugar durante el siglo pasado. En 1924 el Papa Pío XI emanó una Constitución Apostólica con la que aprobó los Estatutos de la Orden, revisados a la luz del Código de Derecho Canónico. En mayo de 1984, el beato Juan Pablo II dirigió al Ministro General una Carta especial, con ocasión del noveno centenario de la fundación por parte de san Bruno de la primera comunidad en la Chartreuse, cerca de Grenoble. El 5 de octubre de ese mismo año, mi amado Predecesor vino aquí, y el recuerdo de su paso entre estos muros está aún vivo. En la estela de estos acontecimiento pasados, pero siempre actuales, vengo hoy a vosotros, y quisiera que este encuentro nuestro pusiera de relieve un vínculo profundo que existe entre Pedro y Bruno, entre el servicio pastoral a la unidad de la Iglesia y la vocación contemplativa en la Iglesia. La comunión eclesial de hecho necesita una fuerza interior, esa fuerza que hace poco el padre prior recordaba citando la expresión "captus ab Uno", referida a san Bruno: "aferrado por el Uno", por Dios, "Unus potens per omnia", como hemos cantado en el himno de las Vísperas. El ministerio de los pastores toma de las comunidades contemplativas una linfa espiritual que viene de Dios.

"Fugitiva relinquere et aeterna captare": abandonar las realidades fugitivas e intentar aferrar lo eterno. En esta expresión de la carta que vuestro Fundador dirigió al Preboste de Reims, Rodolfo, se encierra el núcleo de vuestra espiritualidad (cfr Carta a Rodolfo, 13): el fuerte deseo de entrar en unión de vida con Dios, abandonando todo lo demás, todo aquello que impide esta comunión y dejándose aferrar por el inmenso amor de Dios para vivir sólo de este amor. Queridos hermanos, vosotros habéis encontrado el tesoro escondido, la perla de gran valor (cfr Mt 13,44-46); habéis respondido con radicalidad a la invitación de Jesús: “Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme" (Mt 19,21). Todo monasterio – masculino o femenino – es un oasis en el que, con la oración y la meditación, se excava incesantemente el pozo profundo del que tomar el “agua viva” para nuestra sed más profunda. Pero la Cartuja es un oasis especial, donde el silencio y la soledad son custodiados con particular cuidado, según la forma de vida iniciada por san Bruno y que ha permanecido sin cambios en el curso de los siglos. “Habito en el desierto con los hermanos”, es la frase sintética que escribía vuestro Fundador (Carta a Rodolfo, 4). La visita del Sucesor de Pedro a esta histórica Cartuja pretende confirmar no sólo a vosotros, que vivís aquí, sino a toda la Orden en su misión, de lo más actual y significativa en el mundo de hoy.

El progreso técnico, especialmente en el campo de los transportes y de las comunicaciones, ha hecho la vida del hombre más confortable, pero también más agitada, a veces convulsa. Las ciudades son casi siempre ruidosas: raramente hay silencio en ellas, porque un ruido de fondo permanece siempre, en algunas zonas también de noche. En las últimas décadas, además, el desarrollo de los medios de comunicación ha difundido y amplificado un fenómeno que ya se perfilaba en los años Sesenta: la virtualidad, que corre el riesgo de dominar sobre la realidad. Cada vez más, incluso sin darse cuenta, las personas están inmersas en una dimensión virtual a causa de mensajes audiovisuales que acompañan su vida de la mañana a la noche. Los más jóvenes, que han nacido ya en esta condición, parecen querer llenar de música y de imágenes cada momento vacío, casi por el miedo de sentir, precisamente, este vacío. Se trata de una tendencia que siempre ha existido, especialmente entre los jóvenes y en los contextos urbanos más desarrollados, pero hoy ha alcanzado un nivel tal que se habla de mutación antropológica. Algunas personas ya no son capaces de quedarse durante mucho rato en silencio y en soledad.

He querido aludir a esta condición sociocultural, porque esta pone de relieve el carisma específico de la Cartuja, como un don precioso para la Iglesia y para el mundo, un don que contiene un mensaje profundo para nuestra vida y para toda la humanidad. Lo resumiría así: retirándose en el silencio y en la soledad, el hombre, por así decirlo, se “expone” a la realidad de su desnudez, se expone a ese aparente “vacío” que señalaba antes, para experimentar en cambio la Plenitud, la presencia de Dios, de la Realidad más real que exista, y que está más allá de la dimensión sensible. Es una presencia perceptible en toda criatura: en el aire que respiramos, en la luz que vemos y que nos calienta, en la hierba, en las piedras... Dios, Creator omnium, atraviesa todo, pero está más allá, y precisamente por esto es el fundamento de todo. El monje, dejando todo, por así decirlo, “se arriesga”, se expone a la soledad y al silencio para no vivir de otra cosa más que de lo esencial, y precisamente viviendo de lo esencial encuentra también una profunda comunión con los hermanos, con cada hombre.

