¡Dios escondido y siempre presente! Por Fray Alberto Justo


Cuando levantamos el alma o, mejor, el alma es levantada, aspirada, cada vez, acontece una nueva inmersión, una profundización que no se registra según los modos habituales, a los que estamos acostumbrados. Esto de nuestras costumbres es, en verdad, un problema. Cuando nos domiciliamos y permanecemos en los lugares comunes quedamos confundidos ante la Providencia y sus admirables sorpresas.

Esperamos, pues, con confianza. Es verdad. Pero Dios ya está aquí. Sí, ya ha llegado aunque no lo percibamos nosotros así. ¡Dios escondido y siempre presente! ¿No es maravilloso? Dios está. Dios es.

Fray Alberto Justo. En La lucha y el sosiego. Buenos Aires, Desierto interior. 2006.