miércoles, 31 de diciembre de 2014

Jesucristo....Por Enrique de Ossó

"Contempla a Jesús que mostrándote su Corazón te dice: "Si hayas otro que te haya amado tanto como Yo, puedes amarle mas que a Mí"

Jesús mío y todas las cosas. Tú todo mío, y yo todo tuyo eternamente.



Sin un amigo fiel a quien comuniques tus alegrías y penas, no puedes vivir bien. Y si Jesús no es tu principal amigo vivirás muy triste y desolado.....
¿Es Jesús tu amigo, a quien más amas?...
Sin amado no puede pasarse tu ardoroso corazón, hecho expresamente para amar.. Pero si Jesús no es el Amado de tu alma sobre todas las cosas, no tendrás sosiego ni paz...
Este Amado es de tal condición, que exige ser Rey de tu corazón, o nada...
¿Amas a Jesús sobre todas las cosas?...¿Y todas las cosas las amas en Jesús....por Jesús...para Jesús?...
Sin Señor a quien estés sujeto y sirvas, no puedes pasarte tú, criatura débil y miserable...Y si Jesús no es tu Señor y soberano Dueño, no gozarás de verdadera libertad...
¿Y es Jesús el Señor de tu corazón, el Dios de tu alma, el Rey de todos tus afectos?
Examínalo, pues te va en ello la paz y la felicidad de esta vida y de la eterna.

  • FUENTE: Cuarto de hora de oración, Enrique Ossó.



martes, 30 de diciembre de 2014

Oh Trinidad eterna...Por Santa Catalina de Siena


"¡Oh Trinidad eterna! ¡Oh Deidad, que con la unión de la naturaleza divina tan grande valor disteis a la sangre de vuestro único Hijo! ¡Oh Trinidad eterna! Vos sois un mar profundo donde si más busco más encuentro, y si más encuentro más busco. Saciando al alma, jamás la dejáis satisfecha, sino anhelante siempre, siempre hambrienta de Vos, Trinidad eterna, pues que desea ver vuestra luz en la luz vuestra. Como el ciervo suspira por el agua fresca de la fuente, así mi alma desea salir de su oscura prisión para contemplaros tal cual sois en la Verdad de vuestro Ser. ¿Se oculta aún mucho tiempo vuestra cara a mis miradas? ¡Oh Trinidad eterna, fuego y abismo de caridad! Disipad la nube de mi cuerpo; pues el conocimiento que vos me habéis dado de Vos mismo me llena de vuestra verdad y me empuja a anhelar la rotura de mis lazos terrenos.

  • Santa Catalina de Siena

domingo, 28 de diciembre de 2014

Todo lo hago por Dios....Por San Rafael Arnaiz


De una cosa me tengo que convencer. Todo lo que hago es por Dios. Las alegrías Él me las manda; las lágrimas Él me las pone; el alimento por Él lo tomo, y cuando duermo por Él lo hago.

Mi regla es su voluntad, y su deseo es mi ley, vivo porque a Él le place, moriré cuando quiera. Nada deseo fuera de Dios.

Que mi vida sea un "fiat" constante.

Que la Santísima Virgen María me ayude y me guíe en este breve camino de la vida sobre el mundo.


  • Hno Rafael Arnaiz, 21-12-1937.



sábado, 27 de diciembre de 2014

La reverencia en la oración...Por San Benito


Si cuando queremos sugerir algo a los hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, ¿cuánto más se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción?
Y sepamos que no seremos escuchados por hablar mucho, sino por la pureza de corazón y compunción de lágrimas. Por eso la oración debe ser breve y pura, a no ser que se prolongue por un efecto de la inspiración de la divina gracia.

  • Regla de San Benito, Cap XX.

viernes, 26 de diciembre de 2014

San Damian de Molokai

Nace Jesús...Por San Bernardo


Nace Jesús. Alégrese incluso el que siente en su conciencia de pecador el peso de una condena eterna. Porque la misericordia de Jesús sobrepuja el número y gravedad de los delitos. Nace Cristo. Gócense todos los que han sufrido la violencia de los vicios que dominan al hombre, pues ante la realidad de la unción de Cristo no puede quedar rastro alguno de enfermedad en el alma, por muy arraigada que esté. Nace el Hijo de Dios. Alborócense cuantos sueñan con sublimes objetivos, porque es un generoso galardonador

jueves, 25 de diciembre de 2014

Feliz Navidad!