Alguno podría pensar que sea suficiente con venir aquí para dar este “salto”. Pero no es así. Esta vocación, como toda vocación, encuentra respuesta en un camino, en la búsqueda de toda una vida. No basta, de hecho, con retirarse a un lugar como éste para aprender a estar en la presencia de Dios. Como en el matrimonio, no basta con celebrar el Sacramento para convertirse en una cosa sola, sino que es necesario dejar que la gracia de Dios actúe y recorrer juntos la cotidianeidad de la vida conyugal, así el llegar a ser monjes requiere tiempo, ejercicio, paciencia, “en una perseverante vigilancia divina – como afirmaba san Bruno – esperando el regreso del Señor para abrirle inmediatamente la puerta" (Carta a Rodolfo, 4); y precisamente en esto consiste la belleza de toda vocación en la Iglesia: dar tiempo a Dios de actuar con su Espíritu y a la propia humanidad de formarse, de crecer según la medida de la madurez de Cristo, en ese particular estado de vida. En Cristo está el todo, la plenitud; necesitamos tiempo para hacer nuestra una de las dimensiones de su misterio. Podríamos decir que éste es un camino de transformación en el que se realiza y se manifiesta el misterio de la resurrección de Cristo en nosotros, misterio al que nos ha remitido esta tarde la Palabra de Dios en la lectura bíblica, tomada de la Carta a los Romanos: el Espíritu Santo, que resucitó a Jesús de entre los muertos, y que dará la vida también a nuestros cuerpos mortales (cfr Rm 8,11), es Aquel que realiza también nuestra configuración a Cristo según la vocación de cada uno, un camino que discurre desde la fuente bautismal hasta la muerte, paso hacia la casa del Padre. A veces, a los ojos del mundo, parece imposible permanecer durante toda la vida en un monasterio, pero en realidad toda una vida es apenas suficiente para entrar en esta unión con Dios, en esa Realidad esencial y profunda que es Jesucristo.

¡Por esto he venido aquí, queridos hermanos que formáis la comunidad cartuja de Serra San Bruno! Para deciros que la Iglesia os necesita, y que vosotros necesitáis a la Iglesia. Vuestro lugar no es marginal: ninguna vocación es marginal en el Pueblo de Dios: somos un único cuerpo, en el que cada miembro es importante y tiene la misma dignidad, y es inseparable del todo. También vosotros, que vivís en un aislamiento voluntario, estáis en realidad en el corazón de la Iglesia, y hacéis correr por sus venas la sangre pura de la contemplación y del amor de Dios.

Stat Crux dum volvitur orbis – así reza vuestro lema. La Cruz de Cristo es el punto firme, en medio de los cambios y de las vicisitudes del mundo. La vida en una Cartuja participa de la estabilidad de la Cruz, que es la de Dios, de su amor fiel. Permaneciendo firmemente unidos a Cristo, como sarmientos a la Vid, también vosotros, hermanos cartujos, estáis asociados a su misterio de salvación, como la Virgen María, que junto a la Cruz stabat, unida al Hijo en la misma oblación de amor. Así, como María y junto con ella, también vosotros estáis insertos profundamente en el misterio de la Iglesia, sacramento de unión de los hombres con Dios y entre sí. En esto vosotros estáis también singularmente cercanos a mi ministerio. Vele por tanto sobre nosotros la Madre Santísima de la Iglesia, y que el santo padre Bruno bendiga siempre desde el cielo a vuestra comunidad.

18 de octubre de 2011

Oración compuesta por Santa Gemma

Aquí me tenéis postrada a vuestros Pies Santísimos,

mi querido Jesús, para manifestaros en cada instante

mi reconocimiento y gratitud por tantos y tan contínuos favores

como me habéis otorgado y que todavía queréis concederme.

Cuántas veces os he invocado, ¡oh Jesús!,

me habéis dejado siempre satisfecha;

he recurrido a menudo a vos,

y siempre me habéis consolado .

¿Cómo podré expresaros mis sentimientos amado Jesús?

Os doy gracias ... pero otra gracia quiero de Vos.

¡Oh, Dios mío! , si es de vuestro agrado ...

(Aquí se manifiesta la gracia que se desea conseguir).

Si no fuérais Todopoderoso no os haría esta súplica .

¡Oh Jesús!, tened piedad de mí.

Hagase en todo vuestra santísima Voluntad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

28 de septiembre de 2011

No dejes de orar....Por Santa Angela de Foligno


Hijo mío querido, deseo ardientemente que tú renazcas y te renueves. Deseo que apartes totalmente de ti toda pereza y toda negligencia; deseo también, hijito mío, que no dejes de orar y velar y hacer toda obra buena, tanto si te fuere quitada la gracia como si la poseyeras.
Es cosa buena, hijo mío, y muy agradable a Dios que con el fervor de la gracia divina tú ores y veles y trabajes y te esfuerces en toda obra buena; pero es más grato y agradable a Dios si, al disminuir la grada de Dios o al serte quitada, no reduces tus oraciones, tus vigilias y las demás obras buenas.
Realiza sin la gracia las mismas cosas que realizabas con la gracia. De tal manera, hijo mío, si el ardor del fuego divino te solicita y te apremia a veces a orar, velar y obrar, cuando a Dios agrade quitarte ese ardor o ese fuego, por culpa tuya, como sucede a menudo, o para que su gracia en ti se dilate más y aumente, entonces debes esforzarte lo mismo por no rezar menos, ni velar menos, ni disminuir tu empeño en toda obra buena.

21 de septiembre de 2011

La virginidad...Por Santa Teresa del Niño jesús

«La virginidad es un silencio profundo de todas las preocupaciones de la tierra». No sólo de las preocupaciones inútiles, sino de todas las preocupaciones. Para ser virgen, no hay que pensar más que en el Esposo, que no admite a su lado nada que no sea virgen, «pues quiso nacer de una madre virgen, tener un precursor virgen,un tutor virgen, un amigo predilecto virgen, [2rº] y finalmente un sepulcro virgen».

