"Durante la oración es indispensable un sincero propósito de enmendarse. Pronuncia las palabras de la oración con corazón fiel. Cuando ores por la tarde, no te olvides de confesar en la oración, al Espíritu Santo, aquellos pecados en que has caído durante el día. Unos momentos de fervoroso arrepentimiento y el Espíritu Santo te limpiará de toda impureza; quedarás más blanco que la nieve, y las lágrimas, que purifican el corazón, saltarán de tus ojos, serás recubierto con el vestido de la santidad de Cristo y serás unido a Él, junto con el Padre y el Espíritu Santo".
San Macario de Óptima. De las Cartas de dirección.

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