Tengamos una fe que destierre el miedo. Por el Beato Charles de Foucauld

San Mateo, cap. VIII, v. 26: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?»
Esta es una de las cosas que nosotros debemos hacer de una manera absoluta para con Nuestro Señor: no tener jamás miedo... Tener miedo es hacerle una doble injuria; esto es, 1.º, olvidarle, olvidar que Él está con nosotros, que nos ama, y que Él es omnipotente; 2.º, es no estar conformes con su Voluntad. Si conformásemos nuestra voluntad con la suya, todo lo que sucediera, siendo querido o permitido por Él, nos haría dichosos con todo lo que ocurriese, y no tendríamos nunca ni inquietud ni temor...
Tengamos, pues, esta fe que destierra al miedo; tenemos a nuestro lado, junto a nosotros y en nosotros, a Nuestro Señor Jesús, nuestro Dios, que nos ama infinitamente, que es Todopoderoso, que sabe lo que nos conviene, que nos ha dicho: buscad el Reino del Cielo y que el resto se nos dará por añadidura. Marchemos rectos, en esta bendita y omnipotente compañía, en el camino de los más perfectos, y estemos seguros que no nos ocurrirá nada de lo cual no podamos sacar un mayor bien para su gloria, nuestra santificación y la de los demás, que todo lo que sucede es querido o permitido por Él y que, por consiguiente, lejos de tener una sombra de temor, tengamos que decir: «Bendito sea Dios, sea lo que pase», y pedirle que arregle todas las cosas, no según nuestras ideas, pero sí para su mayor gloria. No olvidemos nunca estos dos principios: «Jesús está aquí conmigo... Todo lo que suceda, sucede por la voluntad de Dios.»
Fuente: Beato Carlos de Foucauld. Escritos espirituales. Traducción realizada sobre la segunda edición francesa, publicada por J. de Gigord, de París, y con su permiso, con el título Escrits  Spirituels de Charles de Foucauld. 1964. p33.

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