martes, 19 de octubre de 2010

Cristo Redentor...... Por San Atanasio


Por el Verbo se restaura en el hombre la imagen de Dios.

Si ha llegado a desaparecer la figura de un retrato sobre tabla a causa de la suciedad que se le ha acumulado, será necesario que se presente de nuevo la persona de quien es el retrato, a fin de que se pueda restaurar su misma imagen en la misma madera. La madera no se arroja, pues tenía pintada en ella aquella imagen: lo que se hace es restaurarla. De manera semejante, el Hijo santísimo del Padre, que es imagen del Padre, vino a nuestra tierra a fin de restaurar al hombre que había sido hecho a su imagen. Por esto dijo a los judíos: «Si uno no renaciere...» (Jn 3, 5): no se refería al nacimiento de mujer, como imaginaban aquellos, sino al alma que había de renacer y ser restaurada en su imagen. Una vez que la locura idolátrica y la impiedad habían ocupado toda la tierra, y una vez que había desaparecido el conocimiento de Dios, ¿quién podía enseñar al mundo el conocimiento del Padre?... Para ello se necesitaba el mismo Verbo de Dios, que ve la mente y el corazón del hombre, que mueve todas las cosas de la creación y que por medio de ellas da a conocer al Padre. ¿Y cómo podía hacerse esto? Dirá tal vez alguno que ello podía hacerse por medio de las mismas cosas creadas, mostrando de nuevo a partir de las obras de la creación la realidad del Padre. Pero esto no era seguro, pues los hombres ya lo habían descuidado una vez, y ya no tenían los ojos levantados hacia arriba, sino dirigidos hacia abajo. Consiguientemente, cuando quiso ayudar a los hombres, se presentó como hombre y tomó para sí un cuerpo semejante al de ellos. Así les enseña a partir de las cosas de abajo, es decir, de las obras del cuerpo, de suerte que los que no querían conocerle a partir de su providencia del universo y de su soberanía, por las obras de su cuerpo conocerán al Verbo de Dios encarnado, y por medio de él al Padre. Así, como un buen maestro que se cuida de sus discípulos, a los que no podían aprovecharse de las cosas mayores, les enseña con cosas más sencillas poniéndose a su nivel....



sábado, 16 de octubre de 2010

Sobre el director espiritual. Por San Vicente Ferrer

Hay que saber que el hombre que tenga un instructor por cuyo consejo se rija y cuya obediencia siga en todos sus actos, pequeños y grandes, podrá llegar más fácilmente y en tiempo más breve a la perfección, que si quiere perfeccionarse a sí mismo, aunque tenga un entendimiento muy agudo y tenga libros en los que se trata de la estructura de todas las virtudes. Más aún, digo que Cristo nunca otorgará su gracia,sin la cual nada podemos, si uno tiene a alguien que le puede instruir y dirigir, y lo menosprecia, o no procura abrazar la guía del otro, creyendo que se basta a sí mismo, y que por sí mismo puede investigar y encontrar perfectamente todo lo que le es útil para la salvación.

  • San Vicente Ferrer, en:  Tratado de la vida espiritual.

viernes, 15 de octubre de 2010

Día de Santa Teresa de Jesús


Los dejo con una breve cita de Camino de Perfección donde Santa Teresa nos da una clave: se trata de poner los ojos en el Señor, en el verdadero camino que es él mismo.

¡Oh Señor! que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa sino al camino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas y tropiezos y erramos el camino por no poner los ojos -como digo- en el verdadero camino. Parece que nunca se anduvo, según se nos hace nuevo. Cosa es para lastimar, por cierto, lo que algunas veces pasa.

lunes, 11 de octubre de 2010

La Humildad. Por Angela de Foligno


¿Y dónde, oh hijos míos, una criatura puede hallar paz y descanso sino en Aquél que es la paz suprema, el descanso la pacificación y la suprema serenidad de las almas? A El ninguna alma puede llegar si no está fundada en la humildad, sin la cual todas las virtudes, que podrían hacernos correr hacia Dios, nos parecen y son de veras una nada.

La humildad del. corazón, que el Dios-Hombre quiso que aprendiéramos de El, es como una luz vivificante y clara, por medio de la cual la inteligencia del alma se abre para conocer la propia nada y bajeza, y a la vez la inmensidad de la bondad de Dios. Y cuanto más un alma conozca la grandeza de esa bondad, tanto más avanzará en el conocimiento de sí misma. Y cuanto más conozca y descubra su nada, tanto más se elevará en el conocimiento y en la alabanza de la inefable bondad de Dios, que ella comprende tan nítidamente a través de la humildad. De ahí comienzan a nacer las virtudes

lunes, 4 de octubre de 2010

Saludo a las virtudes por Francisco de Asís.

Queridos hermanos y amigos lectores,  ha pasado la fiesta de Teresita del Niño Jesús y hoy ya está por concluir la de San Francisco de Asís y no he podido hacer ningún post. Ya me siento en falta. Hoy les propongo leer el Saludo a las Virtudes que compuso San Francisco.


SALUDO A LAS VIRTUDES

¡Salve, reina sabiduría!, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez. ¡Señora santa pobreza!, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad. ¡Señora santa caridad!, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia. ¡Santísimas virtudes!, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis.
No hay absolutamente ningún hombre en el mundo entero que pueda tener una de vosotras si antes él no muere. El que tiene una y no ofende a las otras, las tiene todas. Y el que ofende a una, no tiene ninguna y a todas ofende (cf. Sant 2,10). Y cada una confunde a los vicios y pecados. La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus malicias. La pura santa sencillez confunde a toda la sabiduría de este mundo (cf. 1 Cor 2,6) y a la sabiduría del cuerpo. La santa pobreza confunde a la codicia y avaricia y cuidados de este siglo. La santa humildad confunde a la soberbia y a todos los hombres que hay en el mundo, e igualmente a todas las cosas que hay en el mundo. La santa caridad confunde a todas las tentaciones diabólicas y carnales y a todos los temores carnales (cf. 1 Jn 4, 18). La santa obediencia confunde a todas las voluntades corporales y carnales, y tiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo, y no únicamente a solos los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él
todo lo que quieran, en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor (cf. Jn 19,11).