Descubre el silencio de tu alma en el dolor del abandono. No hay caminos trazados porque Dios te regala todos los días, a cada instante, su presencia y su luz. ¿Que es ahora ese dolor? Es el que, también en el instante, se transfigura en gozo, en júbilo, en alegría. Porque inmediatamente el descenso te levanta y el abandono se torna vida eterna.
Fuente: P. Alberto E. Justo. OP. Presencia de la eternidad. Buenos Aires. Desierto interior. 2003.54.

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