La Navidad nos trae el acontecimiento Sagrado de la Palabra eterna hecha carne. Vino Jesús al mundo para iluminar nuestras tinieblas, para librarnos de nuestras contradicciones y para establecernos en una senda nueva. Se nos invita al recogimiento, a un gozo sereno y calmo. No podemos imaginar la serenidad de los corazones de María y José frente a la vista del recién nacido. La sublime escena del nacimiento nos de la esperanza que necesitamos.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Os anunciamos la venida de Cristo..Por San Cirilo



Os anunciamos la venida de Cristo, y no sólo una, sino también una segunda que será sin duda mucho más gloriosa que la primera. La primera se realizó en el sufrimiento, la segunda traerá consigo la corona del reino. 

Porque en nuestro Señor Jesucristo casi todo presenta una doble dimensión. Doble fue su nacimiento: uno, de Dios, antes de todos los siglos; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Doble su venida: una en la oscuridad y calladamente, como lluvia sobre el césped; la segunda, en el esplendor de su gloria, que se realizará en el futuro.


En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá vestido de luz. En la primera sufrió la cruz, pasando por encima de su ignominia; en la segunda vendrá lleno de poder y de gloria, rodeado de todos los ángeles.


Por lo tanto, no nos detengamos sólo en la primera venida, sino esperemos ansiosamente la segunda. Y así como en la primera dijimos: Bendito el que viene en nombre del Señor, en la segunda repetiremos lo mismo cuando, junto con los ángeles, salgamos a su encuentro y lo aclamemos adorándolo y diciendo de nuevo: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Vendrá el Salvador no para ser nuevamente juzgado, sino para convocar a juicio a quienes lo juzgaron a él. El que la primera vez se calló mientras era juzgado dirá entonces a los malvados que durante la crucifixión lo insultaron: Esto hicisteis y callé.


En aquel tiempo vino para cumplir un designio de amor, enseñando y persuadiendo a los hombres con dulzura; pero al final de los tiempos -lo quieran o no- necesariamente tendrán que someterse a su reinado.


De estas dos venidas habla el profeta Malaquías: Pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. Esto lo dice de su primera venida.


Y de la otra dice: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: he aquí que viene -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será como un fuego de fundidor, como lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata.


Pablo, en su carta a Tito, nos habla también de las dos venidas con estas palabras: Dios ha hecho aparecer a la vista de todos los hombres la gracia que nos trae la salud; y nos enseña a vivir con sensatez, justicia y religiosidad en esta vida, desechando la impiedad y las ambiciones del mundo, y aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Mira cómo nos muestra la primera venida, por la cual da gracias, y la segunda, que esperamos.


Por eso la fe que hemos recibido por tradición nos enseña a creer en aquel que subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.


Vendrá, por tanto, nuestro Señor Jesucristo desde el cielo, vendrá glorioso en el último día. Y entonces será la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será totalmente renovado.

jueves, 27 de noviembre de 2014

No se ha de pedir a Dios... Por San Felipe de Neri

 
No se ha de pedir a Dios que envíe tribulaciones ni tentaciones presumiendo poderlas soportar, debiendo en eso andar con mucha cautela, porque el hombre bastante hace con sobrellevar aquellas que Dios a diario le envía; pero sí se ha de pedir con humilde y confiado afecto gracia y fortaleza para sufrir con alegría todo cuanto le pluguiere enviarnos.
Cuando vengan sobre nosotros las tribulaciones, las enfermedades y contrariedades, no se han de huir con temor, sino vencerlas con valor.

