jueves, 6 de diciembre de 2012

7 de diciembre San Ambrosio

Yo y el Padre vendremos y haremos morada en él. Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que alumbra a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere, sin embargo, ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza.

Él salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra. Reciben esta luz los que desean la claridad del resplandor sin fin, aquella claridad que no interrumpe noche alguna. En efecto, a este sol que vemos cada día suceden las tinieblas de la noche; en cambio, el Sol de justicia nunca se pone, porque a la sabiduría no sucede la malicia.
Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa. Por esta puerta entra Cristo. Por esto, dice la Iglesia en el Cantar de los cantares: Oigo a mi amado que llama a la puerta. Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar: ¡Ábreme, mi paloma sin mancha, que tengo la cabeza cuajada de rocío, mis rizos, del relente de la noche!

Considera cuándo es principalmente que llama a tu puerta el Verbo de Dios, siendo así que su cabeza está cuajada del rocío de la noche. Él se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación. Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de relente cuando su cuerpo está en dificultades. Entonces, pues, es cuando hay que estar en vela, no sea que cuando venga el Esposo se vea obligado a retirarse. Porque, si estás dormido y tu corazón no está en vela, se marcha sin haber llamado; pero, si tu corazón está en vela, llama y pide que se le abra la puerta.

Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones! alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo.

Vemos, por tanto, que el alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama. Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa

Supliquemos....Por Pseudo Macario


Supliquemos, pues, al Señor y esperemos que se manifieste en su amor y nos libre ya desde ahora de las tinieblas, para que de este modo también en la resurrección nuestro cuerpo de debilidad brille con la luz que reside en el alma y lo ilumine; y sea él mismo glorificado junto con el alma. El Señor está cerca  de nosotros a condición de que lo busquemos con un corazón sincero. Todo el que escucha estas palabras que espere recibir la Palabra sustancial y aprenda de ella toda justicia.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

13 de septiembre: San Juan Crisóstomo

Si somos ovejas, vencemos; si nos convertimos en lobos, somos vencidos

Homilías de San Juan Crisóstomo sobre el evangelio de san Mateo 33,1.2

Mientras somos ovejas, vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero, si nos convertimos en lobos, entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del Pastor. Este, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y, por esto, te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder.

Es como si dijera: «No os alteréis por el hecho de que os envío en medio de lobos y, al mismo tiempo, os mando que seáis como ovejas y como palomas. Hubiera podido hacer que fuera al revés y enviaros de modo que no tuvierais que sufrir mal alguno ni enfrentaros como ovejas ante lobos, podía haberos hecho más temibles que leones; pero eso no era lo conveniente, porque así vosotros hubierais perdido prestigio y yo la ocasión de manifestar mi poder. Es lo mismo que decía a Pablo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Así es como yo he determinado que fuera». Al decir: Os mando como ovejas, dice implícitamente: «No desmayéis: yo sé muy bien que de este modo sois invencibles».



Pero, además, para que pusieran también ellos algo de su parte y no pensaran que todo había de ser pura gracia y que habían de ser coronados sin mérito propio, añade: Por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. «Mas, ¿de qué servirá nuestra sagacidad –es como si dijesen– en medio de tantos peligros? ¿Cómo podremos ser sagaces en medio de tantos embates? Por mucha que sea la sagacidad de la oveja, ¿de qué le aprovechará cuando se halle en medio de los lobos, y en tan gran número? Por mucha que sea la sencillez de la paloma, ¿de qué le servirá, acosada por tantos gavilanes?» Ciertamente, la sagacidad y la sencillez no sirven para nada a estos animales irracionales, pero a vosotros os sirven de mucho.

Pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. «Como serpientes –dice–. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionado su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú –dice– debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces». Así, pues, no te manda que seas sólo sencillo ni sólo sagaz, sino ambas cosas a la vez, porque en ello consiste la verdadera virtud. La sagacidad de la serpiente te hará invulnerable a los golpes mortales; la sencillez de la paloma frenará tus impulsos de venganza contra los que te dañan o te ponen asechanzas, pues, sin esto, en nada aprovecha la sagacidad.

Nadie piense que estos mandatos son imposibles de cumplir. El Señor conoce más que nadie la naturaleza de las cosas: él sabe que la violencia no se vence con la violencia, sino con la mansedumbre.



lunes, 27 de agosto de 2012

El Silencio... por Juan Taulero

A ese sosiego del espíritu se refiere el cántico de la Misa que comienza: "Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía" (Sb 18,14). En pleno silencio, toda la creación callaba en la más alta paz de media noche. Entonces, oh Señor, la palabra omnipotente dejó su trono por acampar en nuestra tienda.

Ser entonces, en el cenit del silencio, cuando todas las cosas quedan sumergidas en la calma, sólo entonces se hará sentir la realidad de esta Palabra. Porque, si quieres que Dios hable, hace falta que tú calles. Para que El entre, todas las cosas deberán haber salido.

domingo, 8 de abril de 2012

La Resurrección. Por Melitón de Sardes



Pero él, el Señor, vestido de hombre,

habiendo sufrido por el que sufría,

atado por el que estaba detenido,

juzgado por el culpable,

sepultado por el que estaba enterrado,

resucitó de entre los muertos y clamó en voz alta:

¿Quién se levantará en juicio contra mí?

Que venga a enfrentarse conmigo.

Yo he liberado al condenado.

Yo he vivificado al que estaba muerto.

Yo he resucitado al que estaba sepultado.

¿Quién puede contradecirme?

Yo, dice, Cristo, he destruido a la muerte,

he triunfado del enemigo,

he pisoteado el Hades,

he maniatado al fuerte,

he arrebatado al hombre a las alturas de los cielos.
 
Yo, dice él, Cristo.

Venid, pues, todas las familias de hombres manchadas por los pecados.

Recibid el perdón de los pecados.

Porque yo soy vuestro perdón,

yo la Pascua de la salvación,

yo el cordero degollado por vosotros,

yo vuestra redención,

yo vuestra vida,

yo vuestra resurrección,

yo vuestra luz,

yo vuestra salvación,

yo vuestro rey.

Yo os llevaré a las alturas de los cielos.

Yo os mostraré al Padre que existe desde los siglos.

Yo os resucitaré por medio de mi diestra.»

Tal es el alfa y la omega:

Él es el comienzo y el fin

—comienzo inenarrable y fin incomprensible—

él es Cristo,

él es el Rey,

él es Jesus,

él es el Estratega,

él es el Señor,

él es el que resucitó de entre los muertos.

él es el que está sentado a la diestra del Padre.

Él lleva al Padre, y es llevado por el Padre:

A él la gloria y el poder por los siglos. Amén

sábado, 21 de enero de 2012

Toda Criatura dotada de razón... Santa Catalina de Siena

Toda criatura dotada de razón posee en sí misma una viña, su propia alma, cuyo trabajador es su libre voluntad durante el tiempo de toda su vida. Pero, en cuanto termina el tiempo, ya ningún trabajo le es posible, ni bueno ni malo. Sólo mientras vive puede trabajar su viña, en la que yo le puse. Y es tan grande la fortaleza que ha recibido este trabajador del alma, que ni el demonio ni otra criatura pueden
arrebatársela si él no quiere.