Cuando levantamos el alma o, mejor, el alma es levantada, aspirada, cada vez, acontece una nueva inmersión, una profundización que no se registra según los modos habituales, a los que estamos acostumbrados. Esto de nuestras costumbres es, en verdad, un problema. Cuando nos domiciliamos y permanecemos en los lugares comunes quedamos confundidos ante la Providencia y sus admirables sorpresas.
Esperamos, pues, con confianza. Es verdad. Pero Dios ya está aquí. Sí, ya ha llegado aunque no lo percibamos nosotros así. ¡Dios escondido y siempre presente! ¿No es maravilloso? Dios está. Dios es.
Fray Alberto Justo. En La lucha y el sosiego. Buenos Aires, Desierto interior. 2006.