En: San Felipe de Neri, Doctrina Espiritual, Ediciones Apostolado Mariano.

domingo, 18 de mayo de 2014

El camino es el cielo..... 5to Domingo de Pascua



El camino es al Cielo. El Cielo es nuestra amada Verdad. Es la Verdad que nos fundamenta, nos anima, nos ordena, nos afirma, nos bendice con serena convicción, y nos resguarda de la inestable opinología, la confusión, y el desaliento.
El Cielo esperamos. Esta esperanza tiñe nuestros días, los días que pasan, que nos restan tierra, que nos acercan a lo definitivo.
Caminamos en Cristo. Y el Señor es a su vez la meta. Ver su Rostro, entrar en su dominio, en el cara a cara con el que nos ha amado sacándonos de la nada, y regalándonos una oportunidad: vivir en él para participar de su misma Vida. La Vida que ya no muere.
Y así nos lo dice Jesús hoy:
“No se inquieten…En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”.
Hay agitaciones que no proceden de Dios.
Hay inquietudes que surgen de la debilidad natural o del directo influjo del maligno.
Afirmarse en Cristo es, entonces, una tarea espiritual que colabora con la gracia.
Asentarse. Fijarse. Establecerse. Determinarse en el Señor, supone una renovada, probada, y actualizada fe.
“No se inquieten. Crean. Crean en Dios…” insiste Jesús.
 Y caminar, perseverar en la fe, requiere de ánimo de combate. Creemos. Pero la feliz aventura de andar en Cristo, de practicar la Verdad revelada, de elegir la Vida en Dios, más que una espontaneidad o un repentino sentimentalismo, es un ejercicio, una respuesta, una libre entrega.
Se trata de dar el corazón más y más, a impulsos de amor y renuncia.
“Crean”, dice Jesús.
Crean que por Mí se va a la Vida. A la nueva Vida. La de las muchas habitaciones, los muchos modos de permanecer en Dios para siempre. Crean que ya están entrando en esa dimensión de los resucitados. Crean y la Verdad los hará libres.
 Aquel que se presenta como el Camino, la Verdad, y la Vida, es el que nos quiere atentos, determinados y generosos con su don.
Atentos a que nuestros pasos vayan por el Evangelio. No diseñar entonces una vida paralela a su Palabra, sino más bien entrar en su Corazón, en el Corazón de Cristo, que nos llama felices si vivimos lo que nos pide.
Atentos, por eso, a los posibles desvíos, a las muchas fáciles salidas que nos presenta el espíritu del mundo.
Porque si se anda en Cristo, el alma se irá haciendo más y más humilde, y gustará de pertenecer al reino de la Luz.
Si se ama a Cristo como la Verdad se apreciará como un valor la paciencia, y habrá un vislumbre anticipado de esa pampa infinita de los elegidos, la inconmensurable tierra nueva del amor de Dios que aguarda al que persevere hasta el fin.
Si transitamos esta peregrina existencia, gustando los dones de la Vida de Dios que comenzaran con nuestro bautismo, nuestras aflicciones serán consoladas con ríos de dulzura santa, ya que Dios ni miente ni defrauda.
Si se camina como cristiano, con hambre y sed de Dios, la saciedad de la otra dimensión será nuestra corona.
Si la Verdad de Cristo me unge cada día en mis tareas y ocupaciones, seré misericordioso y obtendré la misericordia final.
Si le dejo a la Gracia que me haga como un niño, mi corazón será más puro para poder entrar a ver la misma Vida del Señor.
Si trabajo por la paz, como hijo del Dios verdadero, conoceré insultos, persecuciones, o calumnias, pero la recompensa será el infinito, la Gloria, el cara a cara con el Amor mismo, Origen de todo lo bueno.
 Si un cristiano no vive para el Cielo, no vive para Dios.
Lo cuál sería como introducir una contradicción en su vida. Un absurdo. Un sin sentido, que sin embargo nos acecha.
“Pido disculpas a la muerte,
 por haberme reído mientras transcurría”, dice un poeta.
Hay cosas que reclaman seriedad.
Y seria son las decisiones morales, la vida y la muerte, la respuesta a Dios, y el más allá.
Serio es querer ser santo. Cada uno a su medida. La entrega a Dios con fidelidad. El darse a Dios en la Iglesia. Crecer en caridad.
Porque en esta época de descontrol, subjetivismo, insurrección extendida, bullicio, superficialidad, superproducción de imágenes inconexas; en este tiempo en el cuál una persona puede pasar del vientre de su madre a la tumba distraído de todo lo esencial y sin hacerse ninguna pregunta trascendente; en este Eón de ríos de palabras sin alma, de slogan, clichés, y ruina espiritual… en este tiempo se necesita con mayor ahínco y determinación afirmar los pasos en Cristo: Camino, Verdad, y Cielo.
 Jesucristo no vino a hacer un mundo mejor, sino a traernos la posibilidad de la Vida eterna. Obviamente que si vivimos en Cristo mejoramos el mundo, como un efecto colateral.
Pero el que nos dice: “tengan sus pensamientos puestos en las cosas celestiales”, y también, “no se ajusten a este mundo”, hoy nos alienta:
“Yo voy a prepararles un lugar.
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo”.
 Comulgamos con esta esperanza.   
 Padre Gustavo Seivane
 

