Dichoso el Corazón de María Virgen. Por San Juan Eudes

¡¿Cuánta veneración se merece este Corazón sensible y corporal de la Madre Dios que ha sido el principio de la vida humana del Niño Jesús cuando habitaba en sus benditas entrañas! En efecto, mientras un niño está en vientre materno, el corazón de la madre es fuente de la vida tanto del hijo como de la suya propia en total y mutua dependencia.
¡De cuánto respeto y de cuántas alabanzas no es digno el Corazón santo de María del que el Niño Jesús quiso depender durante nueve meses! ¡Corazón admirable principio de dos vidas tan nobles y preciosas: de la vida purísima y santa de la Madre de Jesús y de la vida humanamente divina y divinamente humana del hijo de María! ¡Corazón sobre el que el Niño Jesús tantas veces descansó! ¡Corazón que por su calor natural produjo la purísima leche que lo alimentó! ¡Corazón que es la parte más noble y venerable de su cuerpo virginal, que dio un cuerpo al Verbo eterno, a quien los espíritus celeste adoran y bendicen! (...)
 (...) Es ese Corazón el que la exaltó a la dignidad, en cierto modo infinita, de Madre de Dios y Señora del universo. Por ello dice San Agustín que su mayor dicha fue llevar a Jesucristo en su Corazón antes que en sus entrañas; y si la Iglesia canta con razón: Bienaventuradas las entrañas de María Virgen, con mayores motivos puede decir: Dichoso el Corazón de María Virgen que llevó al Hijo del eterno Padre.

Fuente: San Juan de Eudes. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Cap 4. Sevilla. Editorial Apostolado Mariano. 2012. pp 137-138, 142.

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