29 de agosto/ Memoria del martirio de San Juan Bautista
"Como último acto, el Bautista
testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o
retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias. San Beda,
monje del siglo IX, en sus Homilías dice así: «San Juan dio su vida por Cristo,
aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad»
(cf. Hom. 23: CCL122, 354). Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que
es la Verdad. Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no
tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios.
Vemos esta gran figura, esta
fuerza en la pasión, en la resistencia contra los poderosos. Preguntamos: ¿de
dónde nace esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente,
entregada de modo tan total por Dios y para preparar el camino a Jesús? La
respuesta es sencilla: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo
conductor de toda su existencia. Juan es el don divino durante largo tiempo
invocado por sus padres, Zacarías e Isabel (cf. Lc 1, 13); un don grande,
humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada e Isabel era estéril
(cf. Lc 1, 7); pero nada es imposible para Dios (cf. Lc 1, 36)"
Fuente: S.S. Benedicto XVI,
Audiencia General, Castelgandolfo, 29-08-2012.

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