![]() |
| Miércoles Santo/ Anuncio de la traición de Judas |
Mientras concluye el camino
cuaresmal, que comenzó con el miércoles de Ceniza, la liturgia del Miércoles
santo ya nos introduce en el clima dramático de los próximos días, impregnados
del recuerdo de la pasión y muerte de Cristo. En efecto, en la liturgia de hoy
el evangelista san Mateo propone a nuestra meditación el breve diálogo que tuvo
lugar en el Cenáculo entre Jesús y Judas. “¿Acaso soy yo, Rabbí?”, pregunta el
traidor del divino Maestro, que había anunciado: “Yo os aseguro que uno de vosotros me
entregará”. La respuesta del Señor es lapidaria: “Sí, tú lo has dicho” (cf. Mt 26, 14-25). Por
su parte, san Juan concluye la narración del anuncio de la traición de Judas
con pocas, pero significativas palabras:
“Era de noche” (Jn13, 30).
Cuando el traidor abandona el
Cenáculo, se intensifica la oscuridad en su corazón —es una noche interior—, el
desconcierto se apodera del espíritu de los demás discípulos —también ellos van
hacia la noche—, mientras las tinieblas del abandono y del odio se condensan
alrededor del Hijo
del Hombre, que se dispone a
consumar su sacrificio en la cruz.
En los próximos días
conmemoraremos el enfrentamiento supremo entre la Luz y las Tinieblas, entre la
Vida y la Muerte. También nosotros debemos situarnos en este contexto,
conscientes de nuestra “noche”, de nuestras culpas y responsabilidades, si
queremos revivir con provecho espiritual el Misterio pascual, si queremos
llegar a la luz del corazón mediante este Misterio, que constituye el fulcro
central de nuestra fe.
[…] Queridos hermanos y hermanas,
el misterio pascual, que el Triduo sacro nos hará revivir, no es sólo recuerdo
de una realidad pasada; es una realidad actual:
también hoy Cristo vence con su amor al pecado y a la muerte. El mal, en
todas sus formas, no tiene la última palabra. El triunfo final es de Cristo, de
la verdad y del amor. Como nos recordará san Pablo en la Vigilia pascual, si
con él estamos dispuestos a sufrir y morir, su vida se convierte en nuestra
vida (cf. Rm 6, 9). En esta certeza se basa y se edifica nuestra existencia
cristiana.
Fuente: S.S Benedicto XVI. Catequesis, Audiencia general,
04-04-2007.

Comentarios
Publicar un comentario