sábado, 10 de mayo de 2014

Cosa curiosa. Por Isabel de la Trinidad

 
Después de un sermón sobre la muerte y el juicio, escribe:
          "Cosa curiosa. Con temer tanto el juicio de Dios, el sermón de esta tarde no me ha impresionado lo más mínimo. ¡Oh Jesús!, ¿por qué me ha de aterrar el comparecer ante vuestra divina presencia? ¿Habéis de condenar Vos entonces a esta criaturita que, pese a su flaqueza, a sus innumerables imperfecciones, no ha vivido en la Tierra sino para Vos? Ciertísimo que es una miserable, que ha merecido el infierno mil veces. Pero, Jesús mío, es tanto lo que os ha amado, que no podéis por menos de reconocerla, es vuestra esposa. Por lo mismo, debe ir en pos de vuestras huellas, embriagarse en los deleites de vuestra divinal presencia, cantando el cántico nuevo reservado a las vírgenes.
    ¡Oh muerte! ¡Si no abrigare la esperanza de poder sufrir, y de hacer algún bien sobre la tierra, me apresuraría ahora mismo a llamarte con voz de grito!
    Pero, si algún día hubiese de tener la enorme desdicha de ofender a mi divino Esposo, a quien amo sobre todas las cosas, apresúrate entonces a segarme con tu guadaña antes de que me suceda semejante desgracia."

domingo, 13 de abril de 2014

Ven Cristo y Reina...



Rey de los reyes, Señor del orbe,
Rey de las mentes y corazones:
¡Gloria al Señor!
 
¡Ven, Cristo y reina,
tuyo es el cielo, tuya la tierra!
Hoy te aclamamos,
Rey de los hombres:
¡Gloria al Señor!
 
Rey que en tu muerte nos das la vida,
Rey que en tu triunfo nos das la dicha:
¡Gloria al Señor!
 
Rey que nos brindas tu amor divino,
Rey que te entregas en pan y vino:
¡Gloria al Señor!
 
Reina en las almas y en los hogares,
de nuestra patria,
¡Oh, Cristo, Rey de amor!:
¡Gloria al Señor!

sábado, 12 de abril de 2014

Quien quiere algo distinto a Cristo...Por San Felipe de Neri


Quien quiere algo distinto a Cristo no sabe lo que quiere.
Quien pide otra cosa que  Cristo no sabe lo que pide.
Quien obra, pero no por Cristo, no sabe lo que hace"
                                                              
                                                                         San Felipe de Neri
                  
 

jueves, 10 de abril de 2014

Cuando el sacerdote alza el cáliz/ Por Leon Bloy




Cuando el sacerdote alza el cáliz para recibir la Sangre de Cristo, cabe imaginar el inmenso silencio de toda la tierra que el adorador supone colmada de espanto en presencia del Acto indecible que pone de manifiesto la inanidad de todos los demás actos, equiparables al punto a vanas gesticulaciones en las tinieblas.
La más horrible y cruel injusticia, la opresión de los débiles, la persecución de los presos, el mismo sacrilegio y hasta el desencadenamiento consecutivo de las lujurias del Infierno, todas esas cosas, en ese instante, se diría que dejan de existir, pierden su sentido si se las compara con el Acto Único. No queda más que la avidez de sufrimientos y la efusión de las lágrimas espléndidas del gran Amor, anticipo de la beatitud para los novicios del Espíritu Santo que han fijado su morada en el tabernáculo del olímpico Desprecio de las apariencias todas de este mundo.

