Septiembre, mes de la Biblia
Para comprender la importancia que tiene la Palabra de Dios para la Iglesia no hay más que remontarse a la actitud bimilenaria de la Iglesia, que «siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el Pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo»
A lo largo de toda la tradición cristiana se puede subrayar constantemente este vínculo entre Palabra y Eucaristía, ambas alimento del cristiano. «Nosotros bebemos la sangre de Cristo-escribe Orígenes- no sólo cuando lo recibimos según el rito de los misterios, sino también cuando recibimos sus palabras, en las cuales reside la vida». Y san Jerónimo: «El conocimiento de las Escrituras es un alimento verdadero y una verdadera bebida que se asume por la Palabra de Dios». Por su parte, san Ambrosio dice: «Se bebe la sangre de Cristo, que nos ha redimido, como se beben las palabras de la Escritura, las cuales pasan a nuestras venas y, asimiladas, entran en nuestra vida».

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