miércoles, 30 de diciembre de 2015

Oh feliz el siervo... Por Tertuliano


¡Oh feliz el siervo de cuya corrección se interesa el Señor! ¡Dichoso aquel contra quien se digna enojarse y a quien corrigiendo nunca engaña con disimulo! 
Como se puede ver, estamos siempre obligados al deber y al servicio de la paciencia. De cualquier parte que venga la molestia: sea de nosotros, sea de la insidias del demonio o por amonestación de Dios, ha de intervenir la paciencia con su ayuda que, además de ser una merced grande de su condición, es también una felicidad.  
¿A quiénes, en efecto, llamó el Señor dichosos, sino a los pacientes?
"Bienaventurados, dice los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt  5, 3). Nadie es pobre de espíritu perfectamente sino el humilde, y ¿quién es humilde sino el paciente? Pues nadie puede humillarse a sí mismo, si antes no tuvo paciencia en la sumisión.

  • En tratado de la paciencia y exhortación a los mártires.

sábado, 3 de octubre de 2015

Presiento que voy...Por Santa Teresa del Niño Jesús

Presiento que voy a entrar en el descanso... Pero presiento, sobre todo, que mi misión va a comenzar: mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo, de dar mi caminito a las almas. Si Dios escucha mis deseos, pasaré mi cielo en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra. Y eso no es algo imposible, pues, desde el mismo seno de la visión beatífica, los ángeles velan por nosotros.
Yo no puedo convertir mi cielo en una fiesta, no puedo descansar mientras haya almas que salvar... Pero cuando el ángel diga: «¡El tiempo se ha terminado!», entonces descansaré y podré gozar, porque estará completo  el número de los elegido y todos habrán entrado en el gozo y en el descanso. Mi corazón se estremece de alegría al pensar en esto....

sábado, 19 de septiembre de 2015

El amor don divino....Por Vladimir Lossky

 
El amor don divino perfecciona la naturaleza humana hasta «hacerla aparecer en la unidad e identidad con la naturaleza divina por la gracia», según la expresión de San Máximo. El amor al prójimo ha de ser el síntoma de la adquisición del verdadero amor de Dios. «El signo cierto por el cual puede reconocerse a quienes han llegado a esta perfección es -de acuerdo con San Isaac el Sirio- el siguiente: Si diez veces por día se los entregara a las llamas por su caridad al prójimo, esto no les parecería bastante». «Conozco a un hombre -dice San Simeón el Nuevo Teólogo- que deseaba con tal ardor la salvación de sus hermanos que con frecuencia pedía a Dios con lágrimas ardientes, de todo corazón y en el exceso de un celo digno de Moisés que sus hermanos se salvasen con él o que él también se condenase con ellos. Porque estaba ligado con ellos en el Espíritu Santo con tal lazo de amor que ni siquiera habría querido entrar en el reino de los cielos si para ello hubiese tenido que separarse de sus hermanos». En el amor a Dios cada persona humana halla su perfección; ahora bien, las personas no pueden llegar a la perfección sin que se realice la unidad de la naturaleza humana. El amor de Dios, luego, ha de estar vinculado con la caridad al prójimo. Este amor perfecto hará al hombre semejante a Cristo, pues estará unido por su naturaleza creada con la humanidad entera y reunirá en su persona lo creado y lo increado, el compuesto humano y la gracia deificane. Unidos a Dios, los elegidos llegan al estado del hombre perfecto, a la medida de la estatura perfecta de Cristo, según el dicho de San Pablo (Ef. IV 13).
  • Vladimir Lossky, Teología mística de la iglesia de oriente, ( Extracto de Cap X) Traducción de Aquilino S Pallasá.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Oh bienaventurada.. Por San Pablo de la Cruz

 
¡Oh, bienaventurada el alma que está crucificada con Jesús sin saberlo y sin verlo por estar privada de todo consuelo sensible! ¡Oh, feliz del alma que..., inclinando la cabeza, exclama con Jesús "Pater in manus tuas commendo spiritum meum" , y muere místicamente a todo lo que no es Dios vida divina, en el seno mismo del Padre celestial.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Humildad es una sumisión... Por Fray Juan de los Angeles


