31 de marzo de 2010

La Pasión de Nuestro Señor....

La Pasión de Nuestro Señor. La semana Santa.....cómo nos encuentra?. Quizá viviendo nuestra propia pasión. Pequeños, siempre han de resultar nuestros dolores comparados con los de nuestro Salvador. Sin embargo, si estamos abatidos, desalentados, si nos sentimos solos, angustiados con miedo, podemos sintonizar con la vivencia de esta semana, llamada con mucho acierto la Semana Mayor. Nuestro Salvador sufrió el escarnio de un pueblo incrédulo, deseoso de signos y harto de signos. Pedían más, querían ver más como el rico de la parábola: "Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de los muertos, tampoco se convencerán" Lc. 16,31.
Cristo, el Mesías, el Ungido, "el Cordero de Dios " se somete al desprecio, a la mofa, a la vulgaridad que no tiene limites. Todos estos extremos por Amor. Por un amor entrañable que siente por la criatura. No puede verla desterrada, caída, sin dignidad. Prefiere caer tres veces camino al Calvario. Prefiere darse enteramente, sentir la ausencia de su Padre, dejar a su Madre. Nos quiere de pie. De pie y junto a la cruz con su Madre. Qué paisaje desolador, la cruz..., pero con su Madre, nuestra Madre.. Este gesto revela la medida de su amor. Sí, es doloroso estar al pie del madero, pero cuán doloroso estar clavado inmóvil en él.
Señor, hazme padecer por tí, quiero seguirte siempre: ¿ Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré la vida por tí..... ¿Darás tu vida por mí? Jn 13, 37-38

27 de marzo de 2010

Noche del sentido. Por Carlos Bousoño.

Noche del sentidoEl olfato no huele, ojo no mira.
Ni gusta lengua ni conoce el seso.
Eso sabemos, corazón que aspira.
Tan sólo eso.
Quién pudiera cual tú mirar tan leve
esta colina que una paz ya toma:
mirar el campo con amor, con nieve:
poder llamarlo fresca luz, paloma.

Quién pudiera cual tú tocar tu mano,
saber que es mano y conocer su sino,
saber tu hueso fatigado, humano,
pensar el viento que en la noche vino.

Saber qué es este ruido, esta nonada,
este grito que nace de un abismo,
de una tristeza tan desconsolada
como el amor que surge de ti mismo.

Saber la luz y conocerla hermosa,
mirar el cuerpo y conocer su brío,
mirar la noche que en la paz reposa,
fuente sellada al pensamiento mío...

Mirarte a ti, mirar a tu ternura
cuando contemplas mi dolor humano
y me suavizas en la noche pura
con la caricia de tu blanca mano...

Quién pudiera decirte amor, abrigo
de mi vivir, y en lenta letanía
llamarte luz, nombrarte viento amigo,
campo feliz y cielo de armonía.

25 de marzo de 2010

Si amas intensamente.....Por Dom Esteben Chevevière

Si amas intensamente, desearás estar tendido sobre la Cruz. Tal deseo es una cima. No te aflija el verte lejos de ella. Está ya bien el no rebelarte nunca, ni huir. El mismo Jesús no subió al Calvario en marcha triunfal; no lo pierdas de vista. San Pablo te dice: "Reflexionad en el que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no os canséis descorazonados" (Heb 12,3). No te fíes del entusiasmo de imprenta. Es fácil escribir sublimidades. La Sagrada Escritura es más realista, está más al tanto del pobre corazón humano. El Dios que la ha inspirado es asimismo el que nos ha moldeado, y nuestras quejas, transidas de amorosa conformidad, no pueden desagradarle cuando se dirigen a El: "Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré" (Mt 11 ,28). Nuestros gemidos hallaron eco en el Corazón de donde brotó tan rica palabra. Nunca nos hemos de quejar de Dios a los hombres pero no le disgusta que le dirijamos a El suaves reproches.

Lleva tus cruces sin fanfarronería. Ni la gracia que te sostiene, ni el brío de tu correspondencia les quitarán su cariz penoso. La naturaleza seguirá gimoteando, experimentará el mismo horror por lo que la desgarra y quebranta, la misma gana de ahuyentar lo que la molesta. La Cruz no sería más la Cruz si dejase de afligir. Sola la parte espiritual de tu alma podrá regocijarse, si bien esa alegría no la encontrara en sí misma: es un don de Dios.

17 de marzo de 2010

"El hombre debe acostumbrase" Meister Eckhart

El hombre debe acostumbrarse a no buscar ni desear lo suyo en nada sino que [ha de] encontrar y aprehender a Dios en todas las cosas. Porque Dios no otorga ningún don —y nunca lo otorgó— para que uno posea el don y descanse en él. Antes bien, todos los dones que Él otorgó alguna vez en el cielo y en la tierra, los dio solamente con la finalidad de poder dar un solo don: éste es Él mismo. Con todos esos dones sólo quiere prepararnos para [recibir] el don que es Él mismo; y todas las obras que Dios haya hecho alguna vez en el cielo y en la tierra, las hizo únicamente para poder hacer una sola obra, es decir, para que Él se haga feliz a fin de poder hacernos felices a nosotros. Por lo tanto digo: Debemos aprender a contemplar a Dios en todos los dones y obras, y no hemos de contentarnos con nada ni detenernos en nada. Para nosotros no existe en esta vida ningún detenerse en modo alguno de ser, y nunca lo hubo para hombre alguno por más lejos que hubiera llegado. Antes que nada, el hombre debe mantenerse orientado, en todo momento, hacia los dones divinos y [esto] cada vez de nuevo.

  • Meister Eckhart . Tratados Pláticas Instructivas.

