Viernes Santo
Las grandes lecturas de la
liturgia de hoy giran en torno al misterio central de la cruz, un misterio que
ningún concepto humano puede expresar adecuadamente. Pero las tres
aproximaciones bíblicas tienen algo en común: que el milagro inagotable e
inefable de la cruz se ha realizado «por nosotros». El siervo de Dios de la
primera lectura ha sido ultrajado por nosotros, por su pueblo; el sumo
sacerdote de la segunda lectura, a gritos y con lágrimas, se ha ofrecido a sí
mismo como víctima a Dios para convertirse, por nosotros, en el autor de la
salvación; y el rey de los judíos, tal y como lo describe la pasión según san Juan,
ha «cumplido» por nosotros todo lo que exigía la Escritura, para finalmente,
con la sangre y el agua que brotó de su costado traspasado, fundar su Iglesia
para la salvación del mundo. (…)
La cruz es el trono real desde el
que Jesús «atrae hacia él» a todos los hombres, desde el que funda su Iglesia,
confiando su Madre al discípulo amado, que la introduce en la comunidad de los
apóstoles, y culmina la fundación confiándole al morir su Espíritu Santo
viviente, que infundirá en Pascua.
Hans Urs von Balthasar. Luz de la Palabra: Comentarios a las lecturas
dominicales.

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