En el Calvario, Cristo estaba solo. Por el Beato María Eugenio del Niño Jesús

En el Calvario, Cristo estaba solo, inmolado; en el altar, cada día se ofrece con toda la Iglesia, que participa en su sacrificio, sacrificio que reclama de todos sus miembros. Jesús crucificado es el tipo perfecto de la humanidad regenerada, el ideal y el modelo sobre el que Dios forma a las almas. La misa se celebra todos los días ante nosotros. La Iglesia erige por todas partes la imagen de Cristo en la cruz. Estas augustas realidades, esta presencia constante no consiguen disipar los espejismos de dicha temporal y las esperanzas de triunfos terrestres que infatigablemente asociamos a la realización de nuestros deseos de perfección cristiana.
Queremos olvidar que Jesucristo no ha anunciado otra victoria que la de la cruz en el Calvario, ni otro desquite sobre sus enemigos que el del día en que, vendrá sobre las nubes del cielo con su cruz, para juzgar a vivos y muertos. En ese día sólo triunfarán con él quienes hayan pasado por la gran, tribulación y sean purificados en la sangre del Cordero.
Fuente: P. María Eugenio del Niño Jesús. Quiero ver a Dios. Madrid. Editorial Espiritualidad, 2002, 53

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