martes, 6 de junio de 2017

Por la potencia de Dios la piedra fue hecha rodar del sepulcro...Por Pseudo Macario


Y lo mismo que entonces por la potencia de Dios la piedra fue hecha rodar del sepulcro y María vio al Señor, del mismo modo por la potencia y la visita del Espíritu Santo la piedra que está sobre el alma, el velo del pecado, es hecha rodar y quitada del medio y el alma es hecha digna de ver el rostro de Cristo y de reposar en su espíritu, rescatada y liberada de la piedra del pecado que estaba sobre
ella. En efecto, toda alma que ama al Señor es atribulada por los demonios malvados que la combaten y no le dejan avanzar hacia Cristo, el Dador de vida. Esto se produce con el consentimiento y el permiso de Dios. Él la prueba para ver si verdaderamente ama al Señor, si persevera en el propósito a pesar de las penosos sufrimientos o si, por el contrario, relajándose lo reniega, rechazando la fatiga del camino y huyendo del combate contra los espíritus del mal; o si perseverando incluso por largos años, y quebrada por las tentaciones del mal, se decide por el Señor con gran confianza, juzgándose abandonada e indigna de auxilio alguno.
El Señor, habiendo contemplado el coraje del alma y su paciencia en las tentaciones y que, tentada, fue hallada irreprochable, se le aparece en su bondad. Manifestándose a sí mismo, iluminándola con su luz superluminosa y llamándola hacia sí, dice: Ven en paz, amiga mía. Ésta, corriendo hacia El, lo llama y le dice: ¿Por qué, Señor, me abandonaste tanto tiempo a que sufriera tanto y fuera ultrajada
por mis enemigos? Los guardias que hacen la ronda por la ciudad me encontraron buscándote y me molestaron.
Pero el Señor, lleno de una luz inefable, le responde persuadiéndola, consolándola y diciéndole: Tienes razón. Ven en paz, amiga mía, bella mía, paloma mía. Disputa con ella mostrándole las marcas de los clavos y diciendo: Estas son las marcas de los clavos, éstos los latigazos, éstos los golpes, éstas las heridas. Todo esto lo sufrí por ti que fuiste herida con tantas heridas y arrastrada en dura esclavitud por numerosos enemigos. Yo en mi amor a los hombres vine a buscarte y liberarte; porque desde el comienzo te hice imagen mía y te creé para ser mi esposa; por ti ha sufrido el Impasible; por tu rescate el que está por encima de las injurias soportó numerosas injurias. Y tú, que a causa tuya estás poseída por tantos males y sumergida en tan grandes tinieblas, ¿no debes acaso sufrir y ser afligida?
Así, disputando pacíficamente y conversando le muestra al alma que Él mismo le concedió soportar las aflicciones, la fortificó en las pruebas y la animó ocultamente. Habiendo escuchado esto el alma comprende que no tiene nada propio, sino que todo lo ha recibido del buen y hermoso Esposo. Y reconociendo de todo corazón el propósito, el amor y la voluntad que Él le dio, responde y dice: «He aquí, Señor, mi cuerpo casto, he aquí mi alma pura, tómame entera, escóndeme a tu derecha y hazme reposar.

Fuente;: Pseudo Macario. Extracto e Homilia III, en: Nuevas Homilias, Madrid, Ciudad Nueva, 2008.

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