Mantener el espíritu en la presencia de Dios.. Por Fray Lorenzo de la Resurrección

Debemos trabajar con fidelidad, sin turbaciones ni inquietudes, recogiendo suave y serenamente nuestro espíritu en Dios cuantas veces lo encontremos distraído.
Esfuércese por mantener su espíritu en la Presencia de Dios. Si alguna vez se aleja y se extravía, no se inquiete: la turbación ayudará más a distraerlo que a recogerlo; es preciso que la voluntad lo recoja con sosiego. Si persevera en ello, Dios tendrá compasión con usted.
Yo lo miraba dentro de mi corazón como a mi Padre y como a mi Dios. Allí lo adoraba con la mayor frecuencia que podía, manteniendo mi espíritu en su presencia y volviendo a recogerlo cada vez que se distraiga. No es poco lo que me ha costado este ejercicio, pero seguía practicándolo a pesar de todas las dificultades que en él encontraba, sin turbarme ni inquietarme cuando me distraía involuntariamente. No me entregaba menos a él durante el día  que durante la oración. Pues en toda ocasión, a todas horas y en todo momento, hasta en lo más intenso del trabajo, yo desterraba y alejaba de mi espíritu todo lo que pusiese arrebatarme la Presencia de Dios. Éste ha sido mi ejercicio cotidiano desde que entré en religión. Y aunque sólo he logrado practicarlo con tibieza e imperfección, he recibido de él grandes beneficios. Sé muy bien que deben atribuirse a la misericordia y a la bondad del Señor, pues sin él no podemos nada, y yo mucho menos que nadie.
Un medio para recoger con facilidad  el espíritu durante el tiempo de oración y mantenerlo sosegado, es no dejarle tomar muchos vuelos durante la jornada. Es preciso mantenerlo centrado en la Presencia de Dios: si usted se acostumbra a acordarse de él de vez en cuando, le será fácil estar tranquilo durante la oración, o por lo menos recogerlo cuando se distraiga.
Extraído de : Fray Lorenzo de la Resurrección, Vida y Pensamientos. Se trata de un humilde hermano lego carmelita (1640), paso gran parte de su vida en una comunidad en París donde desempeñó labores muy humildes. Sin formación académica escribió pequeños libros llenos de doctrina sobre la presencia de Dios.

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