sábado, 10 de mayo de 2014

Cosa curiosa. Por Isabel de la Trinidad

 
Después de un sermón sobre la muerte y el juicio, escribe:
          "Cosa curiosa. Con temer tanto el juicio de Dios, el sermón de esta tarde no me ha impresionado lo más mínimo. ¡Oh Jesús!, ¿por qué me ha de aterrar el comparecer ante vuestra divina presencia? ¿Habéis de condenar Vos entonces a esta criaturita que, pese a su flaqueza, a sus innumerables imperfecciones, no ha vivido en la Tierra sino para Vos? Ciertísimo que es una miserable, que ha merecido el infierno mil veces. Pero, Jesús mío, es tanto lo que os ha amado, que no podéis por menos de reconocerla, es vuestra esposa. Por lo mismo, debe ir en pos de vuestras huellas, embriagarse en los deleites de vuestra divinal presencia, cantando el cántico nuevo reservado a las vírgenes.
    ¡Oh muerte! ¡Si no abrigare la esperanza de poder sufrir, y de hacer algún bien sobre la tierra, me apresuraría ahora mismo a llamarte con voz de grito!
    Pero, si algún día hubiese de tener la enorme desdicha de ofender a mi divino Esposo, a quien amo sobre todas las cosas, apresúrate entonces a segarme con tu guadaña antes de que me suceda semejante desgracia."