Entradas

Él nos conduce y alienta. San Henry Newman

Cuando Dios viene a nosotros, cuando interviene en el mundo no nos percatamos al instante de su presencia ni sabemos dónde actúa en medio de nosotros sino tan sólo después, cuando miramos hacia atrás, hacia lo que ya se cumplió. (...) Prodigiosa providencia, en verdad, que se hace tan silenciosa siendo al mismo tiempo tan eficaz, tan constante, y sobre todo, infalible. Dios vela siempre por los suyos. El nos conduce y nos alienta en el progreso por un camino que ignoramos, sin saber en qué dirección avanzamos...Todo lo que tenemos que hacer es creer, dejarnos conducir sin ver plenamente el camino. Por la fe, colaboramos con Dios. Cardenal Newman. Sermón del 7 de mayo de 1837.

El arrepentimiento. Beato Columba Marmion

Crucificados a lo mundano. San Fulgencio de Ruspe

Un corazón puro. San Nectario de Egina

Llevar la Cruz de Cristo. San Juan de la Cruz

La Cuaresma es una invitación. San Juan Pablo II

El sabor de la experiencia. Don Gigo el Cartujo

Nuestra Señora de Lourdes. Benedicto XVI

Iluminar el mundo. Santa Hildegarda de Bingen

No volver para atrás. Amma Sincletica

Creer y confiar. Juan Tauler

Aferrarnos a Dios

Mirar el crucifijo. Santa Isabel de la Trinidad

El corazón en lo espiritual. Por un Carmelita

Un corazón fortificado. San Antonio Abad