Los diversos arquetipos. P. Alfredo Sáenz. S.J

¿Y cuáles son, concretamente, estos arquetipos, para nosotros, los cristianos?
El Arquetipo por antonomasia es Dios, nada menos que Dios, del cual todos los otros arquetipos —los paradigmas humanos— derivan algún aspecto estimulante En una de sus humoradas, Cristo nos dijo: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto". Decimos que es una humorada, porque jamás nos será posible igualar la perfección infinita de Dios. Lo que se nos quiere expresar es que en el camino del progreso espiritual, la medida es sin medida, que no hay "bastas" que valgan. El único "basta" lo pronuncia la muerte.
Más cercana a nosotros se nos ofrece la figura de Cristo como Modelo Supremo, el Verbo que se hizo carne para divinizar nuestra carne, el Hijo de Dios que se hizo hijo del hombre para que los hijos de los hombres llegásemos a ser hijos de Dios. He aquí un auténtico y fascinante Arquetipo, puesto a nuestra consideración para que, imitando sus virtudes, nos trascendamos ilimitadamente. El mismo que se proclamó "camino", nos invita a seguir su huella. "Venid en pos de mí "aprended de mí", "os he dado ejemplo para que vosotros hagáis como yo he hecho"... Todo el cristianismo puede ser considerado a la luz del seguimiento de Cristo. Este seguimiento no es una acción a distancia, es una mimesis de Cristo que conduce a la identificación con El, a poder decir un día con el Apóstol, "ya no vivo yo sino que es Cristo el que vive en mí".

Fuente: En la introducción al libro Héroes y Santos del P. Alfredo Sáenz s.j.

Comentarios

  1. Somos hijos de Dios, nos parecemos a nuestro Padre y estamos llamados a ser como nuestro Padre. Y somos hijos de María, y nuestra naturaleza es parecernos a nuestra Madre, como todo hijo de toda madre.

    Pero un niño no puede todavía ser idéntico a su padre porque no tiene la altura ni la fuerza de su padre, ni la inteligencia, ni la sabiduría. Sin embargo, no por ello deja de pretender emular al padre. Si no llega a una altura, pedirá a su padre que le aúpe; si le cuesta abrir un cajón, su padre se lo abrirá; si no sabe cómo resolver un problema, pide ayuda a su progenitor; si desconoce algo sobre el mundo, lo pregunta y obtiene la dulce respuesta paternal.

    No podemos ser como Dios y no podemos ser como Cristo por nuestras propias fuerzas. Pero hemos de querer serlo porque lo llevamos en la sangre de hijos. Y si no podemos, lo pedimos; y si no nos lo da por alguna razón, nos resignaremos con paciencia, esperaremos, pero sin renunciar a ser como Cristo. Somos hijos de Dios y no podemos aspirar a menos que a ser como Dios, como nuestro Padre. El alma, en Dios ya mismo; que el cuerpo, ya llegará cuendo Él disponga. Y todo de la mano amorosa de la Madre.

    Gracias, Dichosa Ventura.

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