jueves, 26 de febrero de 2015

Es nuestra obligación.....Por Hadewijch de Amberes


Es nuestra obligación practicar las virtudes, no para encontrar la consideración ni la felicidad, ni la riqueza, ni el rango, ni gozo alguno en el cielo o en la tierra, sino para mostrar respeto a la sublimidad que es Dios, que con este fin ha creado nuestra naturaleza, que la ha hecho para su gloria y alabanza y para nuestra felicidad en la gloria eterna.

Así es el camino del Hijo de Dios, que nos dio y mostró como ejemplo cuando él mismo vivió como hombre, pues durante toda su existencia terrena, desde el comienzo al fin, cumplió y realizó la voluntad del Padre en todas las cosas y a cada instante, con todo su ser, con todos los servicios que pudo realizar, con palabras y con obras, en la alegría y en la tristeza, en esplendor y en la humillación, con los milagros, en la desagracia de los hombres, el dolor, los trabajos, en la angustia y en la inquietud y en la amarga muerte.

  • Fuente: Hadewijch de Amberes, Carta IV.

lunes, 9 de febrero de 2015

Necesito un océano... Por San Pablo de la Cruz


¡Necesito un océano; quiero sumergirme en un océano de fuego y de amor; quiero convertirme en cenizas de amor; quiero poder cantar en la hoguera del Amor Increado, precipitarme en la magnificencia de sus llamas, perderme en su silencio, abismarme en el Todo Divino!

sábado, 7 de febrero de 2015

Qué bueno es el Señor...Por San Rafael Arnaiz

¡Qué bueno es el Señor, qué sencillos sus caminos! Parece que está esperando que tengamos cualquier dificultad para alargarnos una mano y tendernos su ayuda. Te aseguro que es muy dulce abandonarse en manos de tan buen Padre.
Ama mucho a la Virgen, y esto te ayudará para amar a Dios. ¡Qué suave y dulce es consagrarse a María! A mí no me negó nada desde el primer día de vida religiosa.

lunes, 2 de febrero de 2015

El demonio no es un mito...Por Dom Esteben Chevevière


El demonio no es un mito, y si bien es excesivo verle en todas las tentaciones, la tradición monástica concuerda en atribuirle especial encarnizamiento contra los anacoretas. El desierto, por lo que dice el Evangelio (Mateo 12,43) era tenido por el lugar propio de su guarida, y el monje en aventurada ofensiva se proponía desalojarlo. San Mateo establece explícitamente una conexión entre el retiro de Jesús en el desierto y la tentación: “Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto ‘para’ ser tentado por el diablo” (4, 1).