Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros. Por San Juan Crisóstomo


«Perdona nuestras ofensas así como perdonamos a nuestros deudores»
San Juan Crisóstomo Homilías sobre San Mateo, nº 61
Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces?... Si das rienda suelta a tu indignación y a tu cólera, quedarás herido no por la injuria que te ha hecho, sino por el resentimiento que tú guardas.

No digas, pues: «Me ha ultrajado, me ha calumniado, me ha hecho cosas miserables» Cuanto más vas diciendo que te ha hecho daño, más demuestras que te ha hecho bien puesto que te ha dado ocasión de purificarte de tus pecados. Así, cuanto más te ofende, más te pone en estado de obtener el perdón de Dios por tus faltas. Porque si queremos, nadie nos puede hacer daño; incluso nuestros enemigos nos prestan un gran servicio... Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria.

Comentarios

  1. Gracias por tu post, por compartir estas palabras tan sabias.
    En estas meditaciones, encontré la respuesta a mis interrogantes actuales.
    Siento que Dios me habla en estas palabras dándome la respuesta que necesitaba.
    Dios te bendiga.

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  2. Edit:
    Gracias por tu comentario.
    En comunión,

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  3. Es muy verdadero...destaco: "Cuanto más vas diciendo que te ha hecho daño, más demuestras que te ha hecho bien puesto que te ha dado ocasión de purificarte de tus pecados".
    El Señor nos va limando el ego con los aconteceres, nos quita asperezas, orgullos.
    En mi propia experiencia pude comprobar que las ofensas que me consumieron en el pasado tenían razón de ser y, con el tiempo, pude agradecerlas.
    Un saludo fraterno en el amor de Cristo.

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