El Señor Jesucristo, el más grande de los milagros, vino a la tierra para salvarnos; pero nosotros lo hemos matado. A pesar de "la herida del Pastor" ( cf. Mt 26, 31) en el plano visible, Él alcanzó una victoria incomparable en la esfera del Espíritu eterno: victoria en los sufrimientos del amor, que aporta un fruto imperecedero. Así les sucederá a los que sigan sus huellas. Aquéllos que amen a Cristo guardarán sus palabra y, al final aparecerán como vencedores y descansarán con Él en su Reino ( cf. Jn 16, 33)
Archimandrita Sophrony. En la oración. Experiencia de la eternidad.
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