sábado, 29 de marzo de 2014

Esa grandeza de Dios tan poco meditada.../ IV Domingo de Cuaresma

 
La ceguera oculta los colores y las formas. Obliga al tanteo, al paso vacilante, a la solicitud tantas veces acuciante de algún prójimo.
La ceguera supo ser en tiempos de Jesús ocasión de miseria, de aislamiento, de maldición, o imputación de pecados.
El ciego mendiga, bordea el templo, clama piedad, abre su mano a la limosna, o grita.
Pero el ciego que nos presenta el evangelio hoy es interceptado por Jesús. Jesús pone en él su mirada. Jesús se acerca. Jesús le habla. Jesús embarra aquellos ojos sin luz. Jesús le da una orden. Jesús manifiesta en él su poder. La Gloria de Dios es. Brilla. Fulgura.
En las aguas de la piscina de Siloé, los ojos ciegos que comienzan a ver hacen de signo. Dios está allí. Dios está aquí. Y ninguna cerrazón se le cierra. Y ninguna barrera lo frena.
Lo que quiere lo hace. Ha legado el que sana y salva. Cristo realiza un milagro que revela quien es. Porque al decir del apóstol:
“Todo fue creado por él y para él”. Él es el dueño de la luz. Él es la luz. Ninguna tiniebla se le opone. Ni las sombras de la muerte resisten a su voz.
A Santa María Magdalena de Pazzi, en una mística visión, se le revelaba un árbol que representaba toda la actividad del universo hundiendo sus raíces en la bondad de Dios. Allí las hojas eran los infinitos beneficios que nos son concedidos, y los frutos la grandeza de nuestro Dios manifestada en esos beneficios.
Esa grandeza de Dios tan poco meditada…
Esa grandeza que supone el poder de Dios. Un poder creador de todas las cosas visibles e invisibles, un poder conservador de todo lo creado, un poder santificador de las almas redimidas.
Poder amoroso. Amor poderoso.
Poder que el ciego experimenta en su cuerpo y en su alma, y que muchos testimonian, aunque algunos cierren el corazón.
Porque serán entonces los fariseos, los que se hundirán a sí mismos en la verdadera ceguera, que es la ceguera espiritual
Mientras algunos creen en Jesús, otros lo rechazan. Y el signo es el mismo. Un ciego de nacimiento ve.
Dios es el único que tiene libre acceso al campo intelectual, afectivo u orgánico nuestro, y puede extender o restringir a su voluntad su acción, multiplicando o suspendiendo fuerzas.
Y Cristo es la imagen del Dios invisible. Él ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra, y todo le está sometido.
Esta luz queremos aceptar.
¿No nos dijeron, acaso, en el bautismo: recibe la luz de Cristo?
Porque buscar luces propias, falsas chispas divinas en la naturaleza, llamas de conocimiento meramente humano para salvarnos es permanecer en tinieblas.
El que ha dicho: Yo soy la Luz del mundo, reparte amaneceres en el que cree. Luce su poder restaurador. Trae al alma el cielo, que es nuestro verdadero futuro. Come con nosotros conservándose presencia que alimenta. Ilumina sin fatigar. Se hospeda como amigo y confidente. Reina sin ruido ni ostentación. Abre los ojos. Limpia la mirada. Cura. O renueva pidiendo fe.
¿Crees en el Hijo del hombre?, le había preguntado Jesús al ciego.
¿Y quién es, Señor, para que pueda creer en él?
Es el que está hablando contigo, le contestó Jesús.
Entonces, aquel hombre, el que había perdido la ceguera, y había nacido a los colores y a las formas, y ya estaba gozando del inefable rostro del Señor, también, ahora amanecía a la fe.
Creo, contestó. Creo. Y lo dijo postrándose. Porque la verdadera fe abaja ante la grandeza y el poder del Dios verdadero. Amén.