Humildad es una sumisión o sujeción a Dios y a los hombres por Dios, y un encogimiento en el alma, que no la deja pestañear en el divino acatamiento, ni quitar los ojos un punto de su nada. Para alcanzar esta joya tan preciosa son menester oraciones, lágrimas y gemidos con perseverancia; porque si todo don perfecto y dádiva bonísima viene de arriba de aquel Padre de las lumbres, ¿quién sino Él podrá darte tan gran tesoro, tan preciosa dádiva y don tan perfecto como la humildad. Preguntado un santo de  aquellos de yermo (desierto) cómo se podría alcanzar la perfecta humildad respondió: "Si cada uno se ocupa solamente de sus obras y no de las ajenas".  Alcanzase también con la consideración  de la majestad y grandeza de Dios. Por lo cual, recogidas en una todas tus fuerzas espirituales, diligente y piadosamente mira qué Dios tienes. ¡Qué tan poderoso! ¡Qué tan sabio! ¡Y qué tan bueno! Todo esto podrás ver en sus criaturas, en las cuales resplandecen estos divinos atributos con mucha claridad; digo que lo verás si te adiestra la humildad, que por faltar a los sabios del mundo se quedaron sin este conocimiento, oscurecidos sus entendimientos y llenos de tinieblas , de errores y desatinos. El apóstol san Pablo dice que, porque en la sabiduría de Dios no conoció por sabiduría a Dios el mundo, quiso Dios y tomó por gusto de salvar los fieles por la locura de la predicación de Cristo crucificado.
 
  • FRAY JUAN DE LOS ANGELES, CONQUISTA DEL REINO DE DIOS (V).

lunes, 24 de agosto de 2015

Nosotros andamos con el que sabe...


Nosotros andamos con el que sabe. Somos sus discípulos. Él es el Maestro. Con lo sabido nuestro Maestro y Señor realiza su obra. Nos llama y nos da camino. Nos modela. Nos comunica su Espíritu. Nos habla vivificándonos. Busca hacer vergeles de nuestros desiertos. Ama la Vida. Es la Vida misma dándose. Nos destina conociéndonos. Y sabiendo todo de nosotros nos ama y espera. Anda con nosotros, los pecadores, queriéndonos levantar a mejor vida. Que crezca el bien en nosotros es su voluntad en acción. Nuestra felicidad es la unión con él. El sabe que para él todo es posible. Nosotros debemos creerlo más y más.

Como Pedro reconocemos en Jesús al Santo de Dios. Al que tiene y comunica palabras de Vida eterna. Palabras con espíritu. Con soplo vital. Con aliento sobrenatural. Con un insuflar divino que rebosa luz en el entendimiento. Que provoca lo firme. Que afirma en la Verdad. Que mueve a amar la Verdad.
Sin embargo, nos desalineamos de Cristo. Solemos perdernos de su belleza. Nos salimos de su Camino. Nos desolamos.
¿Porqué los pozos de la amargura si está el Pan dulce de Dios para consolarnos? ¿Porque una vida triste si Cristo vive? ¿Porqué ese agujero en el pecho si se nos ofrece la inmensa infinitud de la vida en Dios?
Pueden sucederse preguntas, pero que no cesen ni la fe ni la búsqueda espiritual.
Jesucristo es digno de fe y amor. Y él, el autorizado por la fe, nos dice que todo aquel que busca encuentra, y que al que llama se le abre.
Músicas preciosas, formas de conmovedora belleza, leyes, colores y movimientos, seres pequeñísimos y distancias asombrosas, texturas,  profundidades, emociones, glorias del conocimiento, santos, ríos de actos simples y heroicos. Es la vida. El don maravilloso de ser. De proceder de Dios. De poder amarlo. De dejarnos tocar por su Cristo.
Y es el Señor de todos los mundos, de todo lo visible e invisible, el que quiere no solo impregnar de su gracia toda nuestra vida, sino de convertirla, hacerla santa, elevarla, divinizarla, darle participación en su eterna felicidad.
Ahí, viene el pan bajado del Cielo. La Presencia amorosa del Señor. El que ha querido quedarse con nosotros, no para que arrastremos el vivir, sino para dejarselo a él glorificarlo.

