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El sabor de la experiencia. Don Gigo el Cartujo

Señor, a quien nadie puede ver sino los corazones puros (Mt 5,8), yo busco, por medio de la lectura y de la meditación, lo que es la verdadera pureza de corazón y cómo es posible obtenerla para ser capaz, gracias a ella, de conocerte, aunque sea muy poco. He buscado tu rostro, Señor, he buscado tu rostro (sl 26,8). He meditado mucho en mi corazón, y un fuego se ha encendido en mi meditación: el deseo de conocerte más. Cuando partes para mí el pan de las sagradas Escrituras, me eres conocido en esta fracción del pan (Lc 24,30-35). Y cuanto más te conozco, más deseo conocerte, no solamente en la corteza de la letra, sino en el sabor de la experiencia. Guigo el Cartujo. Carta sobre la vida contemplativa

Nuestra Señora de Lourdes. Benedicto XVI

Iluminar el mundo. Santa Hildegarda de Bingen

No volver para atrás. Amma Sincletica

Creer y confiar. Juan Tauler

Aferrarnos a Dios

Mirar el crucifijo. Santa Isabel de la Trinidad

El corazón en lo espiritual. Por un Carmelita

Un corazón fortificado. San Antonio Abad

Conocimiento de sí mismo. San Bernardo

Vuelve al buen camino. Santo Padre Pío

En las penas y dolores. Fray Lorenzo de la Resurrección

Amarte como tú me amas. Santa Teresa del Niño Jesús

Por el Bautismo. Catecismo de la Iglesia Católica

Si perdonas a tu hermano. San Silvano del Monte Athos