lunes, 31 de mayo de 2010

Nadie fue ayer, por León Felipe


Nadie fue ayer,

ni va hoy,

ni irá mañana

hacia Dios

por este mismo camino

que yo voy.

Para cada hombre guarda

un rayo nuevo de luz el sol...

y un camino virgen

Dios.

sábado, 29 de mayo de 2010

Elevación a la Santísima Trinidad. Por Isabel de la Trinidad

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.
Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.
¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.
¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. ¡Oh, Astro mío querido!, fascíname para que no pueda ya salir de tu esplendor.
¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, «desciende sobre mí» para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio.
Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate sobre esta pequeña criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien has puesto todas tus complacencias.
¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Ti como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

lunes, 24 de mayo de 2010

La caridad de María. Por San Amadeo de Lausana

Hay que hacer notar y reflexionar sobre el amoroso cuidado y la bondad con que María rodea y ama a los que están unidos por la pureza de alma a ella, cuya intervención libra sin cesar - como ya lo hemos dicho- a los hombres malvados e impíos de la muerte del pecado y de los castigos eternos. Ella resplandece y se distingue por su doble caridad: por una parte, está firmemente unidad a Dios, a quien ella adhiere, formando un sólo espíritu con él. Por otra parte, atrae y consuela dulcemente los corazones de los elegidos y les participa los dones excelentes que provienen de la liberalidad de su Hijo. Excediendo en rapidez las seis alas del serafín, ya sea en la fuente de la vida, en que goza del amor de la divinidad, ya sea iluminando la tierra con signos y milagros, ella acude en todas partes junto a los suyos, como una madre, llena de gozo y generosidad.

A unos su presencia los convierte en vencedores, triunfando sobre los vicios; a otros su intercesión maternal les asegura la posesión de las más altas virtudes; a algunos les abre el secreto de la contemplación interior; a los demás les concede- al término de su vida- un camino seguro, a tal punto que ninguna fuerza del enemigo podrá atemorizar a los que conduce hacia Cristo la Madre del Hijo único de Dios.

  • San Amadeo de Lausana, "La caridad de María, sus beneficios para con todos", en: Ocho Homilías Marianas.

domingo, 23 de mayo de 2010

Silencio de la naturaleza, del amor propio. Por Sor María Amada de Jesús, OCD

Silencio a la vista de su corrupción , de su incapacidad. Silencio del alma que se complace en su bajeza. Silencio a las alabanzas, a la estima. Silencio ante los desprecios, las preferencias, los murmullos, es el silencio de la dulzura y de la humildad. Silencio de la naturaleza delante de las alegrías o de los placeres. La flor se abre en silencio, y el perfume alaba en silencio al Creador. El alma interior debe hacer  lo mismo. Silencio de la naturaleza en la pena, o en la contradicción. Silencio en los ayunos, en las vigilias, las fatigas, el frío y el calor.  Silencio en la salud, en la enfermedad, en la privación de las cosas: es el silencio eloquente de la verdadera pobreza y de la penitencia. Es el silencio amable de la muerte hacia todo lo creado y todo lo humano. Es el silencio del yo humano que pasa al querer divino. Los estremecimientos de la naturaleza no podrán turbar ese silencio, porque está por encima de la naturaleza.

  • Séptimo grado del silencio, por Sor María Amada de Jesús (Carmelita francesa)
  • Imagen: camino hacia el Monasterio de las Monjas de Belén en Merlo, San Luís.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Llego con tres heridas. Por Miguel Hernández

Llegó con tres heridas:

la del amor,

la de la muerte,

la de la vida.

Con tres heridas viene:

la de la vida,

la del amor,

la de la muerte.

Con tres heridas yo:

la de la vida,

la de la muerte,

la del amor.

sábado, 8 de mayo de 2010

Nada se recomienda tanto.... San Rafael Kalinowski.


Nada se recomienda tanto en la Sagrada Escritura como una vida perfecta y santa y un total y puntual cumplimiento de nuestras obligaciones.
Dios es Nuestro Señor, en el Antiguo Testamento, invitando a su pueblo a ser santo, les decía: "Sed santos, porque Yo soy santo santo", "Sancti estote, quoniam ego sanctus sum" (Lev 11,44)
Nuestro Señor Jesucristo, dado por el Eterno Padre para ser nuestro instructor, maestro y guía, confirmó y corroboró este llamamiento, al mandarnos tener presente como modelo a imitar, a la santidad misma, a su Eterno Padre "Estote perfecti, sicuti et Pater vester coelestis perfectus est" "Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5, 48)
Y, ¿qué es lo que se necesita para ser santo, para ser perfecto? La respuesta nos la dan los Doctores de la Iglesia, conocedores de las necesidades del alma, los maestros de la vida espiritual.
"Si quieres ser santo, perfecto, cumple fielmente tus deberes".
Guardad, por tanto, esos preceptos, guardadlos firmemente en vuestro corazón, llevadlos colgados a vuestro cuello. Cuando camineis, que ellos acompañen todos vuestro pasos, que ellos os protejan durante el sueño; tenedlos siempre en vuestra mente y ante vuestros ojos despertaros" (Prov 6, 21-23)
Preguntándole un joven ermitaño a un Padre del desierto, qué libros le hacían progresar en el camino de la perfección, le respondió éste: "Yo sólo conozco dos libros: el Evangelio, que leo cada mañana, y el segundo, la Regla, que leo por la noche. El primero me enseña qué tengo que hacer para llegar a ser discípulo de Nuestro Señor Jesucristo; el segundo, qué tengo que hacer para llegar a ser un buen monje, con eso me basta"

  • En: Vida y semblanza de Rafael Kalinowski

domingo, 2 de mayo de 2010

Nadie puede comenzar...Por el Vble Juan de Jesús María. OCD

Nadie puede comenzar el camino de la salvación y mucho menos terminarlo, si no es robustecido por la ayuda celestial ¿Qué locura, será, pues no orar frecuentemente a Dios para que aumente la fuerzas, quite los obstáculos, reprima los esfuerzos del demonio, caliente las almas tibias, disperse las tinieblas interiores con la luz divina y haga más dulce la disciplina de la cruz? ¿O no son suficientemente valoradas estas gracias para que no insistamos diaria y perseverantemente ante la divina majestad para adquirirlas?
Nadie merecería el don de la perseverancia, sin el cual nadie obtiene la salvación eterna, si no se pudiera obtener por la oración. Es doctrina común de los teólogos. ¿Cómo, pues, se llamará varón perfectamente prudente, y no mejor varón loco, quien no se esfuerce por rogar a Dios en unos momentos determinados por una causa de tanta importancia?
Por diversos avatares de la vida mortal, el ánimo también el piadoso, se relaja en su práctica y casi desiste de lo que había comenzado. Pues consta por la enseñanza común de los santos y por constantes experiencias, que por la práctica de la oración. como con un remedio eficacísimo, el ánimo se estabiliza y se apasiona maravillosamente por la piedad que el cuerpo rechaza. ¿Cómo es posible que todos los cristianos no se fijen un tiempo para la oración, para restablecer por medio de este ejercicio diario sus fuerzas debilitadas o, incluso rotas?

  • En: El culto de la prudencia.