 
Padre Gustavo Seivane

lunes, 24 de marzo de 2014

La sed salpica fatigas.... Sobre el pasaje evangélico de la Samaritana


 
La sed salpica fatigas. Trae jadeo, debilidad, obnubilación.
Pero la sed que acusa una garganta es sólo una forma posible de la sed.
Porque todos comprendemos, medianamente, que hay una sed de felicidad, sed de conocimientos, sed de descanso, sed de belleza, sed de amparo, sed comprensión, sed de reconocimiento, sed de Dios.
Aquí se nos muestra hoy al Dios viviente que fatiga los caminos de los hombres para encontrarlos.
Dios busca. Dios nos busca. Dios se sienta junto al pozo de Jacob, y sediento espera a la samaritana. La quiere encontrar. Libremente quiere abrirle los ríos de agua viva. Quiere Dios, en su Cristo, favorecerle a esta mujer, y a todos los mortales, el descubrimiento de sí misma, el reconocimiento de su sed verdadera, una sed sepultada bajo la falsa saciedad de los licores del mundo.
 Jesús, sediento del agua natural en aquel mediodía, le ofrece a la mujer el agua sobrenatural de la Gracia.
Ofrece lo que puede dar. Puede dar lo que es. ¿Y no es Jesucristo la Fuente de la Vida incorruptible, la Fuente que mana sanando, liberando, perdonando, ordenado, empapando, y nutriendo el corazón de aquel que lo acepta y cree?
De esta Fuente, del Cristo Amor, los labios se mojan y ya corre la salvación.
 La samaritana halla una Fuente inesperada.
Le llegará en aquel mediodía, la hora de un diálogo nuevo, sincero, luminoso, y veraz.
Dialogando con el que saca a luz todas las cosas, se sabrá conocida y restaurada. Mana junto a ella la Verdad que no cansa.
Y ella bebe en el Cristo. Bebe de Dios. Bebe y se refresca, como quien descubriendo lo seco y árido, lo estéril y ajado del propio corazón comienza a revivir.
 Como a nosotros, la habían secado tantas cosas. Días vividos sin fe, horas quemadas en la pereza o el desatino, jornadas o momentos vacío del sabor del Espíritu de Cristo. Porque “el que no junta conmigo desparrama”, dice el Señor.
Jesús hará de su sed una ocasión para darse como fuente.
Él da el paso. El siempre lleva la iniciativa. El amor principia. El amor abre el diálogo.
“Si conocieras el don de Dios y quien es el que te está hablando”.
Ella, atrevida, osada, no sólo habla con un judío siendo samaritana, sino con un rabí. Algo escandaloso para su tiempo.
Él, misericordioso, cercano a todos, la conduce en una conversación que la va exponiendo a la luz de la verdad. Suavemente le ayuda a emerger de sus sombras. A pasar de la superficie de las palabras al sentido profundo, trascendente.
Hay otra agua. Hay otra sed. Hay otra Fuente. Hay otra Vida.
Hay un agua viva. Hay una sed de Dios. Hay un Cristo que mana la Vida que no acaba, y que por ser infinita lleva todos los profundos nutrientes de restauración, belleza, y libertad espiritual.
 Camino a la Pascua necesitamos un encuentro así con el Señor. Un encuentro fascinante. Pleno de descubrimientos. Signado por la verdadera adoración.
Adorar en espíritu y en verdad.
Es decir adorar inmersos en la misma vida de Dios. Adorar con la nutrición de la gracia. Adorar insertos en los manantiales de esta vida nueva que es Cristo, el Señor.
 Porque si nos encontramos con él junto al pozo de la oración santa, junto al pozo de la verdad, con la sed descubierta. El nos dará a beber de su mismo Espíritu.
Espíritu que refresca con sus aguas de misericordia, fe, magnanimidad, paz…
 El nos sorprenda.
 
Padre Gustavo Seivane

martes, 18 de marzo de 2014

José se entregaba a su humilde tarea...Por Fr. Michel Gasnier

 
En medio, pues, de su familia de Nazaret, José se entregaba a su humilde tarea, preocupado ante todo de agradar a Dios observando la Ley. Vestía como los obreros de su corporación, y llevaba en la oreja, según la costumbre, una viruta de madera. Es de suponer, sin embargo, que su rostro reflejaría su dignidad y, más todavía, su santidad. Bajo sus hábitos artesanos, había unas maneras que llamaban la atención, pues no se solían encontrar entre gentes de su oficio. Tenía en su actitud y en su compostura un no sé qué de digno y sosegado que imponía respeto; en su rostro un aire de dulzura y de bondad, y en sus ojos un mirar limpio y profundo.
Todos, en la comarca, sabían que pertenecía a la casa de David, pero como era sencillo y humilde y jamás hacía valer sus títulos, y por otra parte la modestia de su oficio desdecía de su nobleza de origen, había quien se resistía a creerlo... ¡Ya era tiempo de que Dios viniese en persona a la tierra para revelar a los hombres en lo que consiste la verdadera grandeza!