La oración es una conservadora de la gracia recibida, una cuidadora de las semillas de Dios, una vigía para alejar peligros. Es el amor mismo, como vía, canal, curso con Dios, los hombres, y lo creado.
La oración sostenida. El aprendizaje contínuo. La devoción cultivada.
Eso necesitamos. Oremos y gustaremos lo que este Pan trae y es. Oremos en el silencio, y con cantos, con los salmos, con las oraciones de la tradición, con otros, solos, junto a imágenes, encendiendo cirios, llevando flores, visitando santuarios, quedándonos junto al Sagrario, de rodillas, o de pie. Pero hagamos de la semana una cinta de oraciones. Que la vida cotidiana no quede afectada por los solos asuntos del mundo, que estos reciban su limitado lugar, que no sequen el alma, y que el alma se abra a Dios, y que aumente el hambre del Pan eucarístico.
Y el domingo sea Resurrección... Renovado encuentro con el Señor Resucitado.

“Sólo tú tienes palabras de Vida eterna”, le dijo Pedro a Jesucristo.
Lo que Jesucristo procura es darse. Su darse es nuestra eucaristía. La eucaristía es la entrada, la comunión con el que vence lo que se opone a la Vida, al amor, al camino bienaventurado, a los bienes que no acaban.

Puede el Señor lo que nadie puede.


                                            Padre Gustavo Seivane

jueves, 26 de febrero de 2015

Es nuestra obligación.....Por Hadewijch de Amberes


Es nuestra obligación practicar las virtudes, no para encontrar la consideración ni la felicidad, ni la riqueza, ni el rango, ni gozo alguno en el cielo o en la tierra, sino para mostrar respeto a la sublimidad que es Dios, que con este fin ha creado nuestra naturaleza, que la ha hecho para su gloria y alabanza y para nuestra felicidad en la gloria eterna.

Así es el camino del Hijo de Dios, que nos dio y mostró como ejemplo cuando él mismo vivió como hombre, pues durante toda su existencia terrena, desde el comienzo al fin, cumplió y realizó la voluntad del Padre en todas las cosas y a cada instante, con todo su ser, con todos los servicios que pudo realizar, con palabras y con obras, en la alegría y en la tristeza, en esplendor y en la humillación, con los milagros, en la desagracia de los hombres, el dolor, los trabajos, en la angustia y en la inquietud y en la amarga muerte.

  • Fuente: Hadewijch de Amberes, Carta IV.

lunes, 9 de febrero de 2015

Necesito un océano... Por San Pablo de la Cruz


¡Necesito un océano; quiero sumergirme en un océano de fuego y de amor; quiero convertirme en cenizas de amor; quiero poder cantar en la hoguera del Amor Increado, precipitarme en la magnificencia de sus llamas, perderme en su silencio, abismarme en el Todo Divino!

sábado, 7 de febrero de 2015

Qué bueno es el Señor...Por San Rafael Arnaiz

¡Qué bueno es el Señor, qué sencillos sus caminos! Parece que está esperando que tengamos cualquier dificultad para alargarnos una mano y tendernos su ayuda. Te aseguro que es muy dulce abandonarse en manos de tan buen Padre.
Ama mucho a la Virgen, y esto te ayudará para amar a Dios. ¡Qué suave y dulce es consagrarse a María! A mí no me negó nada desde el primer día de vida religiosa.

lunes, 2 de febrero de 2015

El demonio no es un mito...Por Dom Esteben Chevevière


El demonio no es un mito, y si bien es excesivo verle en todas las tentaciones, la tradición monástica concuerda en atribuirle especial encarnizamiento contra los anacoretas. El desierto, por lo que dice el Evangelio (Mateo 12,43) era tenido por el lugar propio de su guarida, y el monje en aventurada ofensiva se proponía desalojarlo. San Mateo establece explícitamente una conexión entre el retiro de Jesús en el desierto y la tentación: “Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto ‘para’ ser tentado por el diablo” (4, 1).

