"Pensemos también en el
hecho de que el mismo que ha subido al cielo lleno de dulzura, volverá con
exigencia… He aquí, hermanos míos, lo que debe guiar vuestros actos; pensad en
ello continuamente. Incluso si tambaleáis entre los torbellinos de este mundo,
echad, desde hoy, el ancla de la esperanza en la patria eterna (He 6,19). Que
vuestra alma no busque otra cosa que la verdadera luz. Acabamos de escuchar que
el Señor ha subido al cielo; pensemos seriamente en lo que creemos. A pesar de
la debilidad de la naturaleza humana que nos retiene todavía aquí abajo, que el
amor nos atraiga en su seguimiento, porque estamos seguros de que aquel que nos
ha inspirado el deseo, Jesucristo, no va a dejar defraudada nuestra
esperanza."
Fuente: San Gregorio Magno.
Homilías sobre los Evangelios, nº 29.

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