15 de septiembre/ Memoria de la Bienaventurada Virgen de los Dolores
"Es
seguro que María padeció al corredimir con Cristo. Una espada le atravesó el
alma, como le anunciara Simeón. El privilegio de la Inmaculada Concepción,
lejos de sustraer el dolor de María, aumentó en Ella su capacidad de
sufrimiento, porque cuando es de amor el dolor, tan grande es el dolor como el amor.
La Trinidad la dispuso de tal modo que no desaprovechó ninguno de los dolores
queridos o permitidos por el Padre, ofreciéndolos con los de su Hijo por
nuestra salvación".

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