15 de marzo de 2010

"Ahora, en el tiempo presente...." Por Santa Catalina de Siena

Ahora, en el tiempo presente, os invito a alejar de vuestra alma todo amor propio y a vestirlo del hambre y de la verdadera virtud por el amor de Dios y de la salvación de las almas. Confortaos en Jesús, dulce amor,ya que todos veremos las flores.
Procurad que el estandarte de la cruz se levante pronto y no desmaye vuestro corazón y afecto por ninguna contradicción que veáis aparecer, sino animaos pensando que Cristo crucificado será quien haga y cumpla los dolorosos deseos de los siervos de Dios. Sumergíos en la sangre de Cristo crucificado. Poneos en cruz con Él. Escondeos en sus llagas. Bañaos en su sangre.

  • Santa Catalina de Siena, Carta a un Gran prelado.

14 de marzo de 2010

Oración al Cristo del Calvario. Por Gabriela Mistral

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén.
Imagen: San Francisco abrazando a Cristo (Bartolomé Murillo)

12 de marzo de 2010

El hallazgo permanente.... Por el P. Alberto Justo

El hallazgo permanente es el abandono fecundo. No sé, no quiero saber. Son dos pasos: primero No sé, segundo: No quiero saber. Es hora de evitar las conmociones que tienen por objeto "desviar". El ataque del enemigo consiste en desviar. Esto es lo primero que ocurre. ¿Y cómo desvía el enemigo? Pues sembrando inicialmente la confusión y el desconcierto por el miedo, por la angustia, por el interrogante sin respuesta, por la situación sin salida. Entonces nada, no quiero saber más. No sé más.
Quizá el mejor remedio sea dormir, soñar....... Siempre ir más allá de las menudencias que la tentación plantea. Más allá, más allá. ¿Somo débiles? Enhorabuena: el Señor ha tenido y tiene piedad y misericordia de nosotros. Y nos perdona y nos levanta donde no sabemos..... Todo está en Él, todo viene de Él, en Él somos, nos movemos y existimos.
  • P. Alberto Justo, OP. La lucha y el sosiego,Buenos Aires, Desierto Interior, 2006. p. 14.
Imagen: Tentaciones de San Antonio (El Bosco)

9 de marzo de 2010

Sobre el Evangelio de Mateo. 18, 25-31.

Hoy como todos los días recibí en mi dirección de correo electrónico el servicio del Evangelio diario con su comentario. En este caso se trataba de un comentario de San Juan Crisóstomo, el cual me pareció un comentario lleno de acierto espiritual y muy bueno para este tiempo de cuaresma. A continuación lo comparto con ustedes.

«Perdona nuestras ofensas así como perdonamos a nuestros deudores»
San Juan Crisóstomo Homilías sobre San Mateo, nº 61
Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces?... Si das rienda suelta a tu indignación y a tu cólera, quedarás herido no por la injuria que te ha hecho, sino por el resentimiento que tú guardas.

No digas, pues: «Me ha ultrajado, me ha calumniado, me ha hecho cosas miserables» Cuanto más vas diciendo que te ha hecho daño, más demuestras que te ha hecho bien puesto que te ha dado ocasión de purificarte de tus pecados. Así, cuanto más te ofende, más te pone en estado de obtener el perdón de Dios por tus faltas. Porque si queremos, nadie nos puede hacer daño; incluso nuestros enemigos nos prestan un gran servicio... Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria.

8 de marzo de 2010

¡Daos a mí, Dios mío.... San Agustín.

¡Daos a mí, Dios mío; restituídos a mí! Ved que os amo, y si es poco, haced que os ame con más fuerza; porque no puedo medirlo para saber cuánto me falta de amor, para tener lo que basta para que mi vida corra a vuestros abrazos, y de ellos no se separe hasta esconderse en lo escondido de vuestra faz (Ps. 30, 21). Esto sólo sé, que sin Vos me va mal, no sólo fuera de mí, sino aun dentro de mi mismo; y que toda abundacia que no es mi Dios, es indigencia.
Confesiones de San Agustín, Lib. XIII, Cap 8, n° 9.

4 de marzo de 2010

"Permanced en mí" por la Beata Isabel de la Trinidad

Permaneced en mí (Jn. 15, 4)
Es el Verbo de Dios quien lo manda, quien expresa este deseo.
Permanced en mí no sólo momentáneamente durante unas horas pasajeras, sino permaneced....de un modo estable, habitualmente.
Permaneced en mí: orad en mí, adorad en mí, amad en mí, trabajad y obrad en mí.
Permaneced en mí durante vuestras relaciones con las personas y vuestro trato con las cosas. Penetrad cada vez más íntimamente en esta profundidad. Allí está ciertamente la soledad donde el Señor quiere atraer al alma para hablarle, como dice el profeta (Os. 2, 14)
Mas para escuchar este lenguaje misterioso de Dios no hay que detenerse, por así decirlo, en la superficie. Es necesario penetrar cada vez más en el Ser divino mediante el recogimiento interior.
San Pablo exclamaba: Corro por ver si alcanzo el final (Fl. 3, 12). También nosotros debemos descender cada día por esta pendiente con confianza plena de amor. Un abismo llama a otro abismo (S. 41,8)
Es ahí en lo más profundo, donde va a realizarse el encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, va a hallarse frente a frente con el de Dios. Es ahí, donde lograremos la fuerza necesaria para morir a nosotros mismo y donde, perdiendo nuestra manera personal de ser, quedaremos transformados en amor. Binaventurados los que mueren en el Señor (Ap. 14, 13)
  • Isabel de la Trinidad, en: El año del Señor según los santos del Carmelo,Burgos, Editorial Monte Carmelo, 1997, pp. 302-303.