19 de septiembre de 2011

El silencio... Por Madeleine Delbrél



Me parece imposible pensar en una vida evangélica sin querer que sea una vida de silencio y sin saber que ha de serlo.

Si señalamos de un extremo al otro del Evangelio todo lo que Jesús dijo sobre la «Palabra» de Dios, todo lo que dijo para que sea «recibida» y «escuchada», para que sea «guardada», para que «se cumpla» y para que sea «anunciada», enseguida tendremos la certeza de que la «buena nueva», para que sea conocida, vivida y comunicada, ha de ser acogida, recogida, llevada a lo más profundo de nosotros.

Y si es toda nuestra vida la que debe someterse al Evangelio de Jesucristo, si son todas sus palabras las que queremos tomar como guías en función de las circunstancias de la vida, será imposible si toda nuestra vida no hace silencio.

15 de septiembre de 2011

Fiesta de Ntra. Señora de los Dolores.....Por San Romano, El Cantor.


Venid todos, celebremos a Aquél que fue crucificado por nosotros. María le vio atado en la Cruz: «Bien puedes ser puesto en Cruz y sufrir—le dijo Ella—; pero no por eso eres menos Hijo mío y Dios mío».

Como una oveja que ve a su pequeño arrastrado al matadero, así María le seguía, rota de dolor. Como las otras mujeres, Ella iba llorando: «¿Dónde vas Tú, Hijo mío? ¿Por qué esta marcha tan rápida? ¿Acaso hay en Caná alguna otra boda, para que te apresures a convertir el agua en vino? ¿Te seguiré yo, Niño mío?
¿O es mejor que te espere? Dime una palabra, Tú que eres la Palabra; no me dejes así, en silencio, oh Tú, que me has guardado pura, Hijo mío y Dios mío».

«Yo no pensaba, Hijo de mi alma, verte un día como estás: no lo habría creído nunca, aun cuando veía a los impíos tender sus manos hacia Ti. Pero sus niños tienen aún en los labios el clamor: ¡Hosanna!, ¡seas bendito! Las palmas del camino muestran todavía el entusiasmo con que te aclamaban. ¿Por qué, cómo ha sucedido este cambio? Oh, es necesario que yo lo sepa. ¿Cómo puede suceder que claven en una Cruz a mi Hijo y a mi Dios?».

«Oh Tú, Hijo de mis entrañas: vas hacia una muerte injusta, y nadie se compadece de Ti. ¿No te decía Pedro: aunque sea necesario morir nunca te negaré? Él también te ha abandonado. Y Tomás exclamaba: muramos todos contigo. Y los otros, apóstoles y discípulos, los que deben juzgar a las doce tribus, ¿dónde están ahora? No está aquí ninguno; pero Tú, Hijo mío, mueres en soledad por todos. Abandonado. Sin embargo, eres Tú quien les ha salvado; Tú has satisfecho por todos ellos, Hijo mío y Dios mío».

Así es como María, llena de tristeza y anonadada de dolor, gemía y lloraba. Entonces su Hijo, volviéndose hacia Ella, le habló de esta manera: «Madre, ¿por qué lloras? ¿Por qué, como las otras mujeres, estás abrumada? ¿Cómo quieres que salve a Adán, si Yo no sufro, si Yo no muero? ¿Cómo serán llamados de nuevo a la Vida los que están retenidos en los infiernos, si no hago morada en el sepulcro? Por eso estoy crucificado, Tú lo sabes; por esto es por lo que Yo muero».

«¿Por qué, lloras, Madre? Di más bien, en tus lágrimas: es por amor por lo que muere mi Hijo y mi Dios».

«Procura no encontrar amargo este día en el que voy a sufrir: para esto es para lo que Yo, que soy la dulzura misma, he bajado del cielo como el maná; no sobre el Sinaí, sino a tu seno, pues en él me he recogido. Según el oráculo de David: esta montaña recogida soy Yo; lo sabe Sión, la ciudad santa. Yo, que siendo el Verbo, en ti me hice carne. En esta carne sufro y en esta carne muero. Madre, no llores más; di solamente: si Él sufre, es porque lo ha querido, Hijo mío y Dios mío».

Respondió Ella: «Tú quieres, Hijo mío, secar las lágrimas de mis ojos. Sólo mi Corazón está turbado. No puedes imponer silencio a mis pensamientos. Hijo de mis entrañas, Tú me dices: si Yo no sufro, no hay salvación para Adán... Y, sin embargo, Tú has sanado a tantos sin padecer. Para curar al leproso te fue suficiente querer sin sufrir. Tú sanaste la enfermedad del paralítico, sin el menor esfuerzo. También hiciste ver al ciego con una sola palabra, sin sentir nada por esto, oh la misma Bondad, Hijo mío y Dios mío».

El que conoce todas las cosas, aun antes de que existan, respondió a María: «Tranquilízate, Madre: después de mi salida del sepulcro, tú serás la primera en verme; Yo te enseñaré de qué abismo de tinieblas he sido librado, y cuánto ha costado. Mis amigos lo sabrán: porque Yo llevaré la prueba inscrita en mis manos. Entonces, Madre, contemplarás a Eva vuelta a la Vida, y exclamarás con júbilo: Son mis padres!, y Tú les has salvado, Hijo mío y Dios mío».

