“Las tentaciones de Jesús son un
descendimiento a las pruebas que amenazan al hombre, porque solamente así el
hombre que ha caído, puede levantarse. Jesús entra en el drama de la existencia
humana, lo atraviesa hasta lo más profundo, con el fin de encontrar la “oveja
perdida”, tomarla sobre sus hombros y conducirla al redil… El descendimiento “a
los infiernos” de que habla el Credo, no se cumplió solamente en su muerte y
después de su muerte, sino que es parte de todo el caminar de Jesús: Él debe
retomar toda la historia desde sus comienzos – desde Adán –, recorrerla y
sufrir hasta el extremo para poder transformarla”.
Fuente: Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, 1ª Parte, Cap. II.