lunes, 3 de marzo de 2014

Discernir...Por el Cardenal Van Thuan


Discernir entre las distintas voces intimas la de Dios, para hacer su voluntad en el presente, es un ejercicio continuo, al cual los santos se han sometido dócilmente.

Cuanto más ejercito el discernimiento, cada vez se hace más fácil escuchar la voz de Dios dentro de nosotros”.

domingo, 23 de febrero de 2014

Feliz el hombre....Por San Buenaventura.


Feliz el hombre que en ti tiene su amparo; y que dispuso en su corazón, en este valle de lágrimas, los grados para subir hasta el lugar que dispuso el Señor. No siendo la felicidad otra cosa que la fruición del sumo bien y estando el sumo bien sobre nosotros, nadie puede ser feliz si no sube sobre sí mismo, no con subida corporal, sino cordial. Pero levantarnos sobre nosotros no lo podemos sino por una fuerza superior que nos eleve. Porque por mucho que se dispongan los grados interiores, nada se hace si no acompaña el auxilio divino. Y en verdad, el auxilio divino acompaña a los que de corazón lo piden humilde y devotamente; y esto es suspirar a él en este valle de lágrimas, cosa que se consigue con la oración ferviente. Luego la oración es la madre y origen de la sobreelevación. Por eso Dionisio en el libro De mystica theologia, queriendo instruirnos para los excesos mentales, pone ante todo por delante la oración. Oremos, pues, y digamos a Dios Nuestro: ¡Señor: Condúceme, Señor, por tus sendas y yo entraré en tu verdad; alégrese mi corazón de modo que respete tu nombre!.

Fuente: San Buenaventura, Itinerario de la mente a Dios.

jueves, 20 de febrero de 2014

Himno a la misericordia.. Por Santa Catalina de Siena


«¡Oh Eterna Misericordia!, que cubres los pecados de tus criaturas y que dices a quienes salen del pecado para retornar a ti: Yo no me acordaré jamás de que me hayas ofendido. ¡Oh Misericordia inefable! No me
sorprende de que nos pidas sobre los que te persiguen: Quiero que me roguéis por ellos para que yo tenga misericordia de ellos.
¡Oh Misericordia, que nace de tu Divinidad, Padre Eterno, y que gobierna el mundo entero! En tu misericordia fuimos creados; en tu misericordia fuimos creados de nuevo en la sangre de tu Hijo. Tu misericordia nos conserva. Tu misericordia puso a tu Hijo en los brazos de la cruz, luchando la muerte con la vida, y la vida con la muerte. La vida entonces derrotó a la muerte de nuestra culpa y la muerte de la culpa arrancó la vida corporal al Cordero inmaculado.
¿Quién quedó vencido? La muerte. ¿Cuál fue la causa de ello? Tu misericordia. Tu misericordia vivifica e ilumina. Mediante ella conocemos tu
clemencia para con todos, justos y pecadores. Con tu misericordia mitigas la justicia; por misericordia nos has lavado en la Sangre; por pura misericordia quisiste convivir con tus criaturas.

¡Oh loco de amor! ¿No te bastó encarnarte? ¡Quisiste morir! Tu misericordia te empuja a hacer por el hombre más todavía. Te quedas en comida para que nosotros, débiles, tengamos sustento, y los ignorantes, olvidadizos, no pierdan el recuerdo de tus beneficios. Por eso se lo das al hombre todos los días, haciéndote presente en el sacramento del altar dentro del Cuerpo místico de la santa Iglesia. Y esto, ¿quién lo ha hecho? Tu misericordia.

¡Oh Misericordia! A cualquier parte que me vuelva, no hallo sino misericordia.»

Fuente: El diálogo, Santa Catalina de Siena.