domingo, 18 de julio de 2010

Oh Cristo. Amado Nervo

¡OH CRISTO!

Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;

ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia

sin que yo me angustie y llore;

ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,

¡oh, Cristo!

En vano busco en los hondos escondrijos de mi ser

para encontrar algún odio: nadie puede herirme ya

sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,

¡oh, Cristo!

¡Que importan males o bienes! Para mí todos son bienes.

El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.

¿Rosas de pasión?‚ ¡Que importa! Rosas de celeste esencia,

purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,

¡oh, Cristo!

lunes, 12 de julio de 2010

Santa Teresa de Los Andes


“Sólo Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar. Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma. Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde El pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor. Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que El viva en mí.

¿Hay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté? Sabiduría, para la cual no hay nada secreto; poder, para el cual nada existe imposible; justicia, que lo hace encarnarse para satisfacer por el pecado; providencia, que siempre vela y sostiene; misericordia, que jamás deja de perdonar; bondad, que olvida las ofensas de sus criaturas; amor, que reúne todas las ternuras de una madre, del hermano, del esposo y que, haciéndolo salir del abismo de su grandeza, lo liga estrechamente a sus criaturas; belleza, que extasía... ¿Qué otra cosa imaginas que no esté en este Hombre- Dios?

¿Temes acaso que el abismo de la grandeza de Dios y el de tu nada jamás podrán unirse? Existe en El el amor; y esta pasión lo hizo encarnarse para que, viendo un Hombre-Dios, no temieran acercarse a El. Esta pasión hízolo convertirse en pan, para poder asimilar y hacer desaparecer nuestra nada en su Ser infinito. Esta pasión le hizo dar su vida, muriendo muerte de cruz.

¿Temes acercarte a El? Míralo rodeado por los niños. Los acaricia, los estrecha contra su corazón. Míralo en medio de su rebaño fiel, cargando sobre sus hombros a la oveja infiel. Míralo sobre la tumba de Lázaro. Y oye lo que dice a Magdalena: Mucho se le ha perdonado porque ha amado mucho. ¿Qué descubres en estos rasgos del Evangelio, sino un corazón bueno, dulce, tierno, compasivo, un corazón, en fin, de un Dios?

El es mi riqueza infinita, mi beatitud, mi cielo”.


ORACIÓN
Dios misericordioso, alegría de los santos, que inflamaste el corazón juvenil de Santa Teresa de los Andes con el fuego del amor virginal a Cristo y a su Iglesia, y la hiciste testigo gozoso de la caridad aun en medio de los sufrimientos. Concédenos, por su intercesión, que, inundados por la dulzura de tu espíritu, proclamemos en el mundo, de palabra y de obra, el evangelio del amor. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


  • En: segunda lectura del oficio de lectura

domingo, 4 de julio de 2010

En el conocimiento de Dios... Por Santa Catalina de Siena

En el conocimiento de Dios encontrarás el fuego de la divina caridad. ¿Dónde hallarás deleite? En la cruz, con el inmaculado Cordero,buscando su honor y la salvación de las almas por medio de la continua y humilde oración. Luego aquí se halla toda la perfección. Todavía no quedan muchas cosas, pero ésta es la principal, de donde recibimos tan gran luz y que no podemos equivocarnos en las menores obras que la siguen.

jueves, 1 de julio de 2010

La humildad. Por P. Alfredo Sáenz

La humildad es verdad porque nace de Dios, "Padre de las luces" (Sant 1,17). La luz ,especialmente la luz divina, es lo que ilumina al hombre para que acierte a ubicarse, que no otra cosa es la humildad. Gracias a ella los hombres focalizan su lugar en la realidad, se colocan en el sitio que les corresponde, se mantienen en el orden, y por consiguiente, en la verdad. "Y como quiera que la verdad-dice Mons Gay- no sea otra cosa sino aquello que Dios piensa, aquello que Dios quiere, u aquello que Dios ama, resulta que estar en la vedad equivale a estar en los pensamientos, en los designios y en los amores de Dios". Refiriéndose al presente asunto escribe L. Lallemant: "Aquellos en los que este deseo de abyección es más ardiente, son los más grandes delante de Dios. Son los que marchan con más seguridad en la verdad y son tanto más semejantes a Dios, cuanto que no buscan, como Él, otra cosa que su gloria. Éste es su bien propio: la gloria no le pertenece más que a Él, en cuanto a nosotros, nuestro fondo es la nada, y si nos atribuimos otra cosa somos ladrones"

  • En: Siete virtudes olvidadas, Buenos Aires, Gladius, 2005, pp. 39-40