viernes, 29 de enero de 2016

Esta es la suprema amistad...Por Juliana de Norwich


Esta es la suprema amistad de nuestro cortés Señor, que nos protege tan tiernamente cuando pecamos. Y además, nos toca secretamente, y nos muestra nuestros pecados a la suave luz de la misericordia y la gracia. Pero cuando nos vemos tan mancillados, pensamos que Dios puede estar airado con nosotros a causa de nuestros pecados. Entonces el Espíritu Santo nos mueve a la oración mediante la contrición, y deseamos con todas nuestras fuerzas enmendarnos para aplacar la ira de Dios, hasta que el alma encuentra el sosiego, y la conciencia, la paz. Confiamos entonces en que Dios haya olvidado nuestro pecado, y así es, en verdad. Y nuestro cortés Señor se muestra entonces al alma, feliz y con la mayor alegría en el semblante, acogedor como un amigo, como si el alma hubiera sufrido gran pena o hubiera estado prisión, y le dice: «Amada mía, me alegra que hayas venido a mí en tu desgracia. Yo siempre he estado contigo. Ahora puedes ver mi amor. Somos uno en la dicha». 
De esta manera, los pecados son perdonados por gracia y misericordia, y nuestra alma es gloriosamente recibida en la alegría, como ocurrirá cuando llegue al cielo; y así sucede cada vez que se arrepiente, por la operación de la gracia del Espíritu Santo y el poder de la Pasión de Cristo.

jueves, 28 de enero de 2016

Permaneced en mí..Por la Beata Isabel de la Trinidad


Permaneced en mí (jn. 15, 4)
Es el verbo de Dios quien lo manda, quien expresa este deseo.
Permaneced en mí no sólo momentáneamente, durante unas horas pasajeras, sino permaneced...de un modo estable habitualmente.
Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad y obrad en mí.
Permaneced en mí durante vuestras relaciones con las personas y vuestro trato con las cosas. Penetrad cada vez más íntimamente en esta profundidad. Allí está ciertamente la soledad donde el Señor quiere atraer  al alma para hablarle, como dice el Profeta (Os. 2,14)
Mas para escuchar este lenguaje misterioso de Dios no hay que detenerse, por así decirlo, en la superficie. Es necesario penetrar cada vez más en el Ser divino mediante el recogimiento interior,
San Pablo exclamaba: Corro por ver si alcanzo el final (Fl. 3,12) También nosotros debemos descender cada día por esta pendiente con confianza plena de amor. Un abismo llama a otro abismo (S. 41.8)
Es ahí, en lo más profundo, donde va a realizarse el encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, va a hallarse frente a frente con el abismo de la misericordia, de la inmensidad, del todo de Dios. Es ahí, donde lograremos la fuerza necesaria para morir a nosotros mismos y donde, perdiendo nuestra manera personal de ser, quedaremos transformados en amor. Bienaventurados los que mueren el Señor (Ap. 14,13)

martes, 26 de enero de 2016

Tú eres santo...Por San Francisco de Asís

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas (Sal 76,15). Tú eres fuerte, tú eres grande (cf. Sal 85,10), tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo (Jn 17,11), rey del cielo y de la tierra (cf. Mt 11,25). Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2), tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. 1 Tes 1,9). Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia (Sal 70,5), tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción. Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector (Sal 30,5), tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza (cf. Sal 42,2), tú eres refrigerio. Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

SAN FRANCISCO, ALABANZAS DEL DIOS ALTÍSIMO.