sábado, 29 de junio de 2013

La oración contemplativa...Por Thomás Merton

 
 
La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama. Acepta el amor de Dios en fe, en desafío a toda evidencia aparente. Ésta es una condición necesaria, y muy paradójica, para la experiencia mística de la realidad de la presencia de Dios y de su amor para con nosotros. Sólo cuando somos capaces de «dejar que salgan» todas las cosas de nuestro interior, todos los deseos de ver, saber, gustar y experimentar la presencia de Dios, entonces es cuando realmente nos hacemos capaces de experimentar la presencia con una convicción y una realidad abrumadoras, que revolucionan toda nuestra vida interior.
 
Fuente, Thomas Merton, La oración contemplativa

miércoles, 26 de junio de 2013

Somos hijos de la luz...Por Dom Vital Lehodey

 
 
Somos «hijos de la luz», y debemos amar la luz. Nunca poseeremos con sobrada abundancia la ciencia de los santos, nunca nuestra fe será suficientemente clara, sino que, por el contrario, quedará siempre oscura aquí abajo, sin llegar a ser clara visión. Sin embargo, la sombra disminuye, la luz aumenta con el estudio y la meditación, y mejor aún, a medida que el alma se hace más pura y se une más a Dios. Asimismo en nuestra conducta preferimos con razón el camino de la luz, por cuyo medio se ve con claridad el deber. ¡Es tan dulce y tan animosa la seguridad de que se hace la voluntad de Dios!
Mas el Señor no quiere que siempre tengamos esta consolación. «Hoy -dice el venerable Luis de Blosio- el Sol de justicia extiende sus rayos sobre nuestra alma, disipa sus tinieblas, calma sus tempestades, os comunica una dichosa tranquilidad; pero si este astro brillante quiere ocultar su luz, ¿quién le forzará a esparcirla? Pues no dudéis que se oculta algunas veces, y preparaos para estos momentos de oscuridad en que, desapareciendo estas divinas claridades, quedaréis sumergidos en las tinieblas, en la turbación y en la agitación.»
La sequedad obstinada llega a ser una verdadera noche, a medida que los pensamientos vienen a ser más claros y los afectos más áridos. Dios cuenta con otros muchos medios para producir las tinieblas y hacerlas tan densas como le agrade, sea que se trate de nuestra vida interior o de la conducta del prójimo. Aterrada, desconcertada, el alma se preguntará si quizá Dios se habrá retirado descontento. Le parecerá que son inútiles sus trabajos, y que no adelanta ni en la virtud ni en la oración, y hasta es posible que el tentador abuse de esta dolorosa prueba para dar sus más terribles asaltos. Y «como por una parte -dice San Alfonso- las sugestiones del demonio son violentas, y la concupiscencia está excitada, y por otra, el alma en medio de esta oscuridad, sea cualquiera la resistencia de la voluntad, no sabe con todo discernir suficientemente si resiste como debe, o si consiente en las tentaciones, teme más y más haber perdido a Dios y hallarse por justo castigo de sus infidelidades en estos combates, abandonada por completo de El». Si pruebas de este género se repiten y se prolongan, pueden llegar a concebir crueles inquietudes aun respecto a su eterna salvación.
 
Fuente: El santo abandono.

lunes, 24 de junio de 2013

Si toda tu vida y todo tu saber...Por San Bernardo.


Si toda tu vida y todo tu saber lo dedicas a las actividades y no reservas nada para la meditación ¿podría felicitarte? Creo que no podrá hacerlo nadie que haya escuchado lo que dice Salomón: “el que modera su actividad se hará sabio”. Porque incluso las mismas ocupaciones saldrán ganando si van acompañadas de un tiempo dedicado a la meditación. Si tienes ilusión de ser todo para todos, imitando al que se hizo Todo para todos, alabo tu bondad, a condición de que sea plena. Pero ¿cómo puede ser plena esa bondad si te excluyes a ti mismo de ella? Tú también eres un ser humano. Luego para que sea total y plena tu bondad, su seno, que abarca a todos los hombres, debe acogerte también a ti. Ya que todos te poseen, sé tú mismo uno de los que disponen de ti.

Fuente: San Bernardo, Carta a Eugenio III.
 
 

sábado, 22 de junio de 2013

El rezo del Santo Rosario, herencia del Padre Pio

 
Un día le pidieron sus hijos espirituales les dejara su herencia espiritual. Padre Pío respondió inmediatamente sin pensar siquiera: “El Rosario”. Y poco antes de la muerte a su amigo y hermano Fray Modestino le dijo: “¡Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el Rosario!”.  El Padre Pío vivió su vida del altar al confesionario. Siempre con el rosario en la mano, unido al Corazón Inmaculado de María, quien lo formó imagen encarnada de la misericordia del Corazón Eucarístico de Jesús para con el siglo XX. Este siglo de tantos pecados y desafíos a los derechos de Dios como nuestro creador y de ataques horrendos a la dignidad del Hombre.

lunes, 3 de junio de 2013

Máximas de Santa Margarita

"Dios es mi todo, y todo, fuera de El, es nada para mí".

"El Corazón de Jesús tanto cuidado tendrá de vosotros cuanto os confiéis y abandonéis a El".

"Cuando no miramos más que a Dios, ni buscamos otra cosa que su divina gloria, no hay nada que temer".

"En la voluntad de Dios encuentra su paz nuestro corazón y el alma su alegría y su descanso".

"Todas las más amargas amarguras no son más que dulzura en este adorable Corazón, donde todo se trueca en amor".

"Es preciso darlo todo para tenerlo todo; el amor divino no sufre mezcla de cosa alguna".

"Es bueno caminar por la fuerza de su Amor en sentido contrario a nuestras inclinaciones, sin Otro placer ni contento sino el de no tener ninguno".

"Las cruces, desprecios, dolores y aflicciones son los verdaderos tesoros de los amantes de Jesucristo crucificado".

"El mayor bien que podemos tener en esta vida es la conformidad con Jesucristo en sus padecimientos".

"El Corazón de Jesús es un tesoro oculto e infinito que no desea más que manifestarse a nosotros".