14 de septiembre de 2011

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz..... Por San Juan Damasceno

La cruz se nos ha dado como señal en la frente al igual que a  Israel la circuncisión, pues por ella los fieles nos diferenciamos de los infieles y nos damos a conocer a los demás. Es el escudo, el  arma y el trofeo contra el demonio. Es el sello para que no nos  alcance el ángel exterminador, como dice la Escritura (cfr. Ex 9, 12). Es el instrumento para levantar a los que yacen, el apoyo de los que se mantienen en pie, el bastón de los débiles, la vara de los que son apacentados, la guía de los que se dan la vuelta hacia  atrás, el punto final de los que avanzan, la salud del alma y del  cuerpo, la que ahuyenta todos los males, la que acoge todos los bienes, la muerte del pecado, la planta de la resurrección, el árbol de la vida eterna.

Así, pues, ante este leño precioso y verdaderamente digno de veneración, en el que Cristo se ofreció como hostia por nosotros, debemos arrodillarnos para adorarlo, porque fue santificado por el contacto con el cuerpo y sangre santísimos del Señor. También hemos de obrar así con los clavos, la lanza, los vestidos y los sagrados lugares donde el Señor ha estado: el pesebre, la cueva, el Gólgota que nos ha traído la salvación, el sepulcro que nos ha donado la vida, Sión, fortaleza de la Iglesia, y otros lugares semejantes, según decía David, antepasado de Dios según la carne: entraremos en sus mansiones, adoraremos en el lugar donde estuvieron sus pies (Sal 131, 7).

Las palabras que se exponen a continuación demuestran que David se refiere a la cruz: levántate, Señor, a tu descanso (Ibid., 8).

La resurrección sigue a la cruz. Pues si entre las cosas queridas estimamos la casa, el lecho y el vestido, ¿cuánto más queridas serán para nosotros, entre las cosas de Dios y de nuestro Salvador, las que nos han procurado la salvación?

¡Adoremos la imagen de la preciosa y vivificante cruz, de cualquier materia que esté compuesta! Porque no veneramos el objeto material— ¡no suceda esto nunca!—, sino lo que representa: el símbolo de Cristo. Él mismo, refiriéndose a la cruz, advirtió a sus discípulos: entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo (Mt 24, 30). Y, por eso, el ángel que anunciaba la Resurrección dijo a las mujeres: buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado (Mc 16, 6). Y el Apóstol: nosotros anunciamos a Cristo crucificado (2 Cor 2, 23). Hay muchos Cristos y muchos Jesús, pero uno solo es el crucificado. No dijo atravesado por la lanza, sino crucificado. Hay que adorar, por tanto, el símbolo de Cristo; donde se halle su señal, allí también se encontrará Él. Pero la materia con que esté construida la imagen de la cruz, aunque sea de oro o de piedras preciosas, no hay que adorarla después de que se destruya la figura. Adoramos todas las cosas consagradas a Dios para rendirle culto.

El árbol de la vida, el plantado por Dios en el Paraíso, prefiguró esta venerable cruz. Puesto que por el árbol apareció la muerte (Gn 2 y 3), convenía que por el árbol se nos diera la vida y la resurrección. Jacob, que fue el primero en adorar el extremo de la vara de José, designó la cruz, porque al bendecir a sus hijos con las manos asidas al bastón, delineó clarísimamente la señal de la cruz.

También la prefiguran la vara de Moisés, después de golpear el mar trazando la figura de la cruz, de salvar a Israel y de sumergir al Faraón; sus manos extendidas en forma de cruz y que pusieron en fuga a Amalec; el agua endulzada por el leño y la roca agrietada de la que fluía un manantial; la vara de Aarón, que sancionaba la dignidad de su jerarquía sacerdotal; la serpiente hecha, según la costumbre de los trofeos, sobre madera, como si estuviera muerta (aunque esta madera fue la que dio la salvación a los que con fe veían muerto al enemigo), como Cristo fue clavado con carne incapaz de pecado. El gran Moisés exclamó: veréis vuestra vida colgada en el leño ante vuestros ojos (Dt 28, 66). E Isaías: todo el
día extendí mis manos ante el pueblo que no cree y que me contradice (Is 15, 2).

¡Ojalá los que adoramos la cruz participemos de Cristo  crucificado!

9 de septiembre de 2011

La ley de Cristo sólo pueden vivirla..... Por Madeleine Delbrél

La ley de Cristo sólo pueden vivirla los corazones mansos y humildes. En el amor filial a Dios y fraternal a los hombres, la mansedumbre y la humildad son los rasgos del propio Jesucristo.

Sean cuales sean sus dotes personales, su lugar en la sociedad, sus funciones o sus bienes, su clase o su raza; sea cual sea el desarrollo del poder y de la ciencia humanos; sea cual sea el descubrimiento de la prodigiosa evolución de la humanidad y de su historia, los cristianos siguen siendo gente insignificante:
pequeños.

Pequeños ante Dios, por haber sido creados por él y depender de él. Sean cuales sean los caminos de su vida y sus bienes, Dios está en el origen y en el fin de toda realidad.

Mansos como niños débiles y amantes, cerca del Padre fuerte y amoroso.

