"¡Hosana! ¡Bendito el que viene
en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro
padre David! ¡Hosana en las alturas!"
¿Qué late realmente en el
corazón de los que aclaman a Cristo como Rey de Israel? Ciertamente tenían su
idea del Mesías, una idea de cómo debía actuar el Rey prometido por los
profetas y esperado por tanto tiempo. No es de extrañar que, pocos días
después, la muchedumbre de Jerusalén, en vez de aclamar a Jesús, gritaran a Pilato:
«¡Crucifícalo!». Y que los mismos discípulos, como también otros que le habían
visto y oído, permanecieran mudos y desconcertados. En efecto, la mayor parte
estaban desilusionados por el modo en que Jesús había decidido presentarse como
Mesías y Rey de Israel. Este es precisamente el núcleo de la fiesta de hoy
también para nosotros. ¿Quién es para nosotros Jesús de Nazaret? ¿Qué idea
tenemos del Mesías, qué idea tenemos de Dios? Esta es una cuestión crucial que
no podemos eludir, sobre todo en esta semana en la que estamos llamados a
seguir a nuestro Rey, que elige como trono la cruz; estamos llamados a seguir a
un Mesías que no nos asegura una felicidad terrena fácil, sino la felicidad del
cielo, la eterna bienaventuranza de Dios. Ahora, hemos de preguntarnos: ¿Cuáles
son nuestras verdaderas expectativas?

Comentarios
Publicar un comentario