Que el espiritual, ávido de ascensiones sobrenaturales, no busque otro camino que Cristo. Considerar a Cristo, imitarle en sus acciones, en sus pensamientos, en sus sentimientos y en sus deseos, seguirle de Belén al Calvario, es el camino más seguro y más corto. Hacer real a Cristo, haciéndole vivir en sí mismo, es la suprema perfección. Unidos a Jesús y afianzados en él, estamos ya al final de nuestras ascensiones y en nuestro puesto de eternidad.
Fuente:Beato María Eugenio del Niño Jesús. Quiero ver a Dios. Madrid. Editorial Espiritualidad, 2002, 49.

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