El hombre, dotado de razón, realmente sólo tiene un
gran interés : obedecer y agradar al Dios del Universo y formar su alma con la
única preocupación de serle agradable. Agradeciéndole por la realidad y la
fuerza de su Providencia con la que dirige todas las cosas, no importa lo que
suceda, durante la vida. Sería fuera de lugar no agradecer por la salud del
cuerpo a los médicos, porque nos prescriven remedios amargos y desagradables.
Pero refusaríamos a Dios la gratitud por cosas que
nos parecen penosas. Como si no supiéramos que todo llega cuando debe llegar y
es a nuestro beneficio, por los cuidados de la Providencia. Ya que el
conocimiento de Dios y la fe en él, son la salvación y la perfección del alma.
(…)
Quienes no tienen la inteligencia del alma, no piensan
en eso. No comprenden que todo sucede para el bien y tal como debe suceder,
para nuestra ventaja, con el fin que brillen las virtudes y que seamos
coronados por Dios. (…) Es sólo al hombre que Dios escucha. Es sólo al hombre
que Dios se revela. Dios ama al hombre, hasta hacer de él un dios. Sólo el
hombre es digno adorador de Dios. Es para el hombre que Dios se transfigura. Es
para el hombre que Dios hizo el cielo embellecido con estrellas. Es para el
hombre que hizo la tierra. Y es para ellos mismos que los hombres la cultivan.
Quiene no sienten la gran providencia de Dios, tienen un alma vacía de
inteligencia. (…)
Sobre la tierra, Dios a instaurado el nacimiento y
la muerte. En el cielo, ha instaurado la providencia y el destino. Ha hecho
todo para el hombre y su salvación. Disponiendo de todos los bienes, para el
hombre Dios ha creado el cielo, la tierra y sus elementos y le dio de disfrutar
de todos ellos, (…) La acción de gracias, sólo ella, gusta más a Dios que un
precioso sacrificio. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: San Antonio Abad. Exhortaciones.

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