miércoles, 30 de diciembre de 2015

Oh feliz el siervo... Por Tertuliano


¡Oh feliz el siervo de cuya corrección se interesa el Señor! ¡Dichoso aquel contra quien se digna enojarse y a quien corrigiendo nunca engaña con disimulo! 
Como se puede ver, estamos siempre obligados al deber y al servicio de la paciencia. De cualquier parte que venga la molestia: sea de nosotros, sea de la insidias del demonio o por amonestación de Dios, ha de intervenir la paciencia con su ayuda que, además de ser una merced grande de su condición, es también una felicidad.  
¿A quiénes, en efecto, llamó el Señor dichosos, sino a los pacientes?
"Bienaventurados, dice los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt  5, 3). Nadie es pobre de espíritu perfectamente sino el humilde, y ¿quién es humilde sino el paciente? Pues nadie puede humillarse a sí mismo, si antes no tuvo paciencia en la sumisión.

  • En tratado de la paciencia y exhortación a los mártires.