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| Lunes Santo/ Unción de María de Betania |
"María de Betania, “tomando una
libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó
con sus cabellos” (12, 3). El gesto de María es la expresión de fe y de amor
grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con
agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que —como
protestará Judas— se habría podido vender por trescientos denarios; y no unge
la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene
de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula,
no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con
alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, la cicatería, los
resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón.
María se pone a los pies de Jesús en humilde
actitud de servicio, como hará el propio Maestro en la última Cena, cuando,
como dice el cuarto Evangelio, “se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y,
tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una jofaina y se puso a
lavar los pies de los discípulos” (Jn 13, 4-5), para que —dijo— “también
vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (v. 15): la regla de la
comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el
perfume se difunde: “Toda la casa —anota el evangelista— se llenó del olor del
perfume” (Jn 12, 3). El significado del gesto de María, que es respuesta al
amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados; todo gesto de
caridad y de devoción auténtica a Cristo no se limita a un hecho personal, no
se refiere sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino a todo el
cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegría y luz".
Fuente: Benedicto XVI, Homilía, 29-03-2010.

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