sábado, 31 de enero de 2015

Si bien pasar por una prueba....Padre Pio


Si bien pasar por una prueba es muy duro, te vuelvo a repetir que no debes tener miedo, porque Jesús está contigo, aun cuando ves que estás como al borde de un precipicio. Evidentemente, debes levantar tu voz al cielo, aun cuando te invade un sentimiento de desolación. Grita en voz alta con Job, ese hombre tan paciente que cuando el Señor lo puso en la misma situación en la que te encuentras, le dijo gritando: "Aunque tú me mataras, Señor, seguiría esperando en tí" (Job 13,15)

Carta a Raffaelina Cerase del 28 de febrero de 1915.

lunes, 26 de enero de 2015

Ese andar en Jesucristo...Por Isabel de la Trinidad


Ese andar en Jesucristo me parece a mí que es salirse de sí mismo, perderse de vista, dejarse totalmente a sí propio, para adentrase más hondamente en Él a cada instante que pasa.Tan hondamente que, arraigado en Él, ante todo acontecimiento, en presencia de cualquier cosa pueda lanzar este reto valiente: "¿Quién podrá arrebatarme al amor de Cristo? (Rom. 8,35)
Cuando el alma se ha establecido de una forma tan inconmovible en Jesucristo y ha logrado echar raíces tan hondas en Él, la savia divina la invade avasalladora, destruyendo todo lo que su vida tiene de imperfecto, superficial y humano, Entonces se realiza lo que dice el Apóstol: Nuestra mortalidad será absorbida por la vida (2 Cor. 5,4)

  • Fuente: Últimos ejercicios espirituales, 2, 33

sábado, 17 de enero de 2015

No nos cansemos...Por San Antonio Abad


Así, hijitos, no nos cansemos ni pensemos que estamos afanándonos mucho tiempo o que estamos haciendo algo grande. Pues los sufrimientos de la vida presente no pueden compararse con la gloria separada que nos ser revelada (Rm 8,18). No miremos hacia a través, hacia el mundo, que hemos renunciado a grandes cosas. Pues incluso todo el mundo, y no creamos que es muy trivial comparado con el cielo. Aunque fuéramos dueños de toda la tierra y renunciaremos a toda la tierra, nada sería comparado con el reino de los cielos. Tal como una persona despreciaría una moneda de cobre para ganar cien monedas de oro, así es que el dueño de la tierra y renuncia a ella, da realmente poco y recibe cien veces más (Mt 19,29). Pues, ni siquiera, toda la tierra equivale el valor del cielo, ciertamente el que entrega una poca tierra no debe jactarse ni apenarse; lo que abandona es prácticamente nada, aunque sea un hogar o una suma considerable de dinero de lo que se separa.

viernes, 16 de enero de 2015

Esforcémonos...Por PseudoMacario

 
Esforcémonos, pues, con esperanza, fe y toda paciencia en entregarnos enteramente al Señor, manteniéndonos en todos los mandamientos y preparándonos totalmente bien. Y El cumplirá pronto sus promesas para con nosotros, pues no miente; a condición de que nosotros, como siervos fieles e íntimos, cumplamos todo lo que le agrada con nuestra libre voluntad, en un incesante esfuerzo. Y así, juzgados dignos de la gracia y habiendo adquirido como fundamento verdadero en nuestro corazón la potencia del Espíritu, podremos soportar todas las tentaciones y aflicciones; y así, hechos irreprochables por el Espíritu, llegaremos a ser dignos de los bienes eternos por los siglos de los siglos. Amén.

  • Fuente: PseudoMacario, Homilía XVII, 2,1.

