"Por eso es fundamental
mantenerse en presencia de Dios, de modo que Él pueda encontrarnos disponibles
e introducirnos en el gran silencio interior que le permite encarnarse en
nosotros, trasformarnos en Él. Y en ese silencio que no está vacío, sino lleno del
Espíritu Santo, el hombre podrá escuchar cómo de su corazón brota como un
susurro: "Abba, Padre!" (Rm 8,15) La oración consiste en conseguir
callar, escuchar a Dios y saber oír los gemidos inefables del Espíritu Santo
que habita en nosotros y grita en silencio"

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