El Señor tiene razón al decir, en este tiempo de ayuno, que
es el Verbo de Dios el que alimenta, para enseñarnos que no debemos pasar
nuestros ayunos preocupándonos de este mundo sino de la lectura de los textos
sagrados. En efecto, aquel que se alimenta de la Escritura se olvida del hambre
del cuerpo; aquel que se alimenta del Verbo celeste olvida el hambre. Pues
bien, este es el alimento que nutre el alma y calma al hambriento...: da
también la vida eterna y aleja de nosotros las trampas de la tentación del
diablo. Esta lectura de textos sagrados es vida como dice el Señor: « Las
palabras que os he dicho son espíritu y vida» (Jn 6,63).
San Máximo de Turín. Sermón 16.

Comentarios
Publicar un comentario