lunes, 12 de enero de 2015

Adquiere la inocencia...Por San Pacomio



Adquiere la inocencia, sé como esas ovejas inocentes, que si se les quita la lana no dicen ni una palabra. No vayas de un lugar a otro diciendo: "Aquí o allá encontraré a Dios". Dios ha dicho: Yo lleno el cielo, Yo lleno la tierra (Jr 23,24). Y de nuevo: Si pasaras a través del agua, Yo estoy contigo (Is 43,2). Y: Los ríos no te sumergirán (Is 43,2). Debes saber, hijo mío, que Dios vive dentro de ti, para que permanezcas en su ley y en sus mandamientos. El ladrón estaba en la cruz y entró en el paraíso. Judas, en cambio, era uno de los apóstoles y traicionó a su Señor. Rajab yacía en la prostitución y fue contada entre los santos; Eva, en cambio, en el paraíso fue engañada. Job sobre la basura fue comparado a su Señor, Adán en el paraíso se desvió del precepto. Los ángeles estaban en el cielo y fueron precipitados al abismo; Elías y Henoc fueron conducidos al reino de los cielos. En todo lugar, por tanto, busquen a Dios, busquen en todo tiempo su fuerza (1 Cro 16,11; Sal 104,4). Búsquenlo como Abraham que obedeció a Dios, ofreció en sacrificio a su hijo y por esto fue llamado "mi amigo". Búsquenlo como José, que luchó contra la impureza hasta reinar sobre sus enemigos. Búsquenlo como Moisés, que siguió a su Señor; él lo constituyó legislador y le hizo conocer su imagen. Lo buscó Daniel y (Dios) le dio a conocer grandes misterios y lo salvó de las fauces de los leones. Lo buscaron los tres santos y lo encontraron en el horno ardiente. Job se refugió en él, y él le curó sus heridas. Lo buscó Susana, y (Dios) la salvó de las manos de los impíos. Lo buscó Judit, y lo encontró en la carpa de Holofernes. Todos estos lo buscaron, y él los salvó, y también salvó a los otros.


  • Fuente: Catequesis a propósito de un monje rencoroso.

domingo, 11 de enero de 2015

Cuando estés en oración..Por Juan el solitario


Cuando estés en oración ante Dios, presta atención a que tu mente esté recogida. Expulsa de tu interior los pensamientos perturbadores; asume el honor de Dios en tu alma; purifica los movimientos de tus pensamientos, y si debes luchar a causa de estos, persiste en el combate y no cedas. Cuando Dios ve tu paciencia, entonces de pronto se manifiesta en ti la gracia, y tu mente se ve fortalecida, y tu corazón arde por el fervor, y los pensamientos de tu alma se iluminan, y quizá emanarán de ti intuiciones admirables sobre la grandeza de Dios. Pero esto sólo sucede con mucha oración y un pensamiento puro; porque del mismo modo que no ponemos perfumes preciados en frascos pestilentes, tampoco Dios acepta las intuiciones sobre su grandeza en una mente aún odiosa.

  • Fuente: Carta a Hesiquio 


sábado, 10 de enero de 2015

La sangre preciosa..Por Juliana de Norwich


La sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo es en verdad la más preciosa, la más inagotable. Mirad y ved el poder de esta preciosa abundancia de su preciosa sangre. Descendió a los infiernos y rompió sus cadenas, y liberó a todos aquellos que allí se encontraban y que pertenecían a la corte celestial. La preciosa abundancia de su preciosa sangre inunda toda la tierra, y está presta para lavar los pecados de todas las criaturas que son, han sido y serán de buena voluntad. La preciosa abundancia de su preciosa sangre ascendió al cielo en el cuerpo bendito de nuestro Señor Jesucristo, y allí entró a raudales, pidiendo al Padre por nosotros; así es y así será mientras tengamos necesidad de ello. Fluye a raudales por todo el cielo, regocijando en la salvación a toda la humanidad que allí se encuentra y se encontrará, hasta completar el número de los que faltan.


  • Fuente: Libro de Visiones y Revelaciones, Cuarta visión.

jueves, 8 de enero de 2015

Cuando no se nos comprende....Por Santa Teresa de Niño Jesús


Cuando no se nos comprende o se nos juzga desfavorablemente, ¿a qué defendernos o dar explicaciones? Dejémoslo pasar, no digamos nada, ¡es tan bueno no decir nada, dejarse juzgar, digan lo que digan...! En el Evangelio no vemos que santa María Magdalena haya dado explicaciones
cuando su hermana la acusaba de estarse a los pies de Jesús sin hacer nada. No dijo: «¡Si supieras, Marta, lo feliz que soy, si escucharas las palabras que yo escucho! Además, es Jesús quien me ha dicho que me esté aquí». No, prefirió callarse. ¡Venturoso silencio, que da al alma tanta paz !

