"Bendito Dios, no soy nada
más que un alma enamorada de Cristo. Él no quiere más que mi amor, y lo quiere
desprendido de todo y de todos...
Amar a Jesús, en todo, por todo y
siempre... Sólo amor. Amor humilde, generoso, desprendido, mortificado, en
silencio… Que mi vida no sea más que un acto de amor".
San Rafael Arnaiz. 1 de enero de
1938.

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