viernes, 3 de abril de 2009

TEOGNOSTO. Desprecio de uno mismo.

1. Cuando desprecies perfectamente todas las cosas de la tierra, entonces sólo en ese momento, considera que posees la verdadera virtud, con el corazón siempre dispuesto, para una conciencia pura, para emigrar cerca del Señor. Y si quieres ser conocido por Dios, sé no conocido por los hombres, en la medida de lo posible.

2. Mira los placeres superfluos del cuerpo y evítalos, para que no te quieten algo de tus esfuerzos. Porque es claro que antes de la impasibilidad traen consigo consuelo para las anteriores fatigas. No debes considerar la privación de los placeres como una pérdida, sino como la disminución del bien para poder gozar de aquéllos.

3. Considérate, con pleno convencimiento, una hormiga y un gusano, para convertirte en un hombre plasmado por Dios. Dado que, si antes no se da aquello, no le sigue esto otro, y en la misma medida en que bajes, ascenderás hacia lo alto. Pero cunado te consideres nada delante del Señor, según el salmo, entonces, de pequeña cosa olvidada te convertirás en cosa grande. Y cuando creas que no posees ni conoces nada, entonces serás rico en una práctica y en una ciencia dignas de loas al Señor.

Teognosto. "Sobre la praxis y la contemplación y sobre el sacerdocio" en Filocalía.

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