  • Fuente: Últimas conversaciones

lunes, 5 de enero de 2015

Cuando el corazón anda en bajezas...Por San Juan de la Cruz


Cuando el corazón anda en bajezas, por el suelo rueda la corona, y cada bajeza la da con el pie; mas cuando el hombre se allega al corazón alto que dice David (Sal. 63, 7), entonces es Dios ensalzado con la corona de aquel corazón alto de su Esposa, con que le coronan el día de la alegría de su corazón (Ct. 3, 11), en que tiene sus deleites cuando está con los hijos de los hombres (Pv. 8, 31). Estas aguas de deleites interiores no nacen en la tierra; hacia el cielo se ha de abrir la boca del deseo, vacía de cualquier otra llenura, y para que así la boca del apetito, no abreviada ni apretada con ningún bocado de otro gusto, la tenga bien vacía y abierta hacia aquel que dice: Abre y dilata tu boca, y
yo te la henchiré (Sal. 80, 11).

De manera que el que busca gusto en alguna cosa, ya no se guarda vacío para que Dios le llene de su inefable deleite; y así como va Dios, así se sale, porque lleva las manos embarazadas y no puede tomar lo que Dios le daba. (Dios nos libre de tan malos embarazos, que tan dulces y sabrosas libertades estorban!


  • Fuente: Carta a las Carmelitas Descalzas de Beas. Málaga, 18 noviembre 1586


sábado, 3 de enero de 2015

Ni por naturaleza ni por libre decisión....Por Edith Stein


Ni por su naturaleza ni por libre decisión hubo en Cristo nada que opusiera resistencia al amor. En cada momento de su existencia vivió entregado sin reservas al amor divino. Mas, al hacerse hombre, tomó sobre sí toda la carga de los pecados humanos, se abrazó con ellos en su misericordioso amor, escondiéndolos en su propia alma, con aquel Ecce venio, con el que inauguró su vida terrena, expresamente repetido en su bautismo, y con el Fiat de Getsemaní. Así se fue consumando su sacrificio de expiación, primero, en su interior, y luego en los dolores todos a lo largo de su existencia, pero de modo más espantoso en el Huerto de los Olivos y en la Cruz, porque aquí llegó aún a cesar de momento el gozo que a su alma redundaba de su unión hipostática, para que así quedara más totalmente a merced del dolor, hasta probar el más total abandono de Dios. El Consumatum est señalará el fin de ese holocausto expiatorio, y el Pater, in manus tuas commendo spiritum meum será el definitivo retorno a la eterna e inalterable unión de amor.

Nuestros pecados quedaron destruidos a fuego en la Pasión y muerte de Cristo. Cuando esto creemos y nos unimos al Cristo total, guiados por la fe, lo cual quiere decir que hemos entrado también decididos por el camino del seguimiento de Cristo, ya entonces. Cristo nos va llevando «a través de su Pasión y de su Cruz, a la gloria de la Resurrección».

  • Fuente: La ciencia de la Cruz

viernes, 2 de enero de 2015

La humildad...Por Isabel de la Trinidad..


"Este vivir sumergida en humildad es vivir sumergidos en Dios, porque Dios es el fondo de ese abismo. He aquí por qué la humildad, lo mismo que la caridad, es capaz de crecer siempre. Puesto que ese fondo de humildad es un vaso necesario, vaso donde el Señor quiere derramar su gracia y único capaz de recibirla, seamos humildes. Jamás el humilde colocará a Dios lo suficientemente alto, ni  a sí mismo lo suficientemente bajo.

Mas he aquí la maravilla: su impotencia se trocará en sabiduría, y la poquedad de su acto, siempre deficiente a sus propios ojos, se convertirá  en el gusto más sabroso de su vida. Quien posee un fondo de humildad no tiene necesidad de muchas palabras para instruirse. Dios le comunica más cosas que las que se le podrían enseñar. Tal es la actitud de los discípulos de Dios"

  • Fuente: Isabel de la Trinidad, ¿Como se puede hallar el cielo en la tierra?, N 36.