Pequeños porque se saben delante de Dios; saben pocas cosas; son capaces de poco; son limitados en conocimientos y en amor.

No discuten la voluntad de Dios en los acontecimientos que les ocurren, ni lo que Cristo les ha mandado hacer para que en esos acontecimientos hagan la voluntad de Dios.

Mansos como actores confiados y activos en una obra cuya grandeza se les escapa, pero en la que conocen su cometido.

Pequeños ante los hombres. Pequeño, no un gran hombre, no importante: sin privilegios, sin derechos, sin posesiones, sin superioridad... Mansos por ser tiernamente respetuosos con lo que Dios ha hecho, que está herido y violado por la violencia. Mansos porque ellos mismos son víctimas del mal y están contaminadospor él.

Todos tienen vocación de perdonados, no de inocentes.

El cristiano está destinado al combate. No tiene privilegios, sino la misión de triunfar sobre el mal; no tiene derechos, sino el deber de luchar contra la desgracia, consecuencia del mal.

Para ello no posee más que un arma: su fe. Una fe que debe anunciar; una fe que transforma el mal en bien si él recibe el sufrimiento como una energía salvadora del mundo: si para él morir es dar la vida; si hace suyo cualquier dolor del prójimo.

[...] En el tiempo, por su palabra y por sus actos, por su sufrimiento y por su muerte, trabaja como Cristo, con Cristo y por Cristo.

8 de septiembre de 2011

Sólo sé una cosa......Por San Rafael Arnaiz

Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias… Sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría..., mí cruz..., la Cruz de Jesús. Esa Cruz que es mi único descanso..., ¡cómo explicarlo! Quien esto no haya sentido..., ni remotamente podrá sospechar lo que es.

Ojalá los hombres todos amaran la Cruz de Cristo... ¡Oh! si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la Cruz de Cristo...! Cuántas almas, aun religiosas, ignoran esto... ¡qué pena!

7 de septiembre de 2011

8 de septiembre: Natividad de la Santísima Virgen María


Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.



Canten hoy pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.



Dignan, Señora de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.




Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.



Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense desde ahora,
para cuando venga Dios.



Y nosotros que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también
el corazón y las manos.



Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.

4 de septiembre de 2011

¿No podéis hacer nada en la oración?... Por Santa Margarita Alacoque

"¿No podéis hacer nada en la oración? Contentaos con ofrecer la que este divino Salvador hace por nosotros en el Sacramento del altar, ofreciendo sus afectos en reparación de vuestra tibieza, y decid en cada acción: Dios mío, yo quiero hacer o padecer esto en el Sagrado Corazón de vuestro Hijo, y según sus santas intenciones, las cuales os ofrezco para resarcir las miserias e imperfecciones de las mías. Y así, en todo lo demás. Y cuando os sobrevenga alguna pena o mortificación, alentaos y decid: Toma lo que el Sagrado Corazón te envía para unirte a El. Y procurad ante todo conservar la paz del corazón, que vale más que todos los tesoros del mundo. El modo de conservarla es negar vuestra voluntad y poner en su lugar la de este adorable Corazón, para que El quiera por nosotros lo que sea más para su gloria, contentándonos con sometemos y abandonamos a El. En una palabra, este Divino Corazón suplirá todo lo que falte; El amará a Dios por vos, y vos le amaréis en El y por El."

30 de agosto de 2011

Entréme donde no supe.... Por San Juan de la Cruz

Entréme donde no supe:
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.


1. Yo no supe dónde estaba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

2. De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.

3. Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo.

4. El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

5. Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

6. Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

7. Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

8. Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.


 





28 de agosto de 2011

Piensa en la aceptación...Por el Padre Pío.



Piensa en la aceptación de Jesús en el Monte de los Olivos y cuánto le costó, llevándolo a sudar gotas de sangre. Repite este gesto cuando las cosas te van bien y también cuando te van mal. No te inquietes ni preocupes por el modo en que lo realizarás. Sabemos que naturalmente nos alejamos de la cruz cuando las cosas son difíciles, pero no podemos decir que el espíritu no se adhiere a la voluntad de Dios cuando lo vemos cargar esa voluntad a pesar de la fuerte resistencia que siente por ir en la dirección opuesta.
Si tu voluntad no quiere rebelarse, aunque le cueste, debes estar segura de que, en cierto modo, has aceptado la voluntad de Dios.
  • Carta a Raffaelina Cerase del 30 de enero de 1915.

8 de agosto de 2011

La ciencia del amor....Por Santa Teresa del Niño Jesús

¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de los Cantares, que no he dado nada todavía... Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono.

Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina . Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre... «El que sea pequeñito, que venga a mí», dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu de amor dijo también que «a los pequeños se les compadece y perdona». Y, en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día «el Señor apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los estrechará contra su pecho». Y como si todas esas promesas no bastaran, el mismo profeta, cuya mirada inspirada se hundía ya en las profundidades de la eternidad, exclama en nombre del Señor: «Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas os acariciaré».

  • En Historia de un alma

25 de julio de 2011

Para hacer levantar el alma de la imperfección. Por Santa Catalina de Siena de los Diálogos

Para hacer levantar el alma de la imperfección, la privo del sentimiento de mi presencia, quitándole el consuelo que antes tenía, pero no mi gracia. Y lo hago para hacerla humilde, para que se ejercite en buscarme a mí de verdad, para probarla a la luz de la fe, y que de este modo se haga prudente. Entonces, si ella me ama sin interés propio, con fe viva y con desprecio de sí misma, en el tiempo del
trabajo goza, considerándose indigna de la paz y sosiego de espíritu.

