“El misterio de la Inmaculada
Concepción es fuente de luz interior, de esperanza y de consuelo. En medio de
las pruebas de la vida, y especialmente de las contradicciones que experimenta
el hombre en su interior y a su alrededor, María, Madre de Cristo, nos dice que
la Gracia es más grande que el pecado, que la misericordia de Dios es más
poderosa que el mal y sabe transformarlo en bien. Por desgracia, cada día
nosotros experimentamos el mal, que se manifiesta de muchas maneras en las
relaciones y en los acontecimientos, pero que tiene su raíz en el corazón del
hombre, un corazón herido, enfermo e incapaz de curarse por sí solo. La Sagrada
Escritura nos revela que en el origen de todo mal se encuentra la desobediencia
a la voluntad de Dios, y que la muerte ha dominado porque la libertad humana ha
cedido a la tentación del Maligno. Pero Dios no desfallece en su designio de
amor y de vida: a través de un largo y paciente camino de reconciliación ha preparado
la alianza nueva y eterna, sellada con la sangre de su Hijo, que para ofrecerse
a sí mismo en expiación «nació de mujer» (cf. Ga 4, 4). Esta
mujer, la Virgen María, se benefició anticipadamente de la muerte redentora de
su Hijo y desde la concepción fue preservada del contagio de la culpa. Por eso,
con su corazón inmaculado, nos dice: confiad en Jesús, él os salvará.”
S.S. Benedicto XVI. Ángelus 8 de
diciembre de 2010.
