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Oh mi Dios y mi Señor. Por Santa Brígida de Suecia

Oh mi Dios y mi Señor, ¡cuán dulces me son las palabras de vuestros labios! Siempre que oigo las palabras de vuestro Espíritu Santo, paréceme que mi alma las recibe con un sentimiento de inefable dulzura, como suavísimo manjar que cayera en mi corazón con gran gozo e inefable consuelo. También es de admirar, que cuando oigo vuestras palabras, quedo saciada y hambrienta: saciada, porque entonces nada me gusta sino ellas; y hambrienta, porque siempre se aumenta mi deseo de oirlas. Bendito, pues, seáis vos, mi Dios y Señor Jesucristo; dadme, Señor, vuestro auxilio, para que pueda emplear en agradaros todos los días de mi vida. Yo soy, respondió Jesucristo, sin principio y sin fin, y todas las cosas fueron creadas por mi poder y ordenadas por mi sabiduría, y todas también se rigen por mi providencia, no siéndome nada imposible, y todas mis obras están dispuestas con amor. Por tanto, demasiado duro tiene el corazón el que no quiere amarme ni temerme, siendo yo a la par el conservador y el ju…

Andaban como ovejas sin pastor. Por San Gregorio de Nisa

¿Qué importa sufrir y morir a cada instante en la tierra, si amamos?. Por Santa Teresa de Los Andes

Todo lo que pidáis a Dios. Por San Serafín de Sarov

Cristianismo y patriotismo. Por el Padre Alfredo Sáenz

¡Oh Madre, me consagro a Ti, todo a Ti, ahora y para siempre! Por el Card. Van Thuan

Santa María Goretti, mártir de la pureza. Por San Juan Pablo II

Para estar en unión con Dios en medio de las ocupaciones. Por San Antonio María Zaccaria

A los que perseveran. Por San Bernardo de Claraval

En este mundo que se ha alejado de Dios falta la paz. Por el Beato Pier Giorgio Frassati

Quedó proclamado el poder de Cristo. Por San Juan Crisóstomo

Jesús, la Sabiduría encarnada. San Luis María Grignion de Montfort

Esta Sangre, dignamente recibida, ahuyenta los demonios. Por San Juan Crisóstomo

A Jesús se lo reconoce por sus llagas. Por S.S. Bnedicto XVI

Letanías a la Sangre de Cristo. Por S. S. Juan XXIII