El alma que ha llegado a la perfección, aun cuando sienta que yo me he retirado de ella, no retrocede. Al contrario, persevera con humildad en la práctica de las virtudes, se conoce a sí misma, y espera la venida del Espíritu Santo, fuego de caridad. ¿Cómo espera? No ociosa, sino en vigilia continua y santa oración.

Así obra el alma que ha salido de la imperfección y ha llegado a la perfección.

Me alejé también de ella para que viese y conociese su inmenso vacío, puesto que, privada del consuelo, experimenta aguda aflicción, se siente débil, sin firmeza y sin posibilidad de perseverar, y en estas mismas miserias descubre la raíz de su amor propio espiritual. Todo esto le sirve para conocerse y levantarse sobre sí misma. Así extirpa la raíz del amor propio.

20 de julio de 2011

La vida de San Charbel....




ORACIÓN A SAN CHARBEL
Dios, infinitamente santo y glorificado en medio de tus santos. Tú que inspiraste al santo monje y ermitaño Chárbel para que viviese y muriese en perfecta unión con Jesús Cristo, dándose la fuerza para renunciar al mundo y hacer triunfar desde su ermita, el heroísmo de sus virtudes monásticas: pobreza, obediencia y santidad. Te imploramos nos concedas la gracia de amarte y servirte siguiendo su ejemplo.

Dios Todopoderoso, Tú que has manifestado el poder de la intercesión de San Chárbel a través de sus numerosos milagros y favores, concédenos la gracia que te imploramos por su intercesión (....) Amén. (Padrenuestro, Ave María y Gloria).

19 de julio de 2011

"Por qué no seremos santos"....Por la Madre Maravillas de Jesús.

¡Dios mío, por qué no seremos santos de verdad para dar al Señor ese consuelo, ya que tantísimas almas creadas por Él con tanto amor y que tanto le han costado, se le cierran!
Complicamos nosotros la santidad y es muy sencilla: nada más que dejarse, confiada y amorosamente en los brazos de Dios, queriendo y haciendo en cada momento lo que creemos que Él quiere. Claro, que cuesta, pero es una cosa muy buena para que podamos probarle nuestro amor.

17 de julio de 2011

Humildad y pureza.... Por el Padre Pio

Humildad y pureza en el modo de comportarse son las dos alas que nos elevan a Dios y en cierto modo nos divinizan. Recuerda esto: el pecador que se avergüenza de haber pecado está más cerca de Dios que el hombre honrado que se avergüenza de hacer el bien.

16 de julio de 2011

Fiesta de Ntra Señora del Carmen...


SALVE CARMELITANA

Santísima Madre de Dios,
lámpara de luz celestial,
Mediadora  de todos los hombres.

Oh María, Señora de los cielod,
Flor de las vírgenes,
Reina del mundo y de los corazones.

Oh lirio angelical,
Salvaguardia de la castidad,
Tú, símbolo de pureza,
Tesoro de bondad.

Oh Rosa de justicia.
Tú, Violeta de hermosura,
Espejos de justicia,
Dechado de templanza.

Baluarte de justicia,
Balanza de rectitud.
Tú, segura esperanza de todos.
Tú, columna de fe.

Tú, consuelo de los tristes,
Tú, asilo de los reos,
Tú, prudencia de los pobres,
Tú, alegría de los justos.

Tú, principio de humildad,
Tú, perfección de santidad.
Ruega por nosotros,
ahora y siempre. Amén.

15 de julio de 2011

Todos los mandamientos.....Por el Meister Eckhart

Todos los mandamientos de Dios provienen del amor y de la bondad de su naturaleza; si no provinieran del amor, no podrían ser mandamientos de Dios. Pues el mandamiento de Dios es la bondad de su naturaleza, y su naturaleza es su bondad en su mandamiento. Luego, quienquiera que mora en la bondad de su naturaleza, mora en el amor de Dios; y el amor no tiene porqué. Si yo tuviera un amigo y lo amara para que me hiciese el bien y me complaciese del todo, no amaría a mi amigo sino a mí mismo. He de amar a mi amigo a causa de su propia bondad y su propia virtud y por todo cuanto es en sí mismo, entonces amo a mi amigo como se debe, cuando lo amo así como acabo de decir. Exactamente lo mismo sucede con el hombre que se mantiene en el amor de Dios, que no busca nada de lo suyo, ni en Dios ni en sí mismo ni en cualquier cosa que fuera, y que ama a Dios solo por su propia bondad y por la bondad de su naturaleza y por todo cuanto Él es en sí mismo.

14 de julio de 2011

La amistad...Por San Ambrosio

Hijos míos, sed fieles a la amistad verdadera con vuestros hermanos, porque nada hay más hermoso en las relaciones humanas. Ciertamente consuela mucho en esta vida tener un amigo a quien abrir el corazón, desvelar los propios secretos y manifestar las penas del alma; alivia mucho poseer un hombre fiel que se alegre contigo en la prosperidad, comparta tu dolor en la adversidad y te sostenga en los momentos difíciles. ¡Qué hermosa es la amistad de los tres muchachos hebreos! Ni siquiera la llama del horno fue capaz de separar sus corazones. Bien a propósito escribió el santo David: Saúl y Jonatán, hermosos y queridísimos, inseparables durante la vida, tampoco se separaron en la muerte (2 Sam 1, 23).

