"La luz divina ilumina el corazón puro y el intelecto puro, pues son aptos para recibir la luz, mientras que los corazones y los intelectos impuros, no siendo aptos para recibir la iluminación, tienen aversión a la luz del conocimiento, la luz de la verdad: aman la oscuridad… Dios ama a los que tienen un corazón puro, escucha sus oraciones, accede a sus peticiones que conducen a la salud, se revela a ellos y les muestra los misterios de la naturaleza divina."
San Nectario de Egina

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