"Muchos tienen la impresión de que los santos están lejos de nosotros. Están lejos de quienes se han alejado ellos mismos, pero están muy cerca de los que cumplen los mandamientos de Cristo y tienen la gracia del Espíritu Santo.
En lo Cielos todo vive y se mueve por el Espíritu Santo; pero el Espíritu Santo está también en la tierra. Está presente en nuestra Iglesia; opera en los sacramentos; percibimos su soplo en la Sagrada Escritura; él vivifica las almas de los creyentes. El Espíritu Santo une a todos los hombres; y por esta razón los santos nos son tan cercanos. Cuando les suplicamos, por el Espíritu Santo, escuchan nuestras oraciones y nuestras almas sienten que ellos oran por nosotros. (...)
Gracias al Espíritu Santo, los santos ven los sufrimientos de los hombres en la tierra. Ven y saben cómo estamos abrumados por penas, cómo están secos nuestros corazones, cómo el abatimientos paraliza nuestra alma, y sin cesar interceden en favor nuestro delante de Dios.
Los santos escuchan nuestras oraciones y reciben de Dios la fuerza para ayudarnos. Esto, todo el pueblo de Dios lo sabe"
Fuente: Archimandrita Sophrony, Escritos de San Silouan. El Athonita. Salamanca. Ediciones Sigueme, 2011. 146-147.

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