12 de julio de 2011

13 de julio día Santa Teresa de Los Andes.

"Creo que en el amor está la santidad. Quiero ser santa. Luego me entregaré al amor, ya que éste purifi­ca, sirve para expiar. El que ama no tiene otra voluntad sino la del amado; luego yo quiero hacer la voluntad de Jesús. El que ama se sacrifica. Yo quiero sacrifi­carme en todo. No me quiero dar nin­gún gusto. Quiero inmolarme constantemente para parecerme a Aquél que sufre por mi y me ama. El amor obedece sin réplica. El amor es fiel. El amor no vacila. El amor es el lazo de unión de dos almas. Por el amor me fundiré en Jesús. "

31 de mayo de 2011

Si su naturaleza.... Por Isabel de la Trinidad

Si su naturaleza es el motivo del combate-el campo de batalla-, no se desanime ni se entristezca. Hasta me atreveré a decirle que ame su misma miseria, porque ella dará ocasión  al Señor de ejercer su misericordia. Cuando la consideración de intente sumergirle en la tristeza o trate de hacerla replegar sobre sí misma, crea que es fruto del amor propio.



En los momentos de debilidad acuda a refugiarse en la oración de Jesús. Cuando estaba clavado en la Cruz la estaba viendo a Ud, por Ud rogaba, y aquella oración continúa viva y sin interrupción ante los ojos del Padre celestial; ella la salvará a usted de todas sus miserias. Cuanto más experimente su flaqueza tanto más debe aumentar su confianza en Él. El sólo ha de ser su único apoyo.

30 de mayo de 2011

Altisimo y omnipotente buen Señor... San Francisco de Asís

EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS

Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

Ay de aquellos que mueran
en pecado mortal.

Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad

29 de mayo de 2011

La vida es un combate.....Por un monje.



La vida es un combate: ¿no lo sabes ya? Si es necesario renunciarse, tomar la cruz, seguir a Jesús al Calvario, ¿hay de extrañarse de que haga falta luchar, sufrir, sangrar, llorar?
Tus dificultades vienen de tu entorno, de tu empleo, de tus propias miserias físicas y morales; de las tres cosas a la vez, quizás. En cuanto a la actitud de tu alma respecto a ellas, trázate de una vez por todas una decidida línea de conducta ante Dios. Y en los momentos de encuentro con esas miserias,
actúa en conformidad con la línea trazada. Los monólogos alarmistas no sirven para nada. Haz lo que puedas; abandona el resto a la misericordia de Dios. “Dios lo sabe todo. Lo puede todo, y me ama”: He aquí lo que justifica el abandono.
Vive al calor de la luz del Salmo XXII: “El Señor es mi pastor; nada me falta”.Cada noche, te dormirás murmurando: “Ten confianza: ¡no te ocurrirá nada malo!”.

17 de mayo de 2011

En la Eucaristía está....Por Santa Teresa de Los Andes

En la Eucaristía está, vive ese Jesús entre nosotros; ese Dios que lloró, gimió y se compadeció de nuestras miserias. Ese pan tiene un corazón divino con las ter­nuras de pastor, de padre, de madre, y de esposo y de Dios... Escuchémos­le, pues El es la Verdad. Mirémosle, pues El es la fiso­nomía del Padre. Amémosle, que es el amor dándose a sus criatu­ras. El viene a nuestra alma para que desaparezca en El, para endiosarla. ¿Qué unión, por grande que sea, puede ser compara­ble a ésta? Yo como a Jesús. El es mi alimento. Soy asimilada por El. ¡Qué dicha más inmensa es ésta: estrecharlo contra nuestro corazón, siendo El nuestro Dios!

30 de abril de 2011

Por medio de Cristo. ...Por San Buenaventura.

De aquí es que, por muy iluminado que uno esté por la luz de la razón natural y de la ciencia adquirida, no puede entrar en sí para gozarse en el Señor si no es por medio de Cristo, quien dice: Yo soy la puerta. El que por mi entrare se salvará, y entrará, y saldrá, y hallará pastos. Mas a esta puerta no nos acercamos sino creyéndole, esperándole, amándole. Por lo tanto, si queremos entrar de nuevo en la fruición de la Verdad, como en otro paraíso, es necesario que ingresemos mediante la fe, esperanza y caridad del mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, quien viene a ser el árbol de la vida plantado en medio del paraíso.
  • San Buenaventura en Itinerario de la mente a Dios.

29 de abril de 2011

La vía maestra...... Por San Basilio el Grande


La vía maestra para descubrir nuestro camino es la lectura frecuente de las Escrituras inspiradas por Dios. Allí, en efecto, se hallan todas las normas de conducta. Además, la narración de la vida de los hombres justos, transmitida como imagen viva del modo de cumplir la voluntad de Dios, se nos pone ante los ojos para que imitemos sus buenas acciones. Y así cada uno, considerando aquel aspecto de su carácter que más necesita de mejora, encuentra la medicina capaz de sanar su enfermedad, como en un hospital abierto a todos.

26 de abril de 2011


En estos días festivos de la Pascua de Nuestro Señor, recordamos en su día a San Rafael Arnaiz. Este santo trapense es un hermano cercano para nosotros que vivió con heroicidad las virtudes cristianas. Intercede desde el cielo por nosotros.

"Quisiera que Tu vida fuera mi única Regla. Tu amor Eucarístico, mi único alimento. Tu Evangelio, mi único estudio. Tu Amor, mi única razón de vivir. Quisiera dejar de vivir, si vivir pudiera sin amarte. Quisiera morir de amor, ya que solo de amor vivir no puedo"

San Rafael Arnaíz

24 de abril de 2011


Queridos amigos y hermanos lectores: les deseo de corazón una
 Feliz Pascua de Resurrección.
La muerte ha sido vencida.
Cristo es la Vida inmortal.

26 de febrero de 2011

Todas las obras y milagros de Cristo...Por San Juan Damasceno

Todas la obras y milagros de Cristo son sobresalientes, divinos y  admirables; pero lo más digno de admiración es su venerable cruz. Porque por ninguna otra causa se ha abolido la muerte, se ha extinguido el pecado del primer padre, se ha expoliado el Infierno, se nos ha entregado la resurrección, se nos ha concedido la fuerza de despreciar el mundo presente y la muerte misma, se ha enderezado nuestro regreso a la primitiva felicidad, se han abierto las puertas del Paraíso, se ha situado nuestra naturaleza junto a la diestra de Dios, y hemos sido hechos hijos y herederos suyos, no  por ninguna otra causa—repito—más que por la cruz de nuestro Señor Jesucristo. La cruz ha garantizado todas estas cosas: todos los que fuimos bautizados en Cristo, dijo el Apóstol, fuimos bautizados en su muerte (Rm 6, 3). Todos los que fuimos bautizados en Cristo nos revestimos de Cristo (Gal 3, 27). Cristo es la virtud y la sabiduría de Dios (2 Cor 1, 24).

Por tanto, la muerte de Cristo, es decir, la cruz, nos ha revestido de la auténtica sabiduría y potencia divina. El poder de Dios es la palabra de la cruz, porque por ésta se nos ha manifestado la potencia de Dios, es decir, la victoria sobre la muerte; y del mismo modo que los cuatro extremos de la cruz se pliegan y se encierran en la parte central, así lo elevado y lo profundo, lo largo y lo ancho, esto es, toda criatura visible e invisible, es abarcada por el poder de Dios.



23 de febrero de 2011

¡Qué grande es nuestra alma!.... Por Santa Teresa del Niño Jesús

¡Qué grande es nuestra alma...! Elevémonos por encima de lo que es pasajero, mantengámonos a distancia de la tierra. Allá arriba el aire es puro. Jesús se esconde, pero se le adivina... Derramando lágrimas, enjugamos las suyas, y la Santísima Virgen sonríe. ¡Pobre Madre! ¡Ha sufrido tanto por causa nuestra! Justo es que nosotros la consolemos un poco llorando y sufriendo con ella... Esta mañana leí un pasaje del Evangelio donde se dice: «No he venido a traer paz, sino espada». No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzaspara ello, Jesús combate por nosotras...

  • En carta a Celina/ 23 de julio de 1888.

21 de febrero de 2011

Al amor verdadero.......Por el Meister Eckhart

Al amor verdadero y perfecto hay que conocerlo por si uno tiene gran esperanza y confianza en Dios. Porque no existe nada mejor que la confianza para saber si se tiene un amor íntegro. Pues, cuando alguien ama grande y perfectamente a otro, se produce confianza; porque todo cuanto uno se anima a creer de Dios lo encuentra de veras en Él y [aún] mil veces más. Y así como un hombre nunca puede amar demasiado a Dios, tampoco puede confiar jamás demasiado en Él. Todo cuanto se haga, no es tan provechoso como [tener] una gran confianza en Dios. Nunca dejó de obrar grandes cosas con quienes alguna vez lograron tenerle una gran confianza. En todas estas personas ha demostrado claramente que esta confianza proviene del amor; pues [el] amor no sólo tiene confianza sino que posee también un saber genuino y una seguridad carente de dudas.

18 de febrero de 2011

Oh hijo amadísimo, si anhelas la luz de la gracia....Por Angela de Foligno

                             
Oh hijo amadísimo, si anhelas la luz de la gracia de Dios, si quieres alejar tu corazón de todos los afanes, si quieres domar las nocivas tentaciones, y si deseas ser perfecto en el camino de Dios, no tardes en correr a la cruz de Cristo.

En verdad no hay otro camino reservado a los hijos de Dios, a través del cual puedan hallar a Dios, y una vez hallado, conservarlo, a no ser el camino y la vida del Dios-Hombre crucificado. Lo repito a menudo, y lo afirmo una vez más: El es el libro de la vida, a cuya lectura nadie puede acercarse sino a través de. la continua oración. La oración constante ilumina al alma, la eleva y la transforma.

Iluminada por la luz captada en la oración, el alma ve claramente el camino preparado para Cristo y hollado por los pies del Crucificado. Cuando el alma lo recorre con el corazón dilatado, no sólo se aleja de las abrumadoras preocupaciones del mundo, sino que se eleva también por encima de sí misma hasta saborear las dulzuras de Dios. Y así elevada, se inflama con el fuego de Dios; y luego así iluminada, elevada e inflamada, se transforma en el Dios-Hombre. Todo esto se halla